Elige tu propia Mafalda (excepto la original): ¿qué nos deja el cierre de Ediciones de la Flor?
La semana pasada, durante la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, Ediciones de la Flor anunció que este será su último año de actividad. Mientras Netflix prepara la serie animada de Mafalda y su imagen aparece en marcas de ropa nacionales e internacionales, la emblemática editorial que supo ser su casa se despide con 60 años y un legado fiel al personaje creado por Quino.
¿Sabías que en las dos mil tiras de Mafalda que Joaquín Salvador Lavado publicó entre 1964 y 1973, en Primera Plana y Siete Días Ilustrados, ella nunca dijo “Paren el mundo que me quiero bajar”? Una de las imágenes del icónico personaje que más circula por internet es algo así como una fake. Y aunque posiblemente sea la más famosa —al punto de que diarios de alcance mundial la hayan usado para despedir a Quino—, Mafaldas con frases falsas hay por todas partes. Dejando de lado la intriga de saber quién y cómo concretó ese invento viral, la excusa siempre es buena para repasar otras cosas memorables y vigentes que nuestra amiga de 62 años sí dijo sobre el mundo.


En mi mente, durante mucho tiempo, Mafalda funcionó como Los Simpson para otrxs: podía relacionar casi cualquier episodio de la vida con una tira. Era una niña cuando descubrí por primera vez uno de sus libros, en una repisa de casa. Era una edición vieja, había sido de mi papá. Esos libros me dejaron impregnada en las manos la sensación del descubrimiento, la adrenalina de encontrar un tesoro con un mundo nuevo adentro. Desde ese momento, le debo a Quino miles de risas, preguntas, el amor al dibujo y una relación con esa niña de otra época, fanática de Los Beatles y el Pájaro Loco. Y también se la debo al sello chiquito, orgánico y amable en cada tapa: Ediciones de la Flor. Quizás por eso me llené de lágrimas cuando circuló la noticia del cierre de este proyecto independiente y emblemático de la cultura argentina.


En la Feria del Libro de Buenos Aires, el stand de la editorial invita a leer el anuncio: “Este, su año número 60, será el último de actividad”.
«De la Flor» nació apenas después que Mafalda, en 1966. Ana María Kuki Miler y Daniel Divinsky ejercieron su conducción desde 1970. Entre 1977 y 1983, lo hicieron a la distancia, exiliados en Venezuela después de haber pasado 127 días presos durante la dictadura cívico-militar por publicar el libro Cinco dedos del Colectivo Libros para niños de Berlín. Ediciones de la Flor fue la primera en publicar en español El nombre de la rosa, de Umberto Eco, además de cuentos, novelas y textos de no ficción de autores como Roberto Fontanarrosa, Griselda Gambaro, John Berger y Rodolfo Walsh. Hoy, es referente en el mundo editorial y literario, su dirección sigue a cargo de Kuki Miler, trabajan cinco personas y, desde hace un año, no imprime ejemplares. Su sello es, además, inseparable de Quino y Mafalda.
Los motivos del cierre son variados y van desde los cambios tecnológicos hasta el estado de la economía, la caída en el consumo, el aumento en los costos, las transformaciones en los modos de editar. Sin embargo, una noticia reciente se destaca entre todas: en 2025, los sobrinos herederos de Quino anunciaron que toda su obra abandonaría Ediciones de la Flor para pasar a Sudamericana, de la multinacional Penguin Random House, un grupo económico con más de 250 sellos en cinco continentes y al menos 10.000 personas empleadas en todo el mundo.

Después del fallecimiento de Quino, en septiembre de 2020, su obra había quedado en manos de Julieta Colombo, sobrina de Alicia, la esposa del dibujante. Julieta llevaba más de dos décadas trabajando con Quino y fue la responsable de continuar con la voluntad del autor y sostener el vínculo con «de la Flor». Sin embargo, solo dos años después, a sus 56 años, falleció. Fue entonces cuando la representación legal pasó a manos de los sobrinos directos de Quino: Alfredo, Guillermo y Diego Lavado, quienes decidieron cambiar de editorial.

