Preservando el Parque de la Vida: la fuerza de lo colectivo para proteger lo común

Preservando el Parque de la Vida: la fuerza de lo colectivo para proteger lo común
26 enero, 2026 por Redacción La tinta

Un grupo de vecinas y vecinos de la ciudad de Córdoba se organiza desde fines del 2022 para proteger el Parque de la Vida, enfrentando amenazas de reducción de su superficie y defendiendo su valor ambiental, social y cultural. Con talleres participativos, recorridos educativos, avistajes de aves, bicicleteadas y proyectos de conservación, demuestran que la acción colectiva puede transformar tanto el cuidado del espacio urbano como los vínculos entre quienes lo habitan. “Realmente no tenemos tiempo para dudar entre hacer o no hacer. Hacemos e invitamos a sumarse”, aseguran desde Preservando el Parque de la Vida. Cuando organizarse es una forma de defender la vida.

Hace tres años, un grupo de vecinos y vecinas de la ciudad de Córdoba salió a defender un parque público. Se organizaron, se citaron, se escribieron por WhatsApp. El municipio, entonces a cargo del actual gobernador Martín Llaryora, quería ceder unas tierras a tres clubes deportivos privados.

Esas tierras formaban parte del Parque de la Vida, creado en 1992 durante la intendencia de Rubén Martí. Aunque el parque fue pensado con una superficie de más de 60 hectáreas, más de la mitad nunca llegó a incorporarse efectivamente al patrimonio municipal.

“Nos congregamos en una reunión, en 2022, a pensar cómo deteníamos esa entrega que hubiera significado la pérdida de un 30% de superficie verde a manos privadas”, recuerdan desde el colectivo Preservando el Parque de la Vida. A partir de ese encuentro, comenzaron a desarrollar acciones para frenar intervenciones que ponían en riesgo el territorio y, al mismo tiempo, para proyectar su cuidado a largo plazo.

El Parque de la Vida está ubicado en el sudoeste de la ciudad y constituye una de las últimas superficies verdes extensas que quedan en Córdoba capital. Su valor no es solo urbano o recreativo. Como remarcan desde el colectivo, se trata de un espacio que cumple funciones ambientales clave, como la regulación de la temperatura, la absorción de gases contaminantes y el resguardo de biodiversidad. Allí conviven árboles nativos y exóticos, más de cincuenta especies de aves y pequeños animales que encuentran refugio en los pastizales y en el tramo final, aún silvestre, del arroyo La Cañada.

De la preocupación individual a la acción colectiva

Aunque el punto de partida para Preservando el Parque de la Vida fue la amenaza concreta de perder una porción significativa del espacio verde, el proceso derivó en una organización con perspectiva socioambiental y anclaje territorial. “Somos un grupo de vecinas y vecinos autoconvocados que cuidamos un parque público”, cuentan.

En ese marco, a comienzos de 2023, el colectivo tuvo un rol activo en el debate sobre la refuncionalización del parque impulsada por la Municipalidad. Frente a un proyecto que inicialmente “distaba bastante de lo que consideramos valioso para este espacio”, organizaron talleres presenciales, abiertos y participativos, realizados junto a vecinos y centros vecinales de la zona. De ese proceso, surgió una propuesta consensuada, denominada Puesta en Valor del Parque de la Vida, que llegó a iniciarse como obra, aunque solo se ejecutó un porcentaje mínimo, en un contexto atravesado por el año electoral.


Además de las instancias de planificación, Preservando el Parque de la Vida impulsa actividades de educación ambiental no formal. Escuelas de distintos niveles, grupos scouts y organizaciones ambientales visitan el parque para participar de recorridos y propuestas pedagógicas. También realizan avistajes de aves, caminatas de reconocimiento de hongos, bicicleteadas y otras actividades abiertas a vecinos y vecinas de la ciudad.


Para el colectivo, uno de los hitos más relevantes fue la presentación, en junio de 2023, de un proyecto de ordenanza para declarar Reserva Natural Urbana al área que recorre los últimos kilómetros silvestres del arroyo La Cañada dentro del ejido urbano, que recibe el curso del canal Maestro Sur y contiene al Parque de la Cañada, Las Siete Alcantarillas y las Barranquitas de Bella Vista. La iniciativa abarca no solo al Parque de la Vida, sino también a otros espacios naturales del sector. El proyecto de ordenanza fue presentado en el Concejo Deliberante en junio de 2023 y retomado en diciembre de 2025, junto con otra iniciativa que solicita la protección de las 62 hectáreas del Parque de la Vida dentro del programa Pulmones Verdes del Ministerio de Ambiente de la Provincia de Córdoba.

parque-de-la-vida-cordoba-reserva-natural-urbana
Imagen: Graciela Gambino.

