La seguridad de la población está en riesgo: ajuste en el Servicio Meteorológico Nacional
¿Vas a salir y mirás el clima en el celular? ¿Confiás en ese pronóstico para decidir si viajás, si suspendés algo o si te alcanza con una campera? Esa rutina funciona porque hay un sistema que mide, procesa y valida datos todo el tiempo. En Argentina, ese sistema está siendo recortado por el gobierno de Milei. El ajuste no es solo un recorte administrativo aislado, sino un proceso que impacta directamente en la capacidad operativa del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), el organismo responsable de la observación, el pronóstico y la emisión de alertas en todo el país. El conflicto incluye despidos, reducción de estaciones de observación y cambios en el esquema de financiamiento, junto con la interrupción de procesos de modernización y el debilitamiento de áreas técnicas. Todo eso se traduce en menos datos disponibles en tiempo real y afecta la calidad de los pronósticos, la seguridad aérea y la capacidad de respuesta ante eventos extremos.
El Centro Argentino de Meteorólogos planteó en abril que el país está “a punto de perder un pilar estratégico de la defensa nacional y la seguridad de sus ciudadanos”. El escenario para el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) es de “colapso operativo”. El reclamo de los especialistas incluye la advertencia de que la reducción de personal y el desfinanciamiento afectan funciones críticas como la seguridad aeronáutica, la navegación, la continuidad de las series históricas de datos y la capacidad de respuesta ante eventos extremos.
En términos concretos, ya se registraron al menos 140 despidos, con listados que elevan la cifra potencial a 240 trabajadores. El impacto se vuelve más significativo si se considera que el SMN funcionaba con alrededor de 970 personas para cubrir todo el país, con operación permanente las 24 horas, incluyendo estaciones en la Antártida y en el Atlántico Sur.
Esa estructura no es administrativa únicamente: sostiene la red de observación, la producción de datos en tiempo real y el sistema de alertas meteorológicos que utilizan provincias, municipios y distintos sectores productivos. También incluye la operación del Sistema Nacional de Radares Meteorológicos (SINARAME), el Centro de Avisos de Cenizas Volcánicas —que monitorea más de 150 volcanes en Sudamérica y la Antártida— y la participación en centros regionales climáticos para el sur de América del Sur.
En el mismo comunicado, el Centro Argentino de Meteorólogos exige la reincorporación de trabajadores como condición mínima para evitar el deterioro del sistema. El texto también señala que la eliminación del financiamiento vía tasas aeronáuticas y la posibilidad de tercerización del servicio abre un riesgo adicional sobre la soberanía de los datos meteorológicos y la infraestructura científica del país.


Al escenario se suma el Decreto 274/2026, firmado durante la gestión de Javier Milei, que elimina el financiamiento del organismo a través de tasas aeronáuticas y habilita la prestación de servicios meteorológicos por parte de terceros. Según el análisis del sector, esa decisión altera el esquema histórico de sostenimiento del SMN y abre una discusión sobre la naturaleza misma del servicio, que hasta ahora se consideraba una función indelegable del Estado. En paralelo, también se menciona una deuda acumulada de la empresa estatal de navegación aérea (EANA) con el organismo, estimada en más de 60 millones de dólares, vinculada a la tasa de servicios aeronáuticos.
En paralelo a las definiciones institucionales, ya se observan efectos operativos. Cinco estaciones meteorológicas dejaron de funcionar y, en más de treinta puntos del país, se interrumpieron las observaciones nocturnas. Esa reducción afecta la continuidad de los registros, que son la base sobre la que se construyen los modelos de pronóstico. En algunos casos, además, la falta de observaciones impacta directamente en la disponibilidad operativa de aeródromos, que dependen de esos datos para habilitar vuelos en determinadas franjas horarias.
“Hay menos datos, es un hecho”, explica un meteorólogo consultado para esta nota, que pidió mantener su nombre en reserva. “Y cuando los datos son menos, los modelos arrancan con menos información. Eso significa peores pronósticos”.
El mismo especialista describe el mecanismo de forma directa: “Yo consulto el pronóstico en el celular y puedo pensar que si el Servicio Meteorológico Nacional existe o no, no me cambia nada. Pero ese pronóstico sale de modelos globales que se alimentan de datos de los servicios meteorológicos nacionales. No se nutren de estaciones caseras ni de información sin calibrar. Si alimentás mal el modelo, el resultado es peor”.

