Lanzan una Campaña Nacional por el Derecho a la Eutanasia
Desde la semana pasada, la discusión sobre la muerte médicamente asistida vuelve a estar en la agenda pública, con las presentaciones de dos proyectos de ley y el impulso de la Campaña Nacional por la Eutanasia. Una conversación que necesita ser plural y respetuosa de la muerte digna, autónoma y sin sufrimiento.
Mientras lo único que está haciendo el Congreso de la Nación es votar leyes que retrotraen derechos, reforman, saquean y desarman un país, ahora tienen la oportunidad de votar una ampliación de derechos que permita un final de la vida con dignidad y autonomía.
Por un lado, el diputado nacional del Partido Socialista por Santa Fe, Esteban Paulón, presentó el proyecto de ley para garantizar la muerte voluntaria médicamente asistida. “Buscamos proteger la libertad de morir de manera voluntaria, regulando los procedimientos, definiendo los principios y salvaguardas, estableciendo los derechos y deberes del personal de salud, y creando los mecanismos institucionales de evaluación, control y seguimiento”. Y por otro lado, el diputado por Provincia de Buenos Aires, Nicolás Trotta, de Unión por la Patria, presentó la iniciativa para regular la muerte voluntaria médicamente asistida mediante procedimientos de evaluación interdisciplinaria, con cobertura integral y gratuita.
Estas dos iniciativas se suman a los proyectos de ley ya presentados: el de muerte médicamente asistida de la por entonces diputada Mara Brawer en 2022; el proyecto «Ley Alfonso», presentado en 2024 por la diputada Gabriela Estévez; y el proyecto de la diputada Carolina Gaillard de 2024, que ya perdieron estado parlamentario. Luego, durante 2024, ingresaron el proyecto de ley “Buena Muerte”, de la senadora Mariana Juri, y, el año pasado, el proyecto del diputado Miguel Ángel Pichetto, el del diputado Julio Cobos y el del diputado Lisandro Nieri.
El único bloque sin una propuesta y sin una conversación al respecto es el de los libertarios, quienes, paradójicamente, con sus “ideales nominales”, son los que menos trabajan por las libertades individuales.
En relación con la gestión política y parlamentaria, al igual que con el aborto, se busca un consenso transversal, con aliados en cada uno de los bloques. El proyecto del diputado Trotta fue girado a cuatro comisiones: Salud, Derechos Humanos, Legislación General y Legislación Específica o Particular. Y el del diputado Paulón a las comisiones de: Acción Social y Salud Pública, Derechos Humanos y Garantías, Legislación General y Legislación Penal. Cuanto antes sea tratado en algunas de las comisiones y encuentre dictamen, puede comenzar un eventual camino para llegar al recinto. El problema es que depende de quiénes presidan las comisiones, ya que, en los casos en que lo haga LLA, se sospecha que no van a dar el espacio que se pretende.
Sumate a la campaña
“En Argentina, miles de personas atraviesan enfermedades y padecimientos irreversibles sin poder elegir cómo quieren transitar el final de su vida. Frente a esto, la eutanasia es una posibilidad para ampliar derechos, reconocer decisiones y poner en el centro la voluntad de quien sufre. Una regulación adecuada de la eutanasia establecerá marcos claros, controles estrictos y garantías para evitar abusos, y brindará opciones en contextos donde el sufrimiento no puede ser aliviado de manera suficiente. La garantía de este derecho debe ir de la mano del fortalecimiento de los cuidados paliativos, asegurando que todas las personas tengan acceso a una atención integral de calidad al final de la vida y una verdadera capacidad de decidir. La ley debe contemplar asimismo el derecho a la objeción de conciencia de las y los profesionales de la salud”, manifestaron desde el espacio.
Por eso, lanzaron la Campaña Nacional por el Derecho a la Eutanasia, porque necesitan el apoyo social para abrir el debate y exigir una legislación que garantice una muerte digna y elegida. Desde la campaña, invitan a la ciudadanía a acompañar sumando tu firma desde este enlace para una Carta pública de adhesión a la Ley de Eutanasia en Argentina.
La construcción de una ley
Antes de la pandemia, se armó en CONICET la Red de Cuidados, Derechos y Decisiones en el Final de la Vida, que nuclea médicxs paliativistas, psicólogxs, abogadxs, bioeticistas y científicxs sociales, que trabajaron como grupo de «expertos» aportando información desde la evidencia científica.

Darío Iván Radosta es doctor en Antropología Social, especialista en Bioética e investiga hace 10 años temáticas vinculadas con el cuidado y la toma de decisiones en el final de la vida. Es parte de esa red y, en diálogo con él, me cuenta que arrancaron ese grupo en paralelo con el trabajo del proyecto de Ley de Cuidados Paliativos y el abordaje del duelo y la muerte en momentos de DISPO y ASPO. “Con la Ley n.° 27678 de Cuidados Paliativos, promulgada en 2022, nos pareció que eutanasia y suicidio médicamente asistido era donde teníamos que poner el foco. Mientras Mara Brawer presentaba uno de los proyectos de ley pioneros, empezamos a trabajar articuladamente algunos de quienes estábamos en la Red en conjunto con Mara y ahora llevamos adelante, desde nuestras redes, esta Campaña por el Derecho a la Eutanasia en Argentina”.