Un parque creado por ordenanza, fragmentado en la práctica

El principal conflicto en torno al espacio no es nuevo. Cuando fue creado, las ordenanzas municipales 8800 y 8822 establecieron una superficie de más de 60 hectáreas destinada a parque urbano. Sin embargo, una parte de esas tierras nunca fue incorporada efectivamente al dominio público.

“Dentro de la superficie, había y hay hectáreas que son privadas, y esas hectáreas no están expropiadas en el presente”, explican desde Preservando el Parque de la Vida. Aunque esos terrenos están alcanzados por la Ordenanza 9110/94, que los declara sujetos a expropiación con destino a parque urbano, el proceso nunca se concretó. En esas parcelas, se preserva un bosque nativo en alto grado de conservación que hoy se encuentra bajo presión.

La expansión de urbanizaciones privadas en la zona puso en tensión el equilibrio del espacio verde. “Las tierras no expropiadas (en las cuales hay un bosque nativo en alto grado de conservación) colindan con una urbanización de EDISUR, quien, en 2006 y 2008, logró el cambio de uso de suelo de una gran área de uso rural a loteo domiciliario. Esto dio origen a la urbanización Manantiales, que desde entonces no ha parado de crecer, trayendo numerosos problemas, tanto para sus propios habitantes como para la ciudad entera”, señalan desde el colectivo. El cambio de uso del suelo y la creciente impermeabilización ha afectado el sistema de absorción de agua y calor que significaba el entorno del arroyo La Cañada”, advierten. En una ciudad que atraviesa con fuerza la crisis climática y registra lluvias cada vez más intensas, el tramo final, aún silvestre, del arroyo se volvió una de las últimas posibilidades de amortiguar inundaciones.

A la presión ambiental, se suma el debate por la conectividad vial. Desde barrios cerrados y countries cercanos, se reclama la apertura de nuevas calles para agilizar el tránsito hacia y desde el centro de la ciudad. “La respuesta fácil es sacrificar el Parque de la Vida para abrir calles de hasta cuatro manos”, sostienen desde Preservando. Una alternativa que ―remarcan― va en sentido opuesto a las tendencias urbanas actuales, donde se busca reducir la circulación de automóviles y aumentar la cobertura vegetal.

Frente a ese riesgo recurrente de fragmentación del parque, el colectivo elaboró y presentó propuestas de conectividad que no atraviesan el Parque de la Vida y que fueron elevadas oportunamente a las autoridades municipales.

No dudar, hacer

Preservando el Parque de la Vida funciona de manera horizontal y democrática. Las conversaciones cotidianas circulan por redes sociales y grupos de WhatsApp, pero las decisiones se toman en reuniones presenciales, en el propio parque. Las propuestas son abiertas y frecuentes, y cualquiera puede sumarse. Esta forma de organización no solo sostiene la defensa del territorio, sino que también fortalece los lazos comunitarios.


“Es comprensible que muchas personas se sientan desanimadas, descreídas”, reconocen. “Estamos socialmente aislados, hay muy poco estímulo para que nos organicemos y expresemos lo que vemos, pensamos y queremos”. Sin embargo, lejos de paralizarse, el grupo decidió actuar desde lo colectivo. “Sabemos que el cambio climático es un hecho y que mitigarlo depende de decisiones individuales, pero, sobre todo, sociales y gubernamentales”, afirman.


En esa convicción, se apoya una idea que atraviesa toda la experiencia. “La posibilidad de mejorar los espacios naturales para su disfrute y hacerlo con otras personas nos pone a salvo en varios sentidos y nos ayuda a reparar la red que somos en la naturaleza”. Defender el parque es, al mismo tiempo, una forma de cuidarse entre quienes lo habitan.

El colectivo ya tiene la mirada puesta en 2026, con varios proyectos en marcha: programas de educación ambiental para escuelas de todos los niveles y grupos de la comunidad; el «Cantero biodiverso», junto a la UNC y Jardineros Sin Fronteras, como aula abierta de herbáceas y polinizadores; un «Vivero de plantas nativas» con el ISFD René Trettel, que combina producción de árboles nativos y formación de futuros docentes; y el proyecto de la Reserva Natural Urbana. Por eso, el cierre no admite dudas ni medias tintas. “Siempre decimos que Preservando protege al Parque de la Vida y también a nosotras y nosotros”, afirman. Y concluyen con una frase que resume el espíritu de la organización comunitaria cuando el ambiente está en riesgo: “Realmente no tenemos tiempo para dudar entre hacer o no hacer. Hacemos e invitamos a sumarse”.

*Por Soledad Sgarella para La tinta / Imágenes: Graciela Gambino.

Suscribite-a-La-tinta

Palabras claves: ambiente, conservación, Parque de La Vida

Compartir: