¿Y dónde están los varones?

¿Y dónde están los varones?
2 junio, 2026 por Noe Gall

¿Qué sintieron los varones cuando se enteraron del femicidio de Agostina? Me niego a creer que no sintieron nada. ¿Qué sintieron al saber que, de nuevo, un varón había desmembrado a una mujer? 

Me niego a creer que no sintieron nada. Sienten, pero no hablan porque los han educado para no hablar de los sentimientos. Y porque el silencio es un lugar seguro, pero también es lugar de complicidad. 

A nosotras nos atraviesa el cuerpo, un dolor que nos parte al medio. Nos cambia el humor, el sueño, el mundo se detiene y no podemos seguir con el día como si nada. Nos hace escribirle a una amiga para saber cómo está, estar alerta en el recorrido que hacemos de noche, recordar otros femicidios. Otros nombres. Otras muertas. Ese gran nosotras del que hablo no es homogéneo, está lleno de diferencias, discusiones y desigualdades. Pero se sostiene sobre una experiencia compartida: la conciencia de la vulnerabilidad. Sabemos que una vida libre de violencias es un trabajo cotidiano del que ninguna está exenta. Ninguna. Por eso, cada femicidio nos afecta. Porque sabemos que no se trata solamente de una víctima. Se trata de una amenaza que vuelve a recordarnos las condiciones en las que habitamos el mundo. 

A ustedes, varones, no les pregunto si son violentos, si alguna vez golpearon a una mujer. Les pregunto: ¿qué hacen con el hecho de que los femicidas sean varones? ¿Qué hacen con el hecho de que los asesinos se parecen más a ustedes que a nosotras? Cuando hay un femicidio, ¿qué conversaciones tienen entre ustedes? ¿Las tienen? ¿Se llaman? ¿Se preguntan algo? ¿Se reúnen? ¿Se organizan? ¿Hablan de miedo, de rabia, de vergüenza, de responsabilidad?

Nosotras sí hablamos, hablamos mucho porque los feminismos nos enseñaron a compartir la vulnerabilidad para sobrevivir. Tal vez ahí radique la diferencia de género más importante. Mientras nosotras aprendimos a cuidarnos de ustedes, ¿qué aprendieron ustedes sobre sí mismos?


En Argentina, cada 31 horas un varón se convierte en un femicida. ¿Piensan que cualquiera de sus amigos podría convertirse en femicida? Porque nadie llega solo hasta ahí. Nadie se convierte en femicida de un día para otro. Nadie aprende solo a desmembrar un cuerpo y arrojarlo a la basura.


Necesitamos que rompan el pacto de masculinidad, que abandonen la ronda con el chiste misógino, que intervengan cuando vean una mujer humillada, que frenen al tipo que hostiga, que hablen con el amigo controlador, les pedimos que denuncien a la par nuestra la complicidad de las instituciones que nos violentan. Hay una trama entre las microviolencias y la violencia extrema que los feminismos venimos señalando hace décadas. Ningún femicida se produce en soledad. 

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¿Dónde un varón aprende a desmembrar un cuerpo? ¿Qué siente un varón al leer que otro varón hizo eso? 

Nosotras aprendimos hace tiempo que los femicidas no son monstruos. Son hombres comunes. La pregunta es si ustedes también lo saben. Y si lo saben, ¿cómo se desmarcan de esas masculinidades? ¿Cómo construyen formas de amistad, de cuidado y de comunidad que no estén sostenidas sobre la complicidad machista? ¿Cómo se organizan para que ningún varón llegue a convertirse en aquello que después todos dicen no haber visto venir?

No les estamos pidiendo que hablen por nosotras ni que ocupen espacios que construimos para sobrevivir. Les estamos pidiendo que compartan vulnerabilidad.


Que se atrevan a poner en palabras el miedo, la tristeza, la impotencia, la vergüenza. Sí, la vergüenza. Porque hay una vergüenza que no es individual, sino colectiva. Una vergüenza de género, de saber que quienes matan son varones. La vergüenza de reconocer que esas violencias no nacen de la nada. ¿No la sienten?


Es urgente que se involucren y hagan el trabajo que, durante décadas, hicimos nosotras. Juntarse, hablar, construir espacios donde la vulnerabilidad no sea motivo de vergüenza.

Que se pregunten cómo fueron educados para tramitar el rechazo, la frustración, el deseo, los celos y el dolor. Que construyan otras formas de estar juntos. Que aprendan a intervenir antes de que sea tarde.


Soy docente, hoy llevamos esta conversación al aula y un estudiante, con lágrimas en los ojos, me dijo: “¿Quién quiere estar del lado de los vencidos?”. No supe qué responderle. Quizás porque la pregunta es otra. ¿Quién quiere compartir vulnerabilidad? ¿Quién quiere abandonar el refugio del privilegio? ¿Quién quiere hacerse responsable de transformar el mundo que produce estas violencias?


Es cierto que, durante muchos años, muchas de nosotras pedimos que los varones no ocuparan determinados espacios de organización o de movilización. Y había razones para ello. En las marchas, veíamos a exparejas violentas, al amigo que sabíamos que había golpeado a una compañera, al padre que abandonaba sus responsabilidades de cuidado, al oportunista dispuesto a ocupar cualquier espacio que dejáramos libre. Pero, desde el sábado, veo que empiezan a circular en las redes algunas preguntas sobre ustedes mismos, algunas son interpelaciones de otras mujeres, en otros casos, algunos varones mediáticos empiezan a decir algo. 

Necesitamos que compartan vulnerabilidad. Porque compartir vulnerabilidad es también compartir responsabilidad. La violencia femicida no es un tema que le competa solo a las feministas, es una problemática social que necesita la intervención de todos. A Agostina Vega la pudo matar Claudio Barrelier porque hubo una trama de complicidades, silencios, negligencias y violencias que hicieron posible que llegara hasta allí. El fiscal que lo dejó libre, la institución que no vio, el funcionario que no actuó, una cultura que sigue enseñando que la violencia es una forma posible de ejercer la masculinidad. La pregunta es qué van a hacer ustedes para que no vuelva a ocurrir.

*Si sos víctima de violencia de género o conocés a alguien que necesite ayuda, comunicate a la línea nacional y gratuita 144, que funciona todos los días del año, las 24 horas. También podés dirigirte al Polo Integral de la Mujer (teléfono 0800 888 9898, Entre Ríos 680, Córdoba capital).

*Por Noe Gall para La tinta.

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Palabras claves: Femicidio, Masculinidades, Violencia de género

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