Correr en montaña: la tendencia que se expande
Hasta hace no mucho, correr era sinónimo de asfalto. Las grandes ciudades concentraban maratones multitudinarias, grupos de entrenamiento en plazas y circuitos medidos al milímetro. Sin embargo, en los últimos años comenzó a notarse un desplazamiento silencioso pero constante. Cada fin de semana, miles de corredores cambian la vereda por el sendero, el semáforo por el desnivel, el ruido urbano por el viento en la montaña.
El trail running dejó de ser una disciplina marginal reservada para aventureros extremos. Hoy conviven en una misma carrera atletas de élite, aficionados con experiencia en calle y personas que comenzaron a correr hace apenas un año. El crecimiento no es casual. Distintas crónicas especializadas y datos del sector coinciden en que las carreras de montaña multiplicaron su convocatoria, ampliaron su calendario y generaron un circuito económico propio que va desde el turismo deportivo hasta la industria del equipamiento técnico.
Una búsqueda que va más allá del rendimiento
Quienes migran del asfalto al trail no suelen hacerlo únicamente por mejorar marcas. En muchos casos, el cambio responde a una necesidad menos cuantificable. Correr en la montaña implica lidiar con el desnivel, la superficie inestable y el clima variable, pero también propone una relación distinta con el tiempo y el entorno.
Mientras que en la ciudad la lógica es lineal —ritmo constante, parciales medidos, referencias conocidas—, en el trail la estrategia se adapta al terreno. Hay tramos donde se camina rápido, otros donde se trota con cuidado y bajadas donde la técnica importa más que la velocidad. Esa dinámica rompe con la obsesión por el cronómetro y obliga a prestar atención al cuerpo.
Además, la experiencia sensorial cambia por completo. El piso no es homogéneo. Puede haber barro, piedras sueltas, raíces, arena. El corredor debe leer el terreno en cada zancada. Esa exigencia mental genera un nivel de concentración que muchos describen como terapéutico. No hay espacio para distracciones digitales cuando el próximo paso depende de una buena decisión.
El crecimiento de las carreras y su impacto local
El calendario de competencias de trail se expandió de manera sostenida. En provincias cordilleranas y zonas serranas del país, las pruebas de montaña ya no son eventos aislados. Hay circuitos consolidados que ofrecen distancias para todos los niveles, desde 10 kilómetros hasta ultras que superan los 50 o 100 kilómetros.
Este fenómeno no solo transformó el mapa deportivo, sino también el económico. Cada carrera moviliza corredores, acompañantes, entrenadores y proveedores. Hoteles, cabañas, restaurantes y comercios locales registran picos de ocupación durante los fines de semana de competencia. En muchos pueblos, el trail se convirtió en un motor complementario al turismo tradicional.
A diferencia de las grandes maratones urbanas, donde el recorrido atraviesa zonas ya desarrolladas, las carreras de montaña suelen llevar actividad a lugares menos explotados comercialmente. Esa descentralización genera oportunidades y obliga, al mismo tiempo, a discutir cuestiones de sustentabilidad y cuidado ambiental. El crecimiento trae beneficios, pero también demanda organización responsable.
Beneficios físicos y mentales que explican la tendencia

Desde el punto de vista fisiológico, el trail running plantea desafíos distintos a la carrera en asfalto. El desnivel exige un trabajo muscular más completo. Subir fortalece glúteos y cuádriceps; bajar pone a prueba la estabilidad y la resistencia excéntrica. El terreno irregular activa musculatura estabilizadora que rara vez interviene en superficies planas.
A esto se suma una menor repetición de impacto idéntico. En la ciudad, cada paso es similar al anterior. En la montaña, la variabilidad del terreno distribuye las cargas de manera diferente. Algunos especialistas sostienen que esta alternancia puede reducir ciertos patrones de sobreuso, aunque también advierten que el riesgo de torceduras aumenta si no se desarrolla una técnica adecuada.
En el plano mental, el beneficio más mencionado es la desconexión. La concentración necesaria para avanzar por senderos técnicos reduce el espacio para pensamientos intrusivos. Muchos corredores encuentran en el trail una forma de ordenar la mente. No es casual que quienes trabajan en entornos de alta presión elijan la montaña como vía de escape activa.
El equipamiento ya no es un accesorio
El auge del trail impulsó una evolución evidente en el equipamiento. Mientras que hace una década bastaba con adaptar zapatillas de calle a terrenos de tierra, hoy el mercado ofrece modelos específicos con suelas diseñadas para barro, roca o superficies mixtas. El agarre, la amortiguación y la protección del pie se volvieron variables determinantes.
En este contexto, las zapatillas Salomon de hombre se posicionan como una de las opciones más elegidas por quienes buscan estabilidad y agarre en terrenos irregulares. La elección del calzado dejó de ser un detalle secundario y pasó a ocupar un lugar central en la experiencia del corredor de montaña.
También se incorporaron mochilas de hidratación, bastones, camperas técnicas livianas y relojes con altímetro. La tecnología dejó de ser patrimonio exclusivo del alto rendimiento y pasó a integrar el kit habitual de corredores amateurs.
Deporte individual con lógica comunitaria
Aunque el trail se practica en entornos abiertos y a menudo solitarios, su crecimiento también impulsó la formación de comunidades. Grupos de entrenamiento específicos, viajes organizados a carreras y encuentros en parques nacionales forman parte de la escena actual.
A diferencia del running urbano, donde el entrenamiento puede desarrollarse en horarios extendidos, el trail suele requerir planificación. Muchos corredores viajan a las afueras de la ciudad los fines de semana para realizar fondos largos en terreno natural. Ese ritual compartido fortalece vínculos y genera una cultura particular, menos centrada en la exhibición y más orientada a la experiencia colectiva.
Las redes sociales amplificaron este movimiento. Fotografías en cumbres, videos de descensos técnicos y relatos de ultras recorren plataformas digitales, alimentando el interés de quienes aún no se animaron a dar el salto fuera del asfalto.
Más que una moda pasajera
El crecimiento del trail running no parece responder a un fenómeno efímero. La combinación de actividad física, naturaleza y desafío personal configura una propuesta que dialoga con inquietudes contemporáneas. En un contexto donde la vida urbana acelera y fragmenta, la montaña ofrece una experiencia integrada que exige presencia total.
Es probable que en los próximos años el calendario siga expandiéndose y que nuevas generaciones encuentren en el sendero una alternativa al circuito urbano tradicional. Quienes estén evaluando sumarse pueden comenzar de manera progresiva, informarse sobre el terreno y elegir el equipamiento acorde a sus necesidades.
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