Contra el fatalismo de la IA, ¿el futuro es de los oficios?

Contra el fatalismo de la IA, ¿el futuro es de los oficios?
22 enero, 2026 por Verónika Ferrucci

En esta nota, traigo una conversación pública sobre los oficios y su futuro. ¿Ya se perdió el interés por aprender oficios que la IA no podrá sustituir? ¿Por qué tantas personas se anotan en cursos de actividades manuales, incluidos oficios?

Si sus monedas lo pueden comprar
Ellos se olvidan de lo artesanal
Se olvidan de lo artesanal
Ellos se van a olvidar de lo artesanal

Viejas locas 

El año pasado, empecé un taller para aprender a enmarcar cuadros, también para prensar flores y carpintería. Fue mi plan de fuga. No seré yo mi propio muestreo; en cada uno de esos espacios, pregunté al resto por qué estaban ahí. La respuesta que más se repetía: “Dejar el celu un rato y hacer otra cosa con las manos”. Una piba, muy joven, que tenía un horario laboral muy extenso en trabajo de oficina, dijo: “Vengo para conectar con los materiales, tocarlos, olerlos, recuperar la materialidad de lo que existe”. Me quedé desde ese entonces pensando mucho sobre qué significa el hacer con las manos, volver a lo manual, ese gesto primitivo donde depositamos una esperanza, porque seguramente la memoria se guarda en las manos más que en cualquier dispositivo. 

Una nota de Tiempo Argentino titulaba: “El boom de la cerámica sobrevive a la crisis del país”, y decía que los talleres de cerámica resisten el paso del tiempo, se sostienen a la moda pasajera y siguen multiplicándose ―casi como una invasión―. Hace poco, se viralizó un trend donde se mostraban piezas de cerámica en plan expectativa vs. realidad y se dio un debate interesante sobre las pretensiones de aprender un oficio milenario, pero a merced de las lógicas de las redes sociales y la ansiedad de la época.¿Para qué aprendemos un oficio? 

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Mac DeMarco, el músico indie canadiense, “se volvió plomero”, dice uno de los tantos post que a veces scrolleo al pedo. “Dejó atrás Los Ángeles y la industria musical que siente movida solo por el lucro, y volvió a Canadá a vivir entre pozos de agua, caños y trabajos manuales. Otro titular, esta vez en español, decía: “El renacer de los hobbies tradicionales: por qué el crochet o la cerámica seducen en la era digital”, y confirma que aprender y practicar actividades manuales no deja de crecer entre personas de todas las edades, incluidos los «zetas».

En un reel viral, Bruno Contigiani exclama: “Si querés dejar de flashear trader de criptomoneda y ponerte a laburar en serio para hacer un poquito de plata, te presento los centros de formación profesional». El influencer de oficios ha generado una conversación viral que pone en el centro la relevancia de los oficios, enfrentado con los cryptobro y trader que eligen hacer plata fácil, comparte info sobre dónde estudiar, cómo es trabajar de un oficio y ha generado ahí un activismo que estaba bastante vacante y que, con el auge de la IA y el miedo a los trabajos que se perderán, reaparece en escena: el debate sobre el futuro de los oficios y profesiones. Jensen Huang, CEO de Nvidia, se hizo viral por entrevistas en las que afirma que “hay un resurgimiento de los oficios manuales calificados impulsado por la expansión de la inteligencia artificial y la creciente necesidad de infraestructura tecnológica”. Vaticina que los millonarios del futuro serán quienes sepan de plomería, electricidad, etc.

Sin embargo, a contracorriente de esos horizontes y debates, el viernes después de Navidad, el Senado aprobó el Presupuesto nacional 2026, con el cual las escuelas técnicas ya no tendrán el fondo de financiamiento específico, que creó la Ley de Educación Técnico Profesional en 2005. Según un informe del CEPA, este año, el sector tendrá una caída del 93% respecto a lo ejecutado en 2023 y un aproximado de 60% de lo ejecutado en 2025 y 2025. Como una historia no aprendida, el país vuelve a dar la espalda a la formación técnico-profesional.

¿El futuro se hará con las máquinas o con las manos? 

“Mi teoría es que la vulgarización del trabajo plomeril le quitó el oficio a la épica. Inventos transmitidos por generaciones como el alambrito, la rosca, perdieron su eficacia ante la aparición de productos que, en vez de reparar o reacondicionar, se limitan a cubrir el desperfecto. Al cabo de poner cinco parches en un día, un plomero no tiene una sola historia que contar”, dice el narrador de la novela Clara y confusa, de Cynthia Rimsky, que empezó a trabajar como plomero, se enamoró de una artista visual y descubre los turbios tejemanejes de la cúpula del gremio de plomeros, en el que acaba de ser admitido. La autora dice que la idea le surgió de la escucha de conversaciones entre plomeros en el arreglo de una casa y que entendió que existe una poética del oficio, «todos la tienen», agrega en una entrevista. Por qué no podría un plomero ser el protagonista de una novela, se preguntó la autora y apuntó contra los prejuicios y estigmatizaciones que suelen padecer quienes se dedican a ciertos oficios. Entonces, los pone en escena en una historia sensible y les da un protagonismo que abre a otros universos. 

