Con ustedes, el verano: Mary Oliver
Llegó el verano y con él, una fina selección de poemas para acompañar los domingos de calor.
A veces es un detalle que nos hiere, que nos punza. Algo pequeño, casi accidental: una palabra, una frase, dos oraciones. Y el poema lo vale todo sólo por eso.
“Si Oliver es una poeta de la naturaleza, entonces, está claro que su mirada no es la de la naturalista. Es más bien la de una humanidad que se percibe todavía en continuidad con su entorno, en pie de igualdad con los elementos, que reconoce con humildad su lugar en un ciclo superior. En ese reconocimiento Oliver renuncia a todo antropocentrismo, disuelve las categorías tradicionales de objeto y sujeto, desdibuja las fronteras que la mirada suele levantar entre lo humano y lo natural”.
𝑳𝒐𝒔 𝒄𝒂𝒃𝒂𝒍𝒍𝒐𝒔 𝒂𝒛𝒖𝒍𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝑭𝒓𝒂𝒏𝒛 𝑴𝒂𝒓𝒄
Entro en la pintura de los cuatro caballos azules.
Ni siquiera me sorprende poder hacerlo.
Uno de los caballos camina hacia mí.
Su nariz azul me roza suavemente. Pongo mi brazo
sobre su crin azul, sin sujetarme, apenas
mezclándome con él.
Él me concede ese placer.
Franz Marc murió joven, con la ametralladora en su cerebro.
Preferiría morir antes que intentar explicarles a los caballos azules
qué es la guerra.
Se desmayarían de horror, o simplemente
les resultaría imposible creerlo.
No sé cómo agradecerte, Franz Marc.
Quizás nuestro mundo se vuelva más amable con el tiempo.
Quizás el deseo de crear algo hermoso
sea la parte de Dios que llevamos dentro.
Ahora los cuatro caballos se han acercado,
inclinan sus rostros hacia mí
como si tuvieran secretos que contarme.
No espero que hablen, y no lo hacen.
Si ser tan hermosos no es suficiente, ¿qué
podrían llegar a decir?
* Por Lola Dolores para La tinta.
