La resentida: ¿una zamba escrita de una mujer para otra mujer?

La resentida: ¿una zamba escrita de una mujer para otra mujer?
Lucas Leal La tinta
5 febrero, 2026 por Lucas Leal


Una tucumana olvidada, una zamba clásica y la pregunta por los deseos invisibilizados en el folklore.

“Si mi negra me abandona, lloraré toda la vida,
dice que no me perdona, la resentida, la resentida…”. 

La zamba «La resentida» es un verdadero clásico del folklore argentino que, seguramente, se habrá escuchado en este enero en los distintos festivales y escenarios de nuestro país. Desde 1981, con el primer registro discográfico de Los Altamirano, pasando por la entrañable versión de la Mecha Sosa en 1983, esta canción fue grabada e interpretada, con distintos matices, por distintos referentes tales como Los Chalchaleros, Los de Salta, Dúo Coplanacu, Luis Salinas, Juan Iñaki y Natalia Barrionuevo, entre otrxs. 

¿De qué habla la zamba? Cuenta en primera persona el dolor de quien siente que puede perder al amor de su vida, a esa “negra”, “mujer querida” a la que llama “la resentida”. La letra deja entrever que hay rumores y comentarios externos que habrían llevado a la mujer a esa situación emocional de dolor, rencor o enojo con la persona amada (“te han dicho que no te quiero, por eso estás resentida”). Quien canta pide que “no le haga caso a la gente” e intenta convencerla de que su amor es destino y sentido (“Yo nací para quererte toda la vida” / “si por tu amor yo me muero”). El corazón de quien canta aparece “cansado de llorar” y le pide a “la resentida” que le regale el perdón y busque la calma que perdió en su pecho, ofreciéndole un amor total: “Dueña de mi alma y mi corazón”, concluye. Esta hermosa zamba condensa todo lo que bien hemos aprendido del amor romántico ―y que muchas veces queremos deconstruir, pero tanto nos gusta―: un amor totalizante, exclusivo y eterno que, puesto en riesgo ante la intrusión corrosiva de lxs otrxs, subsume en un intenso e inexplicable dolor a quien pretende amar “toda la vida”.

Si unx escucha la zamba, piensa, en primera instancia, que se trata de un amor entre un hombre y una mujer. Sin embargo, para sorpresa de muchxs, no fue así y muchxs folcloristas, al interpretarla, afirman que fue “escrita por una mujer para otra mujer”. De hecho, Raly Barrionuevo comenta en su columna del programa “Nada del otro mundo” del 3 de abril de 2018: “La gente piensa cuando la escucha que la hizo un hombre… pero la escribió una mujer, una tucumana llamada Julia Ferro que murió muy joven”. Nadia Larcher, por su parte, sostiene que es “una zamba muy especial (…) de una autora llamada Julia Ferro, allá por 1920 (…) se la escribió a una mujer” y cantarla es “una manera de honrar la memoria de mucha gente que partió defendiendo sus derechos”. Victoria Birchner subraya en una nota de Perfil que es “una zamba que escribió Julia Ferro en los años 20 y se la dedicó a una mujer”, destacando que la canción prueba que “el amor en todas sus formas existe desde siempre” y que la lucha del colectivo LGBT+ es justa “hoy y siempre”. Esta hipótesis se extiende más allá del Río de la Plata: la cantante y compositora gallega Sheila Patricia, referenta de un pop de raíz con fuerte mensaje de empoderamiento femenino, grabó en 2020 una versión de «La resentida» junto a Raúl Kiokio y la presentó en radio como una canción escrita por una mujer para otra mujer, cargada de sentimiento y desgarro amoroso.

Un último ejemplo: en 2023, en otra versión disponible en YouTube, la artista Fernanda de Francesco interpreta la zamba y en la descripción se puede leer: “En 1920, la autora de esta hermosa zamba, Julia Ferro, le escribió a su amor dentro del anonimato. Hoy podemos expresarnos, el amor, como los derechos, son libres”. Ante esto, cabe preguntar: ¿es posible sostener la hipótesis de que, en plena década del 20, Julia Ferro utilizó la música popular folclórica para hablar de su deseo secreto y prohibido hacia una mujer? ¿Esconde esta conocida zamba una apasionada declaración de amor que nadie supo (o quiso) escuchar y recuperamos recién después de casi cien años?

julia-ferro-compositora-tucumana

¿Quién fue Julia Ferro? 

Poco se sabe de Julia Ferro. Casi no hay datos de ella, pero se sabe que habría nacido aproximadamente en el año 1909 en Tucumán y se radicó en Buenos Aires hacia 1924. Ubaldo «Tuqui» Rodríguez, que recupera y publica en su blog historias de cancionistas perdidas, cuenta que llegó a ella casi por azar, a través de una foto y de la fascinación que le produjo un tango compuesto por ella, titulado “Te quiero olvidar”. Julia, afirma el Tuqui Rodríguez, “supo conjugar su mochila de canciones norteñas, que había escuchado desde su cuna en Tucumán, con la carga sentimental del tango que la conquistó en Buenos Aires. Ella permitió que ambos ritmos pudieran convivir perfectamente. Consiguió un título deseado y difícil de acceder en aquella época, el de ser artista por la excelente interpretación de sus canciones, el valor de sus letras y composiciones, y su calidad humana que hizo que el público la quisiera tanto”. Tras haber investigado, Rodríguez indica que no hay registros de su voz, ya que nunca llegó a grabar un disco. Sin embargo, se sabe que se escuchó por aquellos años en distintas radios y escenarios de la época como así también por medio de una gira en España. 

