La DAIA, una vez más contra la libertad de pensamiento y expresión
Algunas reflexiones acerca del comunicado que sacó la DAIA luego de la jura de diputados y diputadas de la Nación que hicieron alusión a un pedido de Palestina libre.
Por Cátedra Libre Edward Said de Estudios Palestinos para La tinta
La Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), que se presenta a sí misma como representante de la comunidad judía argentina, ha emitido una declaración condenando a los diputados que, al momento de jurar como tales, lo hicieron por una “Palestina libre, del río al mar”. Sostiene la DAIA que esa expresión es una «frase de odio», que llama al «aniquilamiento del Estado de Israel y de quienes lo habitan», “la eliminación de su población judía”, la legitimación del terrorismo, la hostilidad hacia los judíos, los valores democráticos y la convivencia plural.
JURA DE DIPUTADOS CON CONSIGNAS ANTISEMITAS
Expresamos nuestro más enérgico repudio a las declaraciones antisemitas de Romina Del Plá y Ariel Moreno, quienes pronunciaron en sus respectivos juramentos para la asunción de cargos públicos la frase “del río al mar”, consigna… pic.twitter.com/BUlZgq4Gsz
— DAIA (@DAIAArgentina) December 3, 2025
La declaración es una continuidad de la política de sus autoridades de formular denuncias judiciales por discriminación contra quienes condenan el genocidio de la población palestina por el Estado de Israel, comparando al sionismo con el nazismo, o de caracterizar públicamente el antisionismo como antisemitismo.
El gobierno CENSURÓ mi jura en la transmisión oficial y Lemoine me atacó por pronunciarme contra el genocidio hacia el pueblo palestino. Se ve que no les gustó mi remera, y por eso no salgo en el video.
Juré como diputada en defensa de los trabajadores, los jubilados, las… pic.twitter.com/UlXyqZL7C8
— Romina Del Plá (@RominaDelPla) December 3, 2025
La DAIA nunca convoca al debate público sobre estos temas. Procura, cual moderna Inquisición, limitar la libertad de expresión y hasta del propio pensamiento, generando pánico en la población. Recurre para ello a una reiterada trampa semántica consistente en identificar al sionismo con el judaísmo, de forma tal que toda crítica al primero pueda ser calificada como un ataque a la comunidad judía y, por lo tanto, perseguible penalmente.
De esta forma, ni el sionismo ni el Estado de Israel pueden ser objeto de críticas aun cuando sean responsables de todo tipo de crímenes de guerra y de lesa humanidad, como ya han admitido la Corte Internacional de Justicia y la Corte Penal Internacional.

El sionismo es un movimiento nacionalista surgido en Europa central y oriental a fines del siglo XIX, que se propuso crear un Estado para reunir en él a todos los judíos del mundo, del mismo modo que “los ingleses tienen a Inglaterra y los franceses a Francia”, al decir de sus líderes. Es un movimiento político, tan criticable como cualquier otro movimiento político ―el liberalismo, el socialismo, los muy variados nacionalismos― y el Estado que fue su fruto, el Estado de Israel, es tan criticable como Inglaterra o Francia.
Quienes se oponen a que pueda ser criticado y denuncian penalmente a los que lo hacen buscan infundir el miedo y la autocensura entre todos aquellos que reaccionan no contra la comunidad judía o el judaísmo, sino contra las bombas arrojadas sobre Gaza, las matanzas de palestinos en Cisjordania por los colonos que invaden esta tierra y, remontándonos en el tiempo, la limpieza étnica de Palestina en 1948 para conquistar por la fuerza ese territorio, expulsar a la mayoría de sus habitantes, negarse a su retorno y crear allí un Estado étnico excluyente.

Quienes identifican al judaísmo con el Estado de Israel y con el sionismo ―y, por lo tanto, con sus crímenes― promueven el sentimiento antijudío o judeofóbico ―mal llamado antisemitismo― porque las personas nobles sienten un justificado rechazo y expresan su condena a los bombardeos brutales que han matado a más de 70.000 personas, entre ellas, más de 20.000 infancias, herido a otras 200.000 y destruido todas las viviendas. Por el contrario, distinguir y separar al judaísmo del Estado de Israel y sus crímenes es la mayor contribución a la lucha contra la judeofobia en nuestro país y en el mundo.
La consigna “Palestina libre, del río al mar” no llama a la eliminación de los judíos ni alienta el terrorismo. Se relaciona con una vieja propuesta de los árabes de Palestina, sostenida durante décadas por sus organizaciones de liberación, de constituir en ese territorio un Estado laico, secular, plurinacional y plurirreligioso, que albergara a todos sus habitantes en igualdad de derechos, en contraposición a lo que el sionismo logró: un Estado religioso, excluyente, construido sobre la base de la expulsión de la población local y la negación de sus derechos, la más perfecta negación de la convivencia plural que la propia DAIA invoca en su comunicado.
En 1919, el Congreso General Sirio reunido en Damasco expresó públicamente su oposición a la creación de un Estado judío en la parte sur de Siria conocida como Palestina, declarando que “nuestros compatriotas judíos podrán disfrutar de nuestros derechos comunes y asumir las responsabilidades comunes”, convocando de este modo a la convivencia plural. Su llamado no fue oído y el mundo vive desde hace más de 100 años un estado de guerra y destrucción en Medio Oriente que pudo haberse evitado con una Palestina libre, del río al mar para todos sus habitantes.
*Por Cátedra Libre Edward Said de Estudios Palestinos para La tinta / Imagen de portada: Nicolás Parodi.