¿Y cómo se traduce todo esto en la vida cotidiana? En algo bastante concreto: si podés salir a la ruta tranquilo, si un vuelo despega, si una tormenta se anticipa a tiempo o si una alerta llega cuando todavía hay margen de reacción. No es un problema abstracto ni técnico, más bien, es información que ordena decisiones cotidianas, incluso cuando no se ve de dónde sale. El impacto del recorte ya se expresa en decisiones concretas. Desde el 1° de mayo, el aeropuerto de San Juan dejó de operar durante la noche por falta de observaciones meteorológicas. Sin esos datos, no se puede garantizar la seguridad de las operaciones, lo que obliga a reprogramar vuelos o desviarlos a otros aeropuertos. A la vez, se redujo la disponibilidad de vuelos sanitarios en determinadas franjas horarias, algo que afecta directamente la respuesta ante emergencias. Este tipo de restricciones se vincula a la imposibilidad de sostener observaciones en tiempo real en determinados aeródromos, lo que obliga a limitar horarios operativos. “En algunos lugares, ya no se pueden hacer vuelos en determinadas franjas horarias, incluso vuelos sanitarios en emergencias. Eso es un impacto directo”, detalla el especialista.
El Servicio Meteorológico Nacional no se limita a la emisión de pronósticos diarios. Su estructura incluye alrededor de 120 estaciones de observación distribuidas en todo el país y en la Antártida, lanzamiento de globos sonda para medición de la atmósfera en altura, monitoreo de la capa de ozono, operación de radares meteorológicos y gestión del sistema de vigilancia de cenizas volcánicas. También integra la Red Mundial de Observación Meteorológica, cuyos datos alimentan modelos globales utilizados por servicios meteorológicos de todo el mundo.
El organismo tiene además un rol central en la producción de información para sectores como la agricultura, la energía, el transporte y la aviación, y sostiene registros históricos continuos que permiten analizar la evolución del clima en el país. Esa base de datos, en muchos casos, se construye sin interrupciones significativas desde fines del siglo XIX. Entre sus funciones, también se incluye la participación en la red internacional de servicios meteorológicos que sostiene estándares de medición y calibración globales. “Estamos perdiendo información estratégica e irrecuperable”, advierte el entrevistado. “Las series de datos, una vez que se cortan, no se pueden reconstruir”.
Otro punto crítico es la modernización del sistema. Quedó sin efecto un proyecto financiado por el Banco Mundial para incorporar más de 100 estaciones automáticas en el país, que formaba parte de un proceso de actualización tecnológica iniciado años atrás. Esa incorporación buscaba mejorar la cobertura y la precisión de las mediciones, pero la continuidad del programa fue interrumpida. El proyecto formaba parte de una estrategia de transición tecnológica que buscaba complementar estaciones manuales y automáticas para sostener la continuidad histórica de los datos.
También se ve afectada la operación del sistema nacional de radares meteorológicos, desarrollado en Argentina por INVAP, que permitió ampliar la capacidad de detección de eventos extremos en distintas regiones del país. Este sistema es considerado uno de los más avanzados de la región y permite la emisión de avisos a corto plazo ante fenómenos severos.


En el área aeronáutica, el recorte impacta en un servicio específico que va más allá del pronóstico: la asistencia directa a pilotos y despachantes, con información en tiempo real para la toma de decisiones operativas. “En ningún lugar del mundo se confía solo en equipos automáticos. Siempre hay observadores. Si eso se pierde, el riesgo aumenta”, advierte el especialista.
Otro cambio relevante es el desmantelamiento del área de comunicación del organismo, que durante años funcionó como canal de contacto con medios y como referencia oficial frente a eventos meteorológicos y desinformación. Su debilitamiento deja un vacío en un contexto donde circulan versiones falsas sobre el clima y fenómenos extremos.
“Hoy, los medios no tienen a quién consultar”, señala el meteorólogo. “En un momento donde circulan todo tipo de fake news —sobre manipulación del clima, lluvias artificiales o negacionismo—, no hay una voz oficial que ordene esa información”.

El conflicto también expone una tensión financiera de larga data vinculada a la relación con la empresa de navegación aérea. Según el especialista, existió una deuda acumulada por tasas aeronáuticas que debían ser transferidas al SMN y que no se ejecutaron en su totalidad, lo que afectó el funcionamiento del organismo en los últimos años.
“La observación meteorológica es una tarea indelegable del Estado. No es solo medir: es garantizar calidad, continuidad y estándares internacionales. Eso no lo puede reemplazar cualquiera”. En esa línea, subraya que ni provincias ni municipios están en condiciones de reemplazar la estructura nacional. La pérdida de capacidades no se redistribuye y, así, va desapareciendo: “No es que alguien más se va a hacer cargo. Se pierde capacidad y las consecuencias recaen en la sociedad”.
La historia del organismo ayuda a dimensionar el proceso. El Servicio Meteorológico Argentino nació en Córdoba en 1872, a partir del trabajo impulsado por Domingo Faustino Sarmiento y el astrónomo Benjamin Gould, en el marco de la llamada entonces Oficina Astronómica Argentina (OMA). Fue uno de los primeros servicios meteorológicos nacionales del mundo y, desde entonces, construyó una red que hoy alimenta tanto los pronósticos locales como los modelos globales.
Mientras tanto, seguimos con el hábito cotidiano: el celular muestra si mañana llueve o no. Lo que no muestra es todo lo que tiene que funcionar para que ese dato exista o si ese dato es confiable o no. El pronóstico sigue apareciendo en el celular como si fuera un dato aislado, separado de esa red de observación que depende de estaciones activas, radares, personal técnico y registros continuos. “Menos datos, menos información, peores pronósticos”, dice el meteorólogo. “Y eso, tarde o temprano, se paga”.
El recorte del Servicio Meteorológico Nacional avanza dentro de la política de ajuste del Estado bajo la gestión de Javier Milei, con organismos técnicos que vienen perdiendo personal y capacidad operativa. En el caso del SMN, el impacto no queda en lo administrativo y se traduce en menos información disponible para decisiones concretas que van desde la aviación hasta la respuesta ante emergencias, con efectos directos sobre la seguridad de la población, incluso cuando no son visibles en el momento.
*Por Soledad Sgarella para La tinta / Imagen de portada: A/D.
