Del armario a la calle: la primera marcha del orgullo en Córdoba
Este sábado, bajo el lema “Señor presidente, si la libertad avanza: ¿por qué nuestros derechos retroceden? MOOOR!”, marchamos para llenar de colores las calles de nuestra ciudad. Pero ¿cómo se gestó la primera marcha del orgullo en Córdoba? ¿Cuáles fueron las tensiones, negociaciones y conflictos que hubo que sortear? ¿Qué dicen algunxs de sus protagonistas 16 años después? Conversé sobre esto con Nadiha Molina, JM Burgos, Diana Fonss y Cysar Gallardo.
“A pesar de todos los pronósticos climáticos, la sequía generalizada y la termostática política, este sábado pasado, nuestra Córdoba de las campanas amaneció con un arcoíris radiante. Es así que la Marcha del Orgullo y la Diversidad se realizó con una convocatoria multitudinaria que contó con la presencia de miles de personas por el centro de la ciudad. Entre batucadas, fiesta, color, glamour, purpurina y plumas, se marchó desde el parque Las Heras hasta la plaza de la Intendencia, con más de cuatro cuadras de extensión”, dice una nota del suplemento Soy de Página/12 en 2009, que relata la primera Marcha del Orgullo y la Diversidad en Córdoba, nacida para descentrar el calendario y el porteñocentrismo con agendas y territorios propios. Si bien hubo antecedentes, es la edición de 2009 la que, por su alta visibilidad mediática y masividad en el espacio público, se instaló en la memoria pública como la primera.
La mesa organizadora se conformó en lo que se llamó Encuentro por la Diversidad, que abrió la convocatoria a organizaciones locales y nacionales. Nadiha Molina recuerda que esa marcha tuvo que ver con madurar la militancia y aprender de mesas nacionales: “Yo era la referente de ATTTA en Córdoba y cada año nos encontrábamos en Buenos Aires. Un día, en 2005, dijimos: ¿cómo Córdoba no va a tener marcha? Hubo intentos, pero siempre aparecía el arzobispado oponiéndose. Empezamos a crear estrategias: trabajar derogaciones contravencionales y sumar organizaciones. De esa confluencia, nació Encuentro por la Diversidad, que se volvió multisectorial porque reunía distintos partidos políticos y organizaciones”.


JM Burgos aporta otra escena: “Yo estaba conociendo la militancia y en ese momento se dio el encuentro el activismo de Devenir Diverse, con muchxs estudiantes que querían encontrarse, leer y producir conocimiento, y el activismo de quienes venían de las calles y los barrios con una formación y posicionamiento político muy interesante”. Un estudio de Hugo Rabbia y Tomás Iosa de 2011 con testimonios de la primera marcha explora cuestiones vinculadas a la visibilidad/invisibilidad, la fuerza de las redes sociales, particularmente Facebook, para comunicar y convocar. También registra las tensiones generacionales y de estilos entre quienes estaban en la cocina de la organización: algunxs eran más críticos y combativos porque venían del ámbito de la política territorial, quienes estaban vinculados a la militancia universitaria acentuaban la academia y la fiesta. “Más allá de las diferencias, entendimos que teníamos que organizarnos y armamos una agenda común de demandas”, dice Nadiha. Y JM Burgos agrega: “Había encuentro y apertura, y aun con las disputas, se podía conversar y articular. Fue un espacio de mucha rosca, actividades conjuntas y separadas, debates, críticas desde perspectivas distintas”.
La semana previa a la marcha contó con ciclos de cine, talleres y charlas. “Con Bruno Viera, dimos un taller de drag, proyectamos la peli Venus Boyz, llevamos ropa, pegamento, barbas, maquillajes y hablamos de masculinidades y expresiones de género. Había deseo de explorar el género que era como un objeto curioso, algo que queríamos pensar en nuestros contextos. Poníamos el cuerpo para pensar, sin enroscarnos con las categorías o el clóset, simplemente exploramos”, recuerda JM Burgos.


