Hernán Letcher: “Debates hay, pero tienen que tener contenido concreto”

Hernán Letcher: “Debates hay, pero tienen que tener contenido concreto”
12 noviembre, 2025 por Redacción La tinta

El economista Hernán Letcher dialogó mano a mano con La tinta, en una conversación que invita a repensar los debates económicos del peronismo, que va y vuelve sobre una idea central: el trabajo como motor de reconstrucción nacional.

Por Lourdes López para La tinta

Hernán Letcher es contador público egresado de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y magíster en Economía Política de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Además, es director del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) que elabora informes que comparte gratuitamente con sindicatos y otras organizaciones. Llegó a Córdoba invitado por el Foro Sindical de la Mesa de Trabajo por los Derechos Humanos y fue el protagonista de una charla que tuvo lugar en la casa de la Confederación General del Trabajo (CGT), corazón de la manzana céntrica que alberga más de una historia en sus paredes. “Estar rodeado de todos estos monstruos no es fácil”, dice al mirar las relucientes placas doradas que homenajean a Agustín Tosco y su legado, apenas dos días después de cinco décadas de su fallecimiento. 

Abre el micrófono y las dudas comienzan a surgir: ¿a dónde vamos? ¿Tenemos futuro? ¿Qué país es pensable? ¿Los sindicatos tenemos futuro ante la reforma laboral?

—Pareciera, Hernán, que en el aire flota cierta estabilidad. Al menos, un espejismo de calma. ¿Cómo ves el próximo tiempo del gobierno?

—Sí, puede ser que haya una sensación de estabilidad, pero yo la llamaría estabilidad en suspenso. El gobierno tiene que definir muchas cosas todavía. Veo inconsistencias importantes: en lo cambiario, porque no está saldado el problema de la cuenta corriente ni se sabe cuál es la hoja de ruta; y en lo monetario, porque no está claro cómo se va a remonetizar la economía ni hasta qué punto. Todo eso determina la tasa, el tipo de cambio, el movimiento de la economía.

Pero lo central, me parece, es qué le pasa a la gente. Escribí hace poco en Página/12 una nota que se titulaba: “¿Y a mí cuándo me toca?”. El resultado electoral muestra que no nos está yendo bien en términos materiales. Hay expectativa, sí, pero no necesariamente mejora. Y cuando uno mira hacia adelante, surgen dudas. No veo preocupación del gobierno por cómo le va a los argentinos ni coherencia en el programa económico.

Podés contener el tipo de cambio y ordenar algunas variables macro, pero si eso no se refleja en los salarios reales, el consumo, el empleo, entonces no hay ciclo virtuoso posible. No alcanza con que los números cierren: tiene que cerrar la vida de la gente.

Letcher habló durante una hora y media sobre las dificultades serias que advierte en el plan económico del Gobierno nacional. No son novedades, hasta los economistas abanderados de la ortodoxia esgrimen sus preocupaciones. “Hay una anécdota graciosa, hubo un fin de semana en que Letcher, Cavallo y Melconian decíamos lo mismo ―se ríe―. Cuando lo dije yo primero: ‘Ah, no, kuka, imposible’”. La docencia universitaria se le escapa a Letcher de las manos cuando trae sus diapositivas una y otra vez a colación. Preguntarse por un proyecto de país en tiempos de crisis no puede estar en discusión, debería ser lo imperante ante una sociedad que se desgrana en sus valores más elementales. 

—Durante la charla, dijiste que “lo político precede a lo económico”. ¿Qué debates creés que el campo nacional y popular todavía no está dando?

—A veces se dice que “no estamos dando los debates necesarios”, pero yo no estoy tan seguro de eso. Me parece que debates hay y muchos, a veces hasta a las trompadas. Lo que falta es sustancia. Falta que esos debates tengan contenido y horizonte. No soy muy fan de los rótulos ―»peronismo», «progresismo», «nacional y popular»―.

—¿Por qué?

—Porque están bastardeados. Me preocupa poco la etiqueta. Lo que sí me preocupa es que no estemos convenciendo. Milei tiene mucha potencia en el uso de ciertas herramientas de comunicación y logra instalar que el que piensa distinto es un enemigo. No inventó nada: hace lo mismo que Trump. Pero lo hace bien. Entonces, o nos quedamos esperando que la realidad lo desmienta —cuando la gente empiece a sentir que le va mal— o hacemos algo. Yo prefiero hacer.

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Hay que trabajar sobre una propuesta de país que sea vivible, un país donde dé ganas de quedarse. Sin atajos, sin vender humo. Pero con un horizonte que entusiasme. Yo quiero una Argentina sin inflación, con orden macro y cambiario, pero también una Argentina seria, que no le pegue a los jubilados ni a las personas con discapacidad ni tire al 40% de su gente por la ventana. Eso no es realismo, es crueldad. Y yo no quiero una economía que funcione a costa del sufrimiento.


—¿Y cómo se construye ese “hacer algo”? ¿Dónde se milita hoy esa alternativa?

—Desde todos lados. Desde la comunicación, desde la militancia territorial, desde los espacios donde laburamos. Yo lo hago desde San Martín: estudiando, dialogando, tratando de convencer gente. 

—¿Se puede convencer? Pareciera que el peronismo eso hoy no lo está pudiendo hacer…

—Sí, claro que se puede. Yo he convencido gente. Y no te voy a mentir: a veces es hostil. Me han dicho directamente que no deberíamos existir por pensar distinto. Pero la mayoría de los argentinos quiere vivir mejor y eso no tiene que ser una utopía. Los proyectos políticos que valen la pena ofrecen una vida mejor y eso el peronismo supo hacerlo. Lo que pasó en los últimos años fue muy malo y se perdió esa capacidad de prometer con sustancia. Hay que reconstruirla, con trabajo y con nuevas caras, pero también con ideas que vuelvan a emocionar. Ninguna de esas cosas por sí sola alcanza.

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Un punto sensible alcanzó el diálogo: el peronismo y sus internas, una última gestión con pésimos números inflacionarios y la sensación de una oportunidad perdida. La derrota electoral de octubre deja, sin dudas, desarmado nuevamente al espacio de Fuerza Patria que pareciera volver a tirarse con misiles intrapartidarios. 

—¿Unir a toda costa o trabajar a toda costa?

—Trabajo a toda costa. Porque unir sin sustancia no sirve. Lo que necesitamos es síntesis. Capacidad de ordenar, de administrar los egos, los intereses, los sectores. Yo encontré en mi militancia una forma: poner siempre el desafío hacia adelante. Si hay un desafío compartido, eso ordena. Y sí, hay que laburar. No hay otra palabra. Tenemos que dejar “la vagancia”. Lo digo así, con toda la intención. Hay que laburar y mucho. No le tengo miedo al debate ni a pensar distinto. Lo que me preocupa es que no haya contenido detrás. Si discutimos modelos de país, está perfecto. Si discutimos por discutir, eso no nos lleva a nada. 

Porque, al final, no hay redención sin trabajo.

*Por Lourdes López para La tinta.

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Palabras claves: Economía y Sociedad, Javier Milei, peronismo

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