¿Qué pasa si los insectos también sufren? Del «bicho» al ser sintiente: la nueva frontera de la conciencia animal

¿Qué pasa si los insectos también sufren? Del «bicho» al ser sintiente: la nueva frontera de la conciencia animal
Alicia Córdoba La tinta
21 mayo, 2026 por Alicia Córdoba

Durante décadas los vimos como simples “bichos”. Pero una creciente evidencia científica —respaldada por investigadores de la UNC y la reciente Declaración de Nueva York sobre la Conciencia Animal— sugiere que los insectos podrían sentir dolor, placer y hasta desarrollar conductas complejas. Esta nota propone mirar de otro modo a esos seres diminutos que solemos ignorar, rechazar o considerar simples plagas, y cuestiona nuestra escasa empatía frente a formas de vida cuya inteligencia recién empezamos a comprender. Mientras Argentina avanza en la incorporación de insectos para producción alimentaria y otros usos industriales, la ciencia abre un debate ético tan incómodo como urgente: si un insecto puede sufrir, ¿cambia nuestra responsabilidad hacia ellos del mismo modo en que cambió frente a otros animales?

Por Alicia Córdoba* para La tinta

El legado de Albarracín y la evolución de la protección animal

El Día del Animal se celebra en Argentina cada 29 de abril para conmemorar el fallecimiento de Ignacio Lucas Albarracín, abogado cordobés, presidente por 40 años de la Sociedad Argentina Protectora de los Animales e impulsor de la “Ley Sarmiento” que establece penas de multas o arrestos para las personas que maltraten animales. Albarracín fue de los primeros en manifestarse en contra de los zoológicos y trabajó para terminar con la doma de potros, la riña de gallos, corridas de toros, el tiro a la paloma como “deporte” y hasta evidenció la crueldad en la matanza para faenar animales.

Cuando pensamos en protección de animales, lo relacionamos con los domésticos o de granja, los que están en los parques nacionales o que conocimos en los dibujos animados. Los que nos conmueven porque sus historias se tocan con las nuestras, como el pulpo Paul, quien nos asombró como oráculo prediciendo con precisión los resultados de partidos en varios Mundiales de fútbol. Desde entonces, los pulpos dejaron de ser animales integrantes de un plato gourmet para ser considerados seres “inteligentes”, con memoria y capacidad de aprendizaje. Estos invertebrados marinos también nos asombraron en el documental ganador del Oscar en 2021, Mi maestro el pulpo, donde el cineasta Craig Foster describe un vínculo personal con un pulpo en Sudáfrica, que pudo entablar cuando lo visitó cada día durante un año. Allí mostró que los pulpos viven la mayor parte del tiempo en soledad, pero que son capaces de un comportamiento inteligente e, incluso, de expresar sociabilidad con otras especies.

La Declaración de Nueva York, ¿qué animales tienen la capacidad de experimentar la conciencia?  

En abril de 2024, más de 500 expertos en neurociencias de todo el mundo firmaron la Declaración de Nueva York sobre la Conciencia Animal, que estableció una posibilidad realista de experiencia consciente en otros animales además de mamíferos y aves, como reptiles, anfibios y peces, dentro de los vertebrados; pero también invertebrados como moluscos (pulpos, calamares), crustáceos (langostas, cangrejos) y hasta los insectos.


La posibilidad de que los insectos tengan experiencias conscientes nos puede llevar a pensar que ese bicho que pisamos tiene una vida interior. Esta Declaración no afirma que los insectos «piensan» como nosotros, sino que tienen sintiencia, es decir,  la capacidad de tener experiencias subjetivas como dolor, miedo o placer.


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En Argentina, la consideración de los insectos está cambiando. De ser vistos como  «plagas» a integrarlos en un modelo de economía circular y soberanía alimentaria, y están siendo utilizados para la gestión de residuos de la industria alimentaria,  degradación de poliestireno y otros plásticos, y hasta en la industria alimentaria. El Código Alimentario Argentino está en vías de incorporar a los insectos como alimento humano. El INTI está investigando para crear barras de cereal, snacks y pastas utilizando harina de grillo y el emprendimiento Grillos Capos ofrece un bioterio de insectos a investigadores, chefs e ingenieros en alimentos.

¿Hay emociones en los insectos?