Hacer con las manos, hacer con el corazón 

Hay una insistencia histórica que vuelve, la idea de que el progreso implica dejar atrás lo viejo, antiguo. Modernizar, comprar y descartar, seguir las tendencias. “Es del tiempo del ñaupa”, es una frase popular que seguramente escuchaste alguna vez y que proviene del vocablo quechua «ñaupa» (o «ñawpa») que significa «antiguo» o «viejo», “no desde una manera despectiva, sino como todo lo contrario; es tan viejo y tan fuerte que puede atravesar el tiempo”, me cuenta Ger, que eligió ese nombre para su proyecto de herrería.

Germán Campal es herrero autodidacta. Antes construyó casas y dice que es ahí donde aprendés a hacer muchas cosas de plomería, albañilería, electricidad. Sin saberlo en ese momento, la punta para todo lo que vino después fue su abuelo, que vivía en un entorno rural y fabricaba sus herramientas. “No había muchas posibilidades de ir a comprar a una ferretería ni había recursos, entonces resolvía con lo que tenía. De chico, veía su taller con sus pocas herramientas fabricadas por él. Él me pasó como la posta del ‘hazlo tú mismo’ sin que se dijera así”, recuerda Ger que, a diferencia de su papá que trabajó toda la vida en una fábrica, él nunca se pensó trabajando un oficio ahí. 

Ahora pone en práctica el upcycling y me explica: “Tiene que ver con tomar cosas que forman parte de un descarte y darles una nueva utilidad y un valor agregado. No es reciclaje, ya que este tiene que ver más de tomar una materia y hacerla pasar por un proceso nuevo. Por ejemplo, reciclar botellas de PET implica cortarlas chiquito y producir una cosa nueva donde intervienen algunos procesos productivos y hasta industriales. El upcycling es una forma muy artesanal de tomar cosas, unirlas, conjugarlas y darle una nueva vida en otra cosa nueva que tiene un mayor valor al que tenía cuando era un descarte, esa es la aplicación que yo le doy a la herrería. Estoy haciendo lámparas con partes de autos, con piezas que se descartan en los talleres mecánicos. El material es el metal, que tiene una nobleza en la cual yo me apoyo para combatir la obsolescencia que hay en el mundo”. 

“Las personas tienen algunas relaciones con las cosas por su historia y a veces necesitan o creen que todavía pueden conservarlas en su vida y no hay quién las arregle o restaure, sobre todo, cosas de metal. Podés comprarte un juego de jardín de plástico, porque resuelve en el momento, pero tiene su vida útil. Lo que yo valoro del metal y la madera es que son nobles, y además tienen la posibilidad de desintegrarse y ser parte de la tierra”.

Para Ger, cuando estás haciendo una tarea manual, estás en ese momento presente, estar con una máquina como una amoladora, una sierra, requiere de una concentración específica porque, si no, incluso puede ser peligroso. “Lo que sucede es otra actitud ante la concepción del tiempo».

Le pregunto qué piensa sobre la desaparición de quienes saben oficios, algo que sucede frecuentemente cuando necesitás arreglar algo y no conseguís quién vaya hacerlo. “Una cosa es ser hobbista, tomarlo como un escape de esta realidad y otra cosa es el laburo de ponerle todos los días el cuerpo a eso, que se vuelve una herramienta más que se va deteriorando con el paso del tiempo. A veces hay una romantización de los oficios manuales y poca gente se atreve a pegar el volantazo hacia esos lugares”.

En el último tiempo, hay una gran oferta de talleres y cursos vinculados con oficios, algunos con matriculación y otros no. Me ilusiona esta especie de moda de trabajos manuales, de aprender a resolver las cosas de la propia casa, arreglar en vez de cambiar por algo nuevo. Hay una búsqueda de aprender algo útil y hacer tareas manuales que generan satisfacción, una dopamina buena y se tornan actividades ansiolíticas. Los oficios están antes de Tiktok y tiene sentido que no encajen en sus 30 segundos ni con la intolerancia a la frustración, van contra el ritmo de lo inmediato y descartable, contra la compra compulsiva en plataformas internacionales. Carlos, que es plomero, electricista y gasista, viene a casa a resolver cosas de la casa, tiene ya más de 70 y siempre sufre diciendo que no hay jóvenes a quien pueda enseñarles. Me entusiasma que pensar en oficios se vea como una posible salida laboral, pero está claro que los gobiernos neoliberales están contra los oficios.

*Por Verónika Ferrucci para La tinta / Imagen de portada: Verónika Ferrucci.

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Palabras claves: inteligencia artificial, Oficios

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