De cara a las legislativas de octubre: ¿cómo votará Córdoba, el bastión de Milei?
A pocos días de las elecciones legislativas de octubre, el clima político argentino se complejiza. La crisis económica, los escándalos de corrupción y una sensación extendida de agotamiento marcan un escenario donde el oficialismo muestra signos de desgaste y retroceso. Córdoba se vuelve un distrito clave, donde se cruzan proyectos políticos diversos, siendo uno de los bastiones principales que el presidente intenta sostener. La politóloga Nayet Kademian reflexiona sobre el presente del gobierno nacional, el mapa cordobés y la transformación de las sensibilidades juveniles frente a un panorama político en plena reconfiguración.
Por Rocío Daghero para La tinta
Las elecciones de medio término de octubre impactan en Córdoba con potencia. La segunda provincia más poblada del país llega a las legislativas con 18 listas por 9 bancas de diputados nacionales. Según las encuestas, Schiaretti se posiciona primero con el 33,3% de intención de voto, seguido por Roca con 23,7% y De la Sota con 10,6%.
Es la primera vez, que todo el país usará boleta única para este tipo de cargos. Juan Schiaretti compite encabezando la lista de Provincias Unidas, y Natalia de la Sota va con Defendamos Córdoba, quedando así dividido el peronismo cordobés. La Libertad Avanza encabeza con el outsider, Gonzalo Roca. El diputado nacional, Pablo Carro, busca renovar su banco con Fuerza Patria; la lista de la Unión Cívica Radical está encabezada por el ex intendente Ramón Mestre y el Frente de Izquierda Unidad lleva a Liliana Olivero. Aurelio García Elorrio es candidato de Encuentro por la República; el PRO presentó una lista independiente con Oscar Agost Carreño a la cabeza y Agustín Spaccesi, se despegó de la gestión del Gobierno nacional para presentar su candidatura por el Partido Libertario. La lista Ciudadanos está encabezada por Héctor Baldassi; el Nuevo Más lleva como candidata a Julia Di Santi y el influencer Stefano López Chiodi lidera el Frente Federal de Acción Solidaria. Rodolfo Eiben lidera el Partido Demócrata; mientras que Política Abierta para la Integridad Social lleva primero en su lista a Edgar Bruno y Alfredo Keegan se presenta con su partido Acción para el Cambio. Finalmente, Juan Saillén encabeza la lista de Fe; la Unión Popular Federal inscribió a Mario “el Sapo” Peral y la Alianza Córdoba te quiero conducida por Julio Lucero.
En un distrito donde el peronismo local viene gobernando con determinación hace ya varios años y en donde La Libertad Avanza encuentra uno de sus principales apoyos a nivel nacional, la candidatura de Natalia viene a reconfigurar el panorama político electoral. Este escenario plantea una carrera competitiva y fragmentada, donde el presidente se juega su principal bastión.
Nayet Kademian es politóloga y, en diálogo con La tinta, describe la coyuntura política de cara al domingo electoral de octubre.

—Venimos atravesando un momento político complejo marcado por tensiones sociales, cierta desconfianza, incertidumbre, escándalos de corrupción en el oficialismo nacional, etc. ¿Cómo creés que esto impacta en los votantes naturales de La Libertad Avanza? ¿Podría traducirse en una baja de apoyo, tanto en provincia como a nivel nacional?
—Desde que Milei asumió, se observa una caída sostenida en su nivel de imagen. Hoy, los distintos sondeos muestran que el gobierno tiene cerca de un 60% de imagen negativa. Hablando puntualmente del votante de La Libertad Avanza, lo que empezamos a ver es que esa efervescencia que tenía Milei bajó. Una muestra de esto fue la elección en la provincia de Buenos Aires, donde el presidente, en alianza con el PRO, perdió votos. Antes, el voto libertario era transversal, se lo veía en distintos sectores socioeconómicos. Pero ahora, sobre todo en los de ingresos más bajos, hay un desencanto producto de la crisis. Los salarios no alcanzan, el poder adquisitivo se deterioró y eso erosiona su apoyo. A esto, se suman los escándalos de corrupción —como el de Espert y los vínculos con el narcotráfico— que terminan de golpear la imagen del gobierno.
Esa característica que tenía Milei, que representaba la rebeldía, la revolución, se empieza a perder. Deja de ser “copado” robarle a una persona con discapacidad, no es copado justificar jubilaciones de miseria, no es copado tener un candidato vinculado al narcotráfico. Con más nitidez, se empieza a observar que el presidente propone una especie de identificación con la crueldad con la cual los jóvenes, sobre todo, no están alineados y nunca lo estuvieron. Hoy, 6 de cada 10 argentinos tienen una valoración negativa del Gobierno nacional y la transversalidad que tenía a nivel social se comienza a perder. Pareciera que hoy se quedó con un votante de ingresos más altos.
—Yendo más a lo local y teniendo en cuenta factores como la división del peronismo y la candidatura de Gonzalo Roca para La Libertad Avanza, ¿cómo describirías el clima político actual en la provincia de Córdoba? ¿Qué elementos te parece que siguen estructurando hoy la identidad política cordobesa?
—Desde el Gobierno nacional, se busca instalar que “Córdoba es la provincia más liberal del país”. Yo diría que hay que matizar esa afirmación, el cordobés puede ser muy antikirchnerista y liberal en lo económico, pero es progresista en lo social y cultural. Hay valoraciones positivas respecto al sostenimiento de la educación pública, la cultura, la obra pública. Esto entra en tensión con la propuesta que hoy representa el Gobierno nacional. El 74% de cordobeses que votaron a Milei en su momento no necesariamente están de acuerdo con que se abandone a las personas con discapacidad, a los jubilados o a los estudiantes. En este punto, la sociedad argentina, en general, y la sociedad cordobesa, en particular, son más maduras que el programa libertario que propone el Gobierno nacional. Siempre me gusta recordar que Milei fue votado a pesar de sus propuestas, aunque es real que la imagen positiva del presidente en Córdoba es un poco mayor que el promedio nacional.
En momentos de baja participación, tanto a nivel provincial como nacional, las elecciones se definen por los electores que se movilizan. En este punto, creo que hay una diferencia respecto al 2023: Milei ya no tiene más el monopolio del enojo con el orden de las cosas, hoy eso está más difuso y también hay electores muy enojados del otro lado. Sin embargo, esto no se traduce linealmente en que haya una voluntad de “volver atrás”. A nadie seduce ya la promesa de restitución de la vieja estatalidad perdida. En Córdