Exceso de vocación: lxs docentes exigimos «un gesto»

Exceso de vocación: lxs docentes exigimos «un gesto»
30 marzo, 2026 por Redacción La tinta

¿Es la docencia una vocación, una profesión, un trabajo, un oficio? Estas preguntas cobran sentido reconociendo que el modo de nombrar nuestra tarea no es ingenuo, sino que trasluce posicionamientos teóricos, políticos y visiones de mundo, y tiene implicancias en términos de derechos. Problematizar cómo nombrarnos en este contexto de lucha docente y desfinanciamiento de la educación pública puede ser una oportunidad. Esta semana comienza una nueva jornada de acciones de lucha docente que incluyen paro, asambleas, jornadas de reflexión y radios abiertas en todas las universidades del país.

Por Lucía Beltramino para La tinta

“Nos sobra vocación. Nos falta llegar a fin de mes”, titulaba un posteo La tinta en la semana de paro universitario del 16 al 21 de marzo. Esa frase nos retrata a docentes de todos los niveles educativos en la Argentina de hoy. La frase duele hasta la muerte. Cristian Eduardo Pereyra trabajaba en tres escuelas del partido de La Matanza y fue asesinado el sábado 16 de marzo mientras manejaba su auto como chofer de una aplicación de viaje para llegar a fin de mes. Cristian da cuenta de la situación de vida que atravesamos los docentes. 

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Imagen: Fernando Bordón para La tinta.

La Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba (UEPC) publicó un estudio acerca de las condiciones de trabajo y de vida de docentes de Córdoba, «El trabajo de enseñar en Córdoba: entre la escuela y la economía doméstica«. Allí da cuenta de que aproximadamente el 50% de lxs docentes deben realizar otra actividad no vinculada con la docencia para llegar a fin de mes. Decisión que no surge de un espíritu emprendedor, sino de una estricta necesidad de cubrir gastos básicos. Además, detallan que el 65% de lxs docentes encuestadxs interrumpe o refinancia al menos un pago, y el 78% recurrió a préstamos para solventar gastos cotidianos. 

Un informe publicado por el Observatorio de Salario y Presupuesto Universitario de ADIUC da cuenta de la pérdida del poder adquisitivo salarial del 36,6% (desde diciembre de 2023 a diciembre 2025) de lxs docentes universitarixs de Córdoba. La contundencia de los datos citados dan cuenta de que esta no es una problemática individual, sino que afecta a lxs docentes como colectivo de trabajadores.

En el marco de estas condiciones de vida que nos atraviesan, las universidades nacionales realizaron una semana de paro del 16 al 20 de marzo, que implicó el no inicio de clases en todo el territorio nacional. El objetivo fue exigirle al gobierno el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario. Hubo un alto nivel de acatamiento en la Universidad Nacional de Córdoba y en los colegios preuniversitarios. Además, lxs docentes del sistema educativo obligatorio provincial realizaron un paro de 48 horas en rechazo a la propuesta de aumento salarial hecha por el gobierno de Martín Llaryora. El gobernador pidió “un gesto” a UEPC para que levante el paro. 

¿No sería “un gesto” escuchar y atender los reclamos que hace más de dos años realizamos la comunidad de docentes? Mientras se espera una nueva propuesta salarial, ante la falta de respuestas del gobierno, en las universidades nacionales comenzamos una nueva semana de paro. 

Durante la primera semana de medidas de fuerza, participé en un encuentro para trabajar acerca de los desafíos de la educación superior. Me encontré con muchísimxs docentes universitarixs, de todas las facultades que conforman la UNC y los colegios preuniversitarios. Mientras escuchaba experiencias de diferentes disciplinas, tomé nota de algunas ideas interesantes para hacer con lxs estudiantes y también con lxs docentes. En un momento, mis notas cambiaron el tono y empecé a registrar mi incomodidad: ¿qué hacemos acá un día de paro? ¿Cuándo vamos a parar realmente? ¿Cuándo nos vamos a sentir y vivir como trabajadorxs de la educación, a dejar de lado la vocación? Somos zombies, muertos vivos que avanzamos y avanzamos. 

Mi hijo dice que le gustan los zombies porque no existen. Lxs docentes, ¿dejaremos de existir? Transformación, innovación son las palabras que orientaron el encuentro. ¿Innovar, transformar, con qué, con quiénes, en qué condiciones? El intercambio con docentes de otras facultades siempre es valioso, pero ¿por qué nos juntamos para esto y no tanto para la lucha, para armar trinchera contra el desfinanciamiento de la educación pública? ¿Por qué un evento académico, en contexto de paro, nos convoca tanto? La alta participación da cuenta de las preocupaciones que tenemos acerca de la formación universitaria que sostenemos con nuestra vocación (docencia, extensión e investigación); pero también puede dar cuenta de la mercantilización del sistema universitario, científico, que nos exige exponer, hacer presentaciones, publicar, ir a eventos como este. Allí estamos, entrampados en la rueda de hámsters, entre las exigencias que tiene el sistema de docencia universitario para acceder y permanecer en los cargos, y la miseria de nuestros salarios. 

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Imagen: Fernando Bordón para La tinta.

Hay algo del mandato de la vocación docente que aún funciona como regulador de nuestras prácticas. Pensar en la vocación nos remite a la conformación del sistema educativo argentino, al siglo XIX, a la figura de las maestras construidas con una épica singular. Y decimos maestras porque eran mujeres quienes se formaban en las escuelas normales para la docencia y quienes comenzaron a ejercerla, aun antes de la institucionalización de la formación. Las mujeres fuimos elegidas para trabajar en las escuelas, en la docencia, como afirma Morgade, porque “naturalmente” trabajaríamos con entusiasmo y ternura por las infancias; pero, además, éramos (y somos) trabajadoras baratas y la escuela, como espacio público controlado y protegido, era un espacio para nosotras por excelencia (excluidas de muchos otros ámbitos laborales). Fiorucci plantea que las cualidades “intrínsecas” de las mujeres nos posicionaban en mejores condiciones para enseñar que los hombres: ternura, paciencia, decencia y las similitudes de la tarea con lo maternal convertían a la docencia en una ocupación adecuada para el género.

Las mujeres, desde el amor y la ternura, fuimos llamadas a consolidar el sistema educativo nacional, las encargadas de la formación de los ciudadanos para el nuevo Estado nación. Emergió así la vocación docente no como una elección individual, sino como un mandato, educar es hacer el bien en pos de una causa mayor, grande y justa: la patria (al decir de Alliud). Sería injusto exigir un salario digno frente a esta noble tarea ―encargada principalmente  a las mujeres―.


A lo largo de los siglos, se avanzó en la regulación de la formación y el trabajo docente. Sin embargo, la idea de vocación sigue presente con un fuerte peso simbólico y parece legitimar nuestros magros salarios y condiciones laborales. ¿Será realmente que nos sobra vocación y nos falta aprender a cuidarnos como colectivo de trabajadores?


*Por Lucía Beltramino para La tinta / Imagen de portada: Ezequiel Luque para La tinta.

**Voces en Educación es una columna institucional de la Escuela de Ciencias de la Educación (ECE) de la UNC, un espacio de comunicación pública de la ciencia del campo educativo local.

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Palabras claves: docencia, Ley de Financiamiento Universitario, Paro docente

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