El eje conceptual más relevante o potente sobre el que trabaja Darío es el principio ético de respeto por la autonomía de la persona. “En una democracia como la nuestra, la capacidad de decidir sobre nuestro propio plan de vida, que es aceptada jurídica y constitucionalmente, lógicamente tiene que incluir que, frente a ciertas situaciones específicas como enfermedades o padecimientos irreversibles o incurables que generen un elevado grado de sufrimiento físico, psíquico o existencial, podamos decidir terminar con la propia vida. Justamente porque es considerada una situación indigna para la persona que lo sufre”.
¿En manos de quién queda la decisión de terminar con la propia vida cuando seguir viviendo se considera un mal mayor que morir? ¿En el Estado, en un esquema de pensamiento religioso que puede ser ajeno a la persona o en la propia persona? Son algunas de las preguntas con las que Darío interpela la conversación.
Viviana Bilezker es psicoterapeuta pionera en el acompañamiento en cuidados paliativos y fundadora y directora de El Faro Asociación Civil, una organización dedicada a la formación, asistencia y difusión sobre la conciencia de finitud y los cuidados al final de la vida. Desde su experiencia de casi más de 30 años escuchando a la gente, de distintas edades, condición socioeconómica, de salud, en diálogo con ella, remarca que “en repetidas ocasiones, manifestaron el deseo y anhelo de ser asistido y acompañado en un fin de vida digno, con el acceso al apoyo del Estado y de los recursos del mismo para poder ejecutar esa decisión. Algunos de los casos son estrictamente bajo cuidados paliativos, otros no necesariamente”.
“Antes que la eutanasia, cuidados paliativos”
Esa es una argumentación muy utilizada en contra de la eutanasia. Tanto Darío como Viviana plantean la complementariedad entre eutanasia y cuidados paliativos. “Muchos entienden que es una oposición, lo que es argumentativamente falso. En principio, en Argentina, es legal rechazar un tratamiento aunque provoque la muerte. No estamos obligados a recibir cuidados paliativos si no lo queremos. Por otra parte, hay ciertos tipos de síntomas refractarios y condiciones de sufrimiento existencial frente a los cuales los cuidados paliativos tienen un límite. Y en esos casos, las personas deberían tener la libertad para tomar otra decisión y poder dar fin a su propia vida en sus propios términos”, detalla Radosta. Y aclara que los cuidados paliativos tienen que ser una opción real e informada para las personas, soliciten o no una eutanasia.
Cuando se refiere a la posibilidad de rechazar la asistencia médica, se refiere a las leyes de Derechos del Paciente (26529), modificada posteriormente por la Ley de Muerte Digna (n.° 26742). “Por estas leyes ya sancionadas, una persona podría eventualmente rechazar la asistencia paliativa y, aun así, solicitar una muerte médicamente asistida. En los casos en donde hay acceso a cuidados paliativos, lo que esas personas piden es ser acompañadas por personas adecuadas desde lo médico para que el procedimiento sea seguro, pero también desde el entorno, desde la familia, desde todo lo que implica acompañar un fin de vida digno”.

Para Viviana, también es importante y necesario superar la falsa oposición o antagonismo entre paliativos y eutanasia, que viene de la mano de muchas personas paliativistas que se oponen a que se debata y se sancione. “Cuando escucho argumentos como: ‘Primero quisiera que todo el mundo tenga acceso a cuidados paliativos y después recién vamos a debatir’, hay que trascenderlo. Por caso, si una persona, por no tener acceso a cuidados paliativos y estar sufriendo por ese motivo, solicitara la eutanasia, el comité que evaluará su caso le indicaría primero cuidados paliativos porque es su derecho, es decir, que primero pidieron que se lo asista y que luego se lo evalúe. En ese orden”.
Abrir conversación
Hay algunos temores, que más bien son fantasías, sobre qué pasaría de aprobarse la ley de muerte médicamente asistida. Si iríamos todos corriendo a pedir masivamente la eutanasia o que van a salir a matar a la gente con este tipo de legalidades. Ese tipo de conversación, que sospecho es minoritaria, me recuerda la idea absurda cuando se debatía el derecho al aborto, que pensaban que íbamos a salir en manada a abortar.
Muchas mediciones en el país, como la de Pulsar, el Observatorio de la UBA, y del Observatorio de la Universidad de San Andrés, indican que casi el 80% de las personas están de acuerdo. Incluso no estando en ninguna situación de riesgo de vida ni terminalidad, están a favor de tener este derecho que nos otorga la posibilidad de decidir. O incluso por estar cerca de personas que sí están o vivieron finales de vida sufrientes, cruentos, aun teniendo asistencia paliativa.
Nadie está preparado para pensar en la muerte. Sigue siendo un tema tabú y que despierta miedos. Tampoco nadie está preparado para decidir sobre el propio final, pero es una conversación que hay que darse con los entornos cercanos, expresar nuestros deseos, prepararnos. La muerte es parte de la vida y podemos hacer que sea en condiciones de dignidad. Hablar de esto no solo nos da alivio, sino que nos permite otros horizontes como sociedad.
*Por Verónika Ferrucci para La tinta / Imagen de portada: Uniandes.
