“No, no me saquen de aquí, por favor, estoy demasiado tranquilo”: olas de calor y mascotas
Mientras los cordobeses buscamos alivio con ventiladores, aires acondicionados o ríos cercanos, las mascotas también enfrentan el calor extremo, adaptándose con lo que encuentran: un rincón a la sombra, una baldosa fresca o un charco de agua. En esta nota, hablamos con la médica veterinaria Pía Lozada, que nos da consejos prácticos para cuidar a nuestros animales y atender algunos signos que pueden indicar un golpe de calor. Este cuidado es cada vez más importante: los estudios del IIByT-CONICET muestran que, entre 2003 y 2022, casi la mitad de Córdoba sufrió noches cada vez más calientes, especialmente en las zonas más densamente pobladas, lo que demuestra que, frente al calor creciente, cada gesto de prevención y atención es fundamental para proteger la salud y el bienestar de los animales durante la temporada estival.
“Así es el calor”, decían Los Abuelos de la Nada en 1983. Pero no tenían idea de lo que era realmente. Van corriendo juntas y se dan un panzazo. En Estancia Vieja o en el Suquía —ahí cerquita del Panal, donde los 42 grados se sienten como 100—, la Chiqui Tapia y la China no lo dudan. Entran, salen, se centrifugan y mojan a alguien cerca. En la otra punta de esta bendita ciudad (con una de las islas de calor más grandes de Sudamérica), Manyin toma fresco bajo la sombra de la parra, se aleja de los demás seres vivos, se contornea sobre la tapia todavía transitable. El Locoto, en Villa Allende, espera poder lanzarse a la pileta y, si es posible, nadar un rato con la humana que lo materna. A su madre biológica, la Coyita, que no gusta del chapuzón, se la ve panza en barro, bajo el nogal.
“No, no me saquen de aquí, por favor”: como la banda de rock nacional en su canción, nuestros amigos cuadrúpedos imploran no ser molestados. Perros, gatos, cobayos, tortugas. Todos y todas buscando un símbolo de paz: la fresca, donde sea, es el alivio de los corazones.
Las temperaturas extremas del verano en Córdoba ya son una experiencia persistente que se intensifica año tras año y atraviesa todos los cuerpos que habitan la ciudad, humanos y no humanos. El asfalto supura, las noches no refrescan y el amparo de los árboles (en muchas zonas) es un bien escaso. Y mientras los humanos buscamos ventiladores, aires acondicionados o ríos cercanos, las mascotas hacen lo mismo con las herramientas que tienen a mano: una parra, una baldosa fría, un charco.

Los datos científicos confirman lo que se siente. En noviembre, un grupo de investigadores del IIByT–CONICET–UNC y de la Universidad de Clark (Estados Unidos), con financiamiento de National Geographic, publicó un estudio que analizó durante 19 años —entre 2003 y 2022— la dinámica temporal y espacial del calor urbano en la ciudad de Córdoba. A partir del uso de imágenes satelitales MODIS y Sentinel-2, el trabajo demostró que las temperaturas en la ciudad continúan en aumento, especialmente durante el verano y, de manera sostenida, durante la noche.
Entre los principales hallazgos, el estudio señala que, mientras en invierno la ciudad logra enfriarse, en verano se recalienta y que, durante la noche, Córdoba se va calentando a lo largo de todo el año. Las áreas más densamente pobladas registran los mayores aumentos de temperatura superficial terrestre, un fenómeno asociado al efecto de isla de calor urbano, provocado por la acumulación de edificios y cemento, y la ausencia de árboles. Entre 2003 y 2022, el 44,8% de la superficie de la ciudad padeció más calor durante la noche y un 12,8% lo hizo tanto de día como de noche.
Este proceso impacta en la salud de la población, en los ecosistemas y en la calidad de vida, y también, obviamente, pone en riesgo a los animales que conviven en los hogares. Para comprender cómo les afecta este contexto, desde La tinta, hablamos con Pía Lozada, médica veterinaria cordobesa. “Quiero ser médica veterinaria desde que tengo cuatro años”, cuenta. Actualmente, trabaja en la Veterinaria Le Cannet, en barrio Los Boulevares, y se dedica a pequeños animales, especialmente perros y gatos.
“Durante los días calurosos de verano, nuestros animales de compañía pueden sufrir golpes de calor. Los más propensos son los perros, ya que lo eliminan a través del jadeo, por vía respiratoria y no por la transpiración”, explica Lozada.
Cuando ese mecanismo de regulación se descompensa por temperaturas extremas o por exposición prolongada al sol, el cuerpo no puede regular su temperatura interna “y puede ser riesgoso para la vida de nuestros compañeros peludos. Esta situación es una urgencia médica y hay que actuar de manera inmediata”, subraya Pía.

La veterinaria detalla que algunos animales tienen mayor predisposición a sufrir golpes de calor como perros con obesidad, con problemas cardíacos, animales gerontes, cachorros y razas braquicefálicas como bulldog o pug.
Los signos de alerta incluyen:
- Jadeo excesivo
- Respiración agitada, rápida y superficial
- Salivación excesiva
- Encías rojas o azuladas
- Vómitos o diarrea
- Desorientación, dificultad para incorporarse o caminar
- Convulsiones
- Pérdida de conciencia
¿Qué podemos hacer para ayudarles? “Es fundamental enfriar su cuerpo con agua fresca, especialmente en abdomen, ingle, axilas y pulpejos de las patas. Ofrecer agua fría en pocas cantidades, ponerles un ventilador o abanicarlos para bajar la temperatura corporal, y llevarlos lo antes posible a su médico o médica veterinaria de cabecera, o a una veterinaria 24 horas”, indica la médica.
El control profesional es clave, ya que se puede poner en riesgo sus vidas, insiste Lozada y agrega que el eje central es la prevención. “Es fundamental ofrecerles a nuestros animales de compañía un ambiente seguro y acogedor. Asegurarnos de que tengan sombra, agua fresca disponible, un techo para refugiarse, comida diaria, evitar paseos o ejercicio en las horas de máximas temperaturas, no tenerlos atados y no dejarlos solos en la calle”, enumera. También recomienda refrescarlos con agua y asesorarse siempre con un profesional de confianza.
Está demostrado que, en Córdoba, el termómetro sigue subiendo y la ciudad acumula grados incluso de noche. Entonces, el cuidado de las mascotas —como Manyin, la Chiqui y la China— es un gesto de amor, pero también un gran compromiso. Poneles agüita en la vereda, dejalos que se queden cerca del turbo. “Y recordar que adoptar un animal es una responsabilidad muy grande y tenemos que asegurarnos de ofrecerles todo el cuidado que ellos necesitan, y en tiempos de crisis climática más”, concluye Pía.
*Por Soledad Sgarella para La tinta.