Su vida artística no se explica sin la figura de su pareja, César Ginzo, bandoneonista y director de orquesta, con quien formó ―al decir del Tuqui― una sociedad de «almas gemelas» tanto en el escenario como en la vida doméstica. Recorrían juntxs escenarios donde él interpretaba las obras de ella y ella cantaba los tangos de él, en una especie de ecosistema creativo donde lo sentimental y lo profesional eran indivisibles: “Él tenía su orquesta y ella era la cancionista. Ambos amaban la música y el tango; dos apasionados por el amor y lo nuestro, dos personas simples con mucha vida interior”. Se dice que, con la muerte de Julia, Ginzo y su orquesta se fueron desvaneciendo en el universo tanguero, ya que ella era, con su canto y su voz, el “alma” de la orquesta. 

Un 4 de agosto de 1942, a los 33 años, tras una “breve dolencia”, muere Julia Ferro. «La resentida» fue registrada en SADAIC el 13 de julio de 1936 y la primera partitura de la zamba fue publicada en 1938 por la editorial Bucchieri bajo la autoría de Julia Ferro. 

¿Era o no era para una mujer? 

Ante la ola de reivindicación actual, Tuqui Rodríguez, el único que ha reconstruido la historia de Julia, invita a ser cautos y cuidadosos al adjudicar a Julia una historia de amor hacia una mujer, puesto que ―sostiene― lo que se expresa en la letra no necesariamente tiene que ver con su identidad sexual, sino más bien con una cuestión de época: “En los años 20, la composición era un territorio netamente masculino y, para una mujer, escribir adoptando la voz de un varón o usar seudónimos masculinos era una ‘osadía’ necesaria y una convención profesional, más que una confesión íntima de un deseo”. Incluso sobre la autoría de esta zamba, hay una hipótesis que sostiene que podría haber sido escrita por Ginzo y que la registró a nombre de Ferro, a modo de regalo, para que ella le perdonara una infidelidad. Frente a esto último, el Tuqui defiende que la autora es Julia y que, muy probablemente, adoptó la visión masculina en la zamba simplemente porque así se validaba a una letrista en aquel entonces. Más allá de esta cuestión ―continúa el Tuqui― lo positivo es que se difunda y sobreviva la figura de Julia Ferro, una gran artista y cancionista.


Natalia Díaz, investigadora dedicada a explorar la construcción de identidades no heteronormativas en el folklore argentino, propone correr el eje de la discusión: lo revolucionario de «La resentida» quizá no dependa exclusivamente de si podemos confirmar o no la hipótesis de que haya sido escrita por Julia para una mujer; quizá lo más interesante sea lo que la ficción o la realidad genera en el presente, lo que habilita, lo que permite soñar.


Díaz advierte sobre las condiciones históricas de producción y el silenciamiento sistemático que sufrieron las compositoras, en un género donde el sujeto hablante, quien tiene la voz y el derecho a desear, fue construido casi exclusivamente desde la mirada masculina y heterocis: «El folklore construyó un sujeto que canta, que siempre fue varón. De ahí la importancia de recuperar a las mujeres y las obras donde aparecen diciéndose, contándose y cantándose», comenta Natalia. Julia Ferro rompe el molde cuando deja de ser el objeto pasivo del canto para convertirse en «sujeto de enunciación». Para la especialista, la potencia de esta zamba radica justamente en su capacidad de abrir grietas: “Más allá de que sea una ficción el hecho de que esta zamba sea de una mujer hacia otra mujer, esa ficción es superproductiva, porque permite que ingrese en el discurso de lo posible un deseo que se escapa de la norma heteropatriarcal”.


Que «La resentida» pueda leerse hoy como una historia de amor entre mujeres transforma una vieja partitura de 1930 en una herramienta contemporánea para imaginar, validar y legitimar otras formas de desear y de amar. Verdad o ficción, hay algo en esta zamba que trasciende la anécdota para hablarnos de lo que permanece oculto: esos deseos invisibilizados por la historia oficial, concluye Díaz.


Independientemente de que se trate del anhelo de aquellas cantoras y compositoras que no podían tener voz propia, sino solo a través de la máscara de un varón o de la urgencia de cantar y contar el deseo de quienes no respondemos a la norma cisheteropatriarcal, esta zamba rompe grietas y abre a la reflexión respecto del lugar de las mujeres y la disidencias sexogenéricas en el folklore. Julia Ferro y esta zamba, extendida hoy en el imaginario popular como una declaración amorosa hacia otra mujer, fue absorbida durante décadas por voces masculinas y por un canon folklórico que no siempre se detiene a interrogar quién habla y a quién se ama y desea en esas letras. 

Es 28 de enero en Cosquín. En el tradicional Patio de la Pirincha, se celebra, un año más, la Luna de mujeres y disidencias. Ahí, sobre el escenario, Kary y Dany de Disifolk, con Macu de Mink’a Folklore Queer como invitada, entonan juntas La resentida, presentándola con una certeza compartida: “Nos gusta pensar que esta zamba fue escrita de una mujer para otra mujer”. Una vez más, en este patio y en esas voces ―ya sea por camuflaje de época, creatividad literaria o un “secreto” que quería ser gritado―, Julia regresa para decirnos, casi un siglo después y quizá sin haberlo planeado, que el deseo siempre encuentra intersticios para hacerse poesía y canción.

*Por Lucas Leal para La tinta.

Suscribite-a-La-tinta

Palabras claves: Folklore, LGBTTIQ+, Mujeres Músicas

Compartir: