El herbario de Rosa Luxemburgo: apostar por la belleza en tiempos hostiles

El herbario de Rosa Luxemburgo: apostar por la belleza en tiempos hostiles
8 enero, 2026 por Verónika Ferrucci

La editorial Buchwald lanzó este año una novedad en habla hispana para los amantes de las plantas. Es la primera traducción de una selección del herbario de Rosa Luxemburgo, quien no solo nos dejó una gran obra teórica del marxismo revolucionario, sino también una colección precisa y detallada de botánica que concluyó desde la cárcel.

Este año, dediqué tiempo a prensar flores, una actividad que no hacía desde la lejana consigna de hacer un herbario en la primaria. Leí algunos textos sobre el tema y así es como llegué a un artículo sobre los cuadernos botánicos de Rosa Luxemburgo. Un poco después, llegué a la reciente edición Herbario, la primera en habla hispana de la editorial Buchwald. ¿Qué tiene que ver una revolucionaria con el amor y la contemplación de la vida natural? Quizá todo que ver. Dice María Negroni en su libro La idea natural: “Hay una predilección en algunos seres por la vida natural. También hay casos más raros en que esa propensión convive con una afilada conciencia política. Es el caso de Rosa Luxemburgo que, siendo una de las grandes teóricas del marxismo, nunca dejó de herborizar en sus jardineras de paso, enumerando y clasificando las muestras que obtenía”.

La querida polaca no escribió en épocas simples ni fáciles, incluso, parte de su herbario está hecho desde la prisión. Ahora también son tiempos hostiles, quizá más estúpidos, pero difíciles también. Coexistimos con un manifiesto desinterés, cuando no un desprecio por la naturaleza ―ni siquiera hablo de la lucha ambiental―, me refiero a lo que está ahí cerca, en el patio, en la vereda, en la plaza. El ecosistema que nos rodea, del que hemos perdido la fascinación por su observación y exploración, y, por tanto, su preservación. También pienso que no es tarea sencilla valorar la belleza genuina de los hábitats de plantas, flores, insectos, en estos tiempos de bellezas parciales, superficiales, falsas, impostadas. 

Observar, clasificar, enumerar, organizar y coleccionar. ¿Puede la naturaleza ser escrita? Un herbario es una colección de plantas y/o de sus partes “desecadas, preservadas, identificadas y acompañadas de información sobre el sitio de colección, nombre común y usos. Tal colección en general representa a la flora, o patrimonio vegetal, de una localidad, región o país”, explican en el Museo Botánico de la UNC. 

Quienes han estudiado la vida de Rosa Luxemburgo dicen que, desde joven, quiso dedicarse a la botánica, algo que no pudo concretar bajo el poder del Imperio ruso, porque las mujeres no accedían a la universidad. Fue en Zúrich que ingresó a estudiar Ciencias Naturales en 1889, aunque pronto migró hacia el derecho, la economía y la filosofía, además de su activismo político. Pero, claramente, nunca abandonó su pasión entre los exilios, las persecuciones y encarcelamientos. “Mi yo íntimo pertenece más a los gorriones que a mis camaradas”.

“El jardín no la llevó nunca a desentenderse de las tribunas del mundo. Podría decirse que, para la militante indócil que era, no bastaban los discursos fogosos ni las diatribas contra la pena de muerte. Tampoco bastaban las denuncias contra el armamentismo ni las críticas a los delirios nacionalistas. Necesitaba observar, con el mismo fervor y la misma impertinencia, las hojas de los olmos, los cipreses, los rosales o los tilos, y anotar el aspecto, la familia, los nombres de las flores en latín y en alemán, así como su fragancia y época de floración. Necesitaba instalar allí, del mismo modo que en la vida, un estallido que pudiera ser, a la vez, una arenga a favor de la libertad, una oposición a toda forma de dogmatismo y una confianza en la posibilidad de una sociedad más justa”, completa María Negroni en ese libro maravilloso donde registró una selección de escritos, desde la antigüedad hasta la actualidad, de cientistas, artistas, naturalistas, pensadores, poetas, etc., que organizaron y tematizaron la naturaleza.

Traducir un jardín

“Hace dos años ―vos no lo sabes― tuve otro arrebato: en Südente, me atrapó la pasión por las plantas; empecé a recolectar, a prensar, a estudiar botánica. Durante cuatro meses, literalmente, no hice otra cosa más que andar por los campos o en casa, ordenar e identificar lo que traía de mis salidas”, escribió en un fragmento de una carta a su amiga Luise Kautsky, en septiembre de 1915, desde su celda en la cárcel de Berlín. Rosa fue encarcelada en varias oportunidades: en febrero de 1915, en Berlín; en el Fuerte de Wronke en enero de 1917 y en el penal de Breslavia a principios de 1918. 