La visibilidad era problemática en aquellos años para algunxs por el estigma y las violencias, pero también una estrategia para impulsar demandas. “Esa oscilación visibilidad-invisibilidad era parte del juego y del deseo de leer, conocer y explorar”.
El 14 de noviembre de 2009, bajo la consigna “Iguales derechos y oportunidades para todos y todas”, se realizó la 1° Marcha del Orgullo y la Diversidad, cuya agenda incluía matrimonio igualitario, adopción, derogación del Código de Faltas y una ley de identidad de género integral.
“Yo, como mujer trans, militaba para caminar libre, que no nos llevaran presas por ir al súper, trabajar o simplemente circular”, dice Nadiha. La masividad y la presencia de referentes nacionales resultó de una articulación inteligente con el 3° Encuentro Nacional de ATTTA, una actividad impulsada por Devenir Diverse y la Federación, y un Encuentro de Mulabi. “Toda esa gente con gimnasia militante fue la que amontonamos para acompañar la primera marcha”. Hubo pluralidad en la participación de activistas de todo el país. “Me acuerdo que era una diversidad muy grande y fluida en términos de identidades sexogenéricas. Fue muy potente ese pasaje del armario a la visibilidad pública”, expresó JM.
El inicio tuvo una imagen inolvidable. “Claudia Pía Baudracco, impulsora de la Ley de Identidad de Género, fue quien abrió nuestra marcha con el sonido del Meco. Las travas como siempre, caraduras y aguerridas, estábamos al frente. Me acuerdo que, en una punta del puente, estábamos nosotras con todas las disidencias acompañándonos y, del otro lado, la infantería. Creo que pensaron que desistíamos, pero no les teníamos miedo. Cuando avanzamos, tuvieron que abrirse, acordonar y cortar el bulevar para que pasáramos. Y así arrancamos y copamos la General Paz. Terminamos en la plaza de la Intendencia, un lugar de encuentro de nuestra comunidad muy simbólico porque allí también están el Palacio Municipal y el de Justicia”.
En la organización de esa primera marcha, también hubo desacuerdos y conflictos con empresarios de los boliches gays que cristalizó en una situación que Nadiha rememora: “Los primeros que se hicieron eco fueron los boliches, pero no quisieron aportar nada ni ir a reuniones; y cuando íbamos a girar hacia la plaza, quisieron meter un camión. Entonces hicimos una cadena humana y los expulsamos, no les permitimos entrar. El tema para mí es que se llenan los bolsillos los 365 días del año con lo LGBT y después quieren estar con sus megacamiones, megasonido y megaescenarios sin aportar, ni siquiera simbólicamente. Y sus patovicas muchas veces nos daban palos, nos sacaban de los pelos y no nos dejaban entrar. Y la marcha es política”. La organización emitió un repudio por la falta de acuerdo y la violencia.

El cierre fue un festival en la plaza de la Intendencia. Diana Fonss, artista del colectivo, recuerda que fue convocada por la organización porque conocían sus shows en El Beep: “Yo estaba muy ilusionada en marchar. Hubo una convocatoria amplia de artistas. La única que marchó de ese grupo fui yo. Como vivía cerca, después de la marcha me fui a mi casa, me cambié e hice el show. El escenario era pequeño y precario porque, en ese momento, el gobierno no apoyaba este tipo de convocatorias. Años más tarde, cuando se dieron cuenta de que eso les sumaba votos, nos incluyeron”.
Para Diana, fue importante cuando pasó en bicicleta por el kiosco donde trabajaba, vestida de mujer maravilla. “Si bien yo no tenía problemas en mi trabajo por ser gay, pasar siendo yo, con otrxs que sentían lo mismo que yo, me llenaba de orgullo”. También recuerda a personas en sus balcones: “Me emocionó ver que había mucha gente que nos apoyaba”.

Cysar Gallardo marchó en ese 2009 y recuerda que había debates internos y que no eran muchxs en esa primera marcha (en relación con las actuales), pero “sabía que estaba siendo parte de un cambio muy fuerte que era que nuestro amor también pueda llamarse familia. Cuando al año siguiente salió la ley y me pude casar, que era un sueño que tenía, sentí que valió la pena estar allí marchando porque había crecido pensando que eso nunca iba a ser para mí”. En el recuerdo de Cysar, amar libremente, tener los mismos derechos y que la sociedad se acostumbre a “vernos” fue uno de los sentidos por los que él marchó esa primera vez.



Volver a esa primera marcha trae orgullo y emoción, pero también desafíos. Para Nadiha, “nos desordenamos por los posicionamientos partidarios y dejamos de trabajar la agenda común; olvidamos que nuestrxs adolescentes y jóvenes también son responsabilidad nuestra. Este contexto de retrocesos en derechos humanos tiene que servir para reflexionar qué es vivir con y sin esos derechos. Hay desgaste social con la confianza en los partidos y cada partido tiene que hacer autocrítica; si no mancomunamos una agenda en conjunto, se empieza a perder el sentido”.
Nadiha cree que la tarea es captar el interés de la militancia, formar nuevas referentas y trabajar en agendas comunes. “Cuando voy a la marcha hoy y veo la cantidad de gente que va caminando y apoyando al igual que lxs artistas que suben al escenario, siento que aquel 2009 valió la pena, que dejé mi huella”. Para JM Burgos, “en esa primera vez, torpe e inaugural, no tenía miedo, me sentía poderosa, sabía que estaba del lado correcto. Si algo aprendimos es que hay que poner el cuerpo, pasar del armario a la calle, decir y construir con otrxs”.
Este sábado 15 de noviembre, al igual que en aquel 2009, marchamos una vez más ―no sin conflictos y divisiones internas dentro del colectivo― para decir basta de discursos de odio que generan crímenes y violencias hacia nuestro colectivo, defender los derechos conquistados y poner el cuerpo por los que aún resta conquistar: Ley integral trans, Ley antidiscriminatoria, derechos laborales para trabajadorxs sexuales y Ley de VIH son, entre otras, las nuevas demandas que nos convocan.
*Por Lucas Leal para La tinta / Imagen de portada: Noe Gall.