La partida hirió a «de la Flor» y no solo en lo económico: «Fue un golpe más emocional que otra cosa. Él era mi amigo íntimo. Es cierto que era una base económica importante, pero la editorial nunca fue para nosotros un proyecto en el que pusiéramos adelante la parte económica”, dice Kuki Miler en una entrevista con María Daniela Yaccar para Página/12. Anteriormente, la obra de Roberto Fontanarrosa había pasado a Planeta y los libros de Nik —para nada apreciados por esta redactora— se habían mudado también a Penguin.

El stand 1509 de la Feria del Libro destaca: “Nuestros autores más importantes han sido nuestra familia, pero sus herederos eligieron otros rumbos. Editar libros en Argentina siempre fue una carrera con vallas y hasta aquí hemos llegado a los saltos. Hoy la tecnología y el estado de la economía exigen nuevos y muy diferentes desafíos, que resultan determinantes para una editorial que ha mantenido su independencia como bandera. Es nuestra última feria y nuestro último año de actividad. Nos despedimos, sabiendo que nuestro legado vive en las nuevas editoriales fundadas por jóvenes que crecieron con nuestros libros y que esos libros que editamos con convicción y amor todos estos años seguirán en las bibliotecas y la memoria de nuestros lectores. Gracias a ustedes por ser parte de estos 60 años de nuestra historia”.

Los sobrinos de Quino, en entrevistas de 2025, habían contado que “era una locura” la cantidad de solicitudes que estaban recibiendo sobre la obra del dibujante y sus derechos. Ahora podemos ver algunos caminos que han tomado esas negociaciones.

Hace pocos días, se publicaron avances de la serie animada de Mafalda que prepara otra multinacional, Netflix. Con la dirección y producción de Juan José Campanella y las voces de un elenco todavía secreto, la serie de dos temporadas con capítulos de 25 minutos aún no tiene fecha de estreno. A principios de este año, Mafalda también ocupó una pasarela internacional del mundo de la moda. La marca Moschino presentó la línea Terra en la Semana de la Moda de Milán, una colección inspirada en la cultura argentina donde, además de una imagen de Evita y un fileteado porteño, pudimos ver el grito de «basta» del personaje de Quino.

A nivel local, la marca VER estrenó una cápsula de prendas con la temática Mafalda: remeras, camperas, buzos en tonos claros, azules y rojos, con dibujos y viñetas sin diálogos y sin contexto. Para quien escribe, sigue siendo un misterio cómo y por qué relacionaron el estilo de indumentaria de baseball, una pelota de básquet y una llamativa estética estadounidense con uno de los personajes más argentinos del último siglo.

La curiosidad es inevitable, ¿qué pensaría esa niña rebelde, desafiante, curiosa e inquieta sobre esta situación?
La multiplicación de Mafaldas, incluso despojadas del contexto que le da sentido a sus frases, sucedió siempre —nos remitimos a la primera fake— y es una buena noticia en tanto guarda la potencia de convertirse en una entrada para nuevas generaciones, para habitantes de otras tierras, para quienes estuvieron lejos de sus libros hasta ahora. A la vez, hay enormes diferencias entre una tarjeta con una frase que Mafalda nunca dijo y la fuga de la editorial que publicó sus libros durante seis décadas. Detrás de estas decisiones, existen intereses económicos que nos recuerdan cómo se configura el presente en que vivimos: un mundo donde la estrecha relación entre un historietista con su editorial elegida solo resiste en la historia y el recuerdo de quienes fuimos testigos. En poco tiempo, vamos a poder ver, vestir, usar y hasta escuchar a Mafalda, pero ya no comprar sus libros con el sello que la alojó durante tantos años.

Ediciones de la Flor nació y se despide de la misma forma: familiar, independiente, sin haber sido absorbida por un grupo económico multinacional. No sorprende para nada, entonces, su amistad con Quino y con Mafalda.
Tengamos esto en cuenta; cada vez que nos encontremos en nuestras manos con una Mafalda original, estaremos frente a un tesoro, el signo de una época que terminó. Como dijo Miler, «de la Flor» siempre va a quedar «en la historia personal de mucha gente y en la historia de la cultura nacional». Y vale agregar: a diferencia de cualquier monstruo empresarial sin arraigo en nuestras vidas, ideas y sentidos.

*Por Jazmín Iphar para La tinta.