El Herbario de Rosa Luxemburgo, al que Negroni le llama adversativo, está compuesto por 18 cuadernos, que comenzó en mayo de 1913 en Berlín y data su última anotación en la cárcel de Breslavia, en octubre de 1918. Sus anotaciones sobre el color, la forma, la textura y algunas sensaciones están hechas en alemán y la denominación en latín correspondiente con cada planta. Actualmente, el herbario está en Varsovia, en el archivo estatal Archiwum Akt Nowych, y no está claro cómo llegó ahí. En el catálogo de 2009, se menciona que es una incorporación reciente, llama la atención que una parte tan importante de su vida no haya estado difundida con toda su obra teórica. 

La editorial Buchwald, que tiene su espacio físico en el Palacio Barolo en CABA, realiza sus libros a mano, en proceso totalmente artesanal “como un gesto político, una vía alternativa a los modos imperantes del mercado editorial” y asumen así un “compromiso físico e intelectual con cada título”. Este año, más precisamente en julio, sumaron en su catálogo una novedad de Rosa Luxemburgo, de quien tienen otros títulos. “Editar Herbario de Rosa fue un trabajo que, en muchos sentidos, nos hizo desplazar del lugar más establecido de editor y editora que siempre desempeñamos. Porque, antes de traducir las clasificaciones y observaciones de ella sobre sus especies, tuvimos que transcribirlas, dado que las ediciones del herbario existentes se limitan a reproducir de modo facsimilar las páginas de sus cuadernos. Para eso, nos adentramos en la letra manuscrita de Rosa, sus particularidades, sus patrones. Fue una etapa muy conmovedora del trabajo de edición porque sentimos que, a medida que íbamos conociendo su letra, también nos acercábamos más a ella y a ese presente de la escritura del herbario. Es invaluable la conexión que, para nosotros, ha sido poder interpretar el manuscrito”, me cuenta Sol, una de las integrantes de la editorial. 

Hicieron una selección de la colección de plantas de 1913 a 1918. Además de la reproducción de los cuadernos, transcribieron el manuscrito y tradujeron sus epígrafes y notas, e incluyeron una serie de cartas de la época. «La traducción de las especies fue un trabajo muy técnico. En nuestras traducciones, siempre buscamos generar un acercamiento de la lengua de origen a la nuestra y eso involucra un pacto y una serie de decisiones y concesiones de términos e ideas. En este caso, hicimos un esfuerzo por encontrar el nombre equivalente en Argentina de aquella planta o flor que Rosa nombraba en Breslavia o Berlín. ¡Y claro que hay plantas que son muy parecidas y que no son la misma! Así que intentamos ser muy precisos con la elección de los nombres. Solo cuando no pudimos establecer esa equivalencia, recurrimos a una traducción más literal del término específico”.

Sobre el diseño, cuentan que quisieron hacerlo lo más simple posible y que replique la idea de un cuaderno, como la fuente, que son cuadernos del tipo escolares, tapas azules. Decidieron no incluir contratapa, “todo lo que podíamos decir del Herbario nos parecía superfluo. El libro habla por sí solo ni bien lo abrís”. 


Traducir Herbario se inscribe en una tradición de la editorial sobre naturalismos. En 2024, editaron a Maria Sibylla Merian y, a partir de ahí, continuaron ese camino con “mujeres que han batallado con los regímenes de su tiempo y han sobresalido por su visión y fuerza. Rosa y Sibylla en eso están hermanadas. Y por supuesto, por el amor que profesan hacia cualquier manifestación vital: insectos, plantas, animales e incluso minerales”.


Encontrar a Rosa en hojas secas, pétalos prensados y letras manuscritas es seguir descubriéndola. Comprenderla en el registro que hizo del mundo, en una obra que nos deja un legado de belleza y resistencia. Para lsx editores, Herbario completa su imagen política más cristalizada y muestra un modo de percibir la naturaleza. “Sus modos de acercamiento hacia lo vital ―como también lo evidencia su correspondencia― nos llama también a pensar los vínculos entre los seres humanos. Nuestros discursos hoy en día son meros ejercicios autorrecreativos del egoísmo, que conducen a una fragmentación cada vez mayor. Somos parte de una sociedad que, por siglos, se ha valido de la razón como su mejor herramienta y, ahora, como dice Peter Sloterdijk, esa razón está en un constante colapso nervioso. Desde ese punto, es comprensible que vayamos a buscar saberes en otros seres: las plantas, los animales. Sus formas de organización, de resistencia, incluso, sus modos creativos y de cooperación. Eso es algo que podemos percibir en el Herbario de Rosa Luxemburgo”.

Un narciso, dos margaritas, dos anémonas son algunas de las anotaciones de su cuaderno XI del 2 de abril de 1915 al 15 de mayo del mismo año, desde la celda 219. Las reconozco familiares de los propios jardines y son un recordatorio, como toda su obra.

*Por Verónika Ferrucci para La tinta / Imagen de portada: Verónika Ferrucci.

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Palabras claves: herbario, Libro, Rosa Luxemburgo

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