Hasta ahora, los entomólogos valoraban a los insectos como especie. No los tenían en cuenta en su ser individual. Pero esta consideración está cambiando:

 “Hace más de 30 años que trabajo con insectos, no había explorado en profundidad la cuestión de su sintiencia. Cuando empecé a interiorizarme en este tema, me sorprendió descubrir la complejidad de sus capacidades, el uso de elementos de su entorno, la comunicación a otros individuos de lo aprendido por simple observación y hasta conductas que pueden considerarse lúdicas”, expresa la doctora Adriana Salvo, investigadora del Centro de Investigaciones Entomológicas de la Universidad Nacional de Córdoba, en diálogo con La tinta.

La evidencia de que los insectos pueden sentir dolor se basa en indicadores que sugieren la presencia de mecanismos sensoriales y procesos neuronales similares a los reconocidos para otros animales. Se ha demostrado que algunos insectos poseen en su sistema nervioso neuronas multidendríticas bajo la dura coraza que recubre sus cuerpos. Estas neuronas, en ratas y otros vertebrados, actúan para detectar daño y desencadenar la sensación dolorosa. Además, se reportó estructuras cerebrales en los insectos que participan en funciones como la memoria, la integración sensorial y la ubicación espacial, y que también podrían estar involucradas en la recepción del dolor.

“La relación entre capacidad cognitiva y sintiencia es uno de los ejes del debate actual”, explica la especialista, ya que incluiría “no solo detectar un daño, sino también evaluarlo y modificar la conducta en el tiempo. Desde ese enfoque, el dolor no solo señala un daño inmediato, sino que promueve aprendizaje y evitación futura”. Los investigadores han constatado evidencias de sintiencia en insectos y comportamientos como el uso de herramientas y el reconocimiento de otros individuos. “El punto clave ya no es cuán ‘inteligente’ es un organismo, sino si puede integrar información, aprender de la experiencia y mostrar conductas consistentes con la evitación del daño”, concluye Salvo.

Hacia una nueva ética en la producción y la ciencia

Frente a estas evidencias, algunos investigadores se proponen adoptar una conducta de precaución como guía ética, considerando esta posibilidad de sentir dolor de los insectos. Se plantean priorizar métodos menos dañinos y fomentar la innovación para minimizar el sufrimiento en investigación y producción.

El filósofo británico Jonathan Birch, en su libro El límite de la sintiencia, considera a los insectos como seres sintientes capaces de tener experiencias de dolor y placer.  Propone dos principios: el del deber de evitar causar sufrimiento gratuito, ya sea intencionalmente o por imprudencia o negligencia; y el de la adopción de precauciones ante la posible conciencia.

Incorporar esta perspectiva ética puede generar nuevas preguntas científicas y fomentar el diálogo social sobre la sintiencia de los insectos y, tal vez, otros animales menores. Los métodos de sacrificio ético deberían ser rápidos e incluir anestesia seguida de destrucción del sistema nervioso, para minimizar el sufrimiento individual.

La Dra. Salvo, desde su compromiso con la difusión de estos hallazgos, se propone transmitir a quienes trabajan con insectos en investigación, producción en biofábricas o control de plagas ajustar los diseños experimentales para usar la menor cantidad de individuos y obtener la mayor información posible de cada uno, más aún, coordinar muestreos con otros investigadores. 

La sensibilidad que inició Albarracín con la «Ley Sarmiento» para proteger a los animales domésticos hoy se extiende, por la Declaración de Nueva York, hacia los invertebrados y los insectos. La evidencia científica confirma que los insectos poseen estructuras neuronales para procesar el dolor, además de mostrar conductas complejas que evidencian que podrían experimentar dolor o sufrimiento. Aunque esto requiere más investigación para una confirmación definitiva, no podemos ignorarla.

La próxima vez que te encuentres frente a un insecto, recordá que ese pequeño organismo podría estar habitando una vida interior que recién estamos empezando a comprender. Ampliar nuestra empatía hacia lo que antes considerábamos «invisible» o «molesto» es un paso necesario hacia una convivencia más justa y respetuosa con toda la biodiversidad que nos rodea. 

¿Será que nuestra incapacidad para reconocer la sintiencia en los insectos habla más de las limitaciones de nuestra propia empatía que de la falta de conciencia en ellos?

*Por Alicia Córdoba* para La tinta / Imagen de portada: A/D.

**Bióloga y comunicadora de la ciencia, UNC.

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Palabras claves: conciencia animal, insectos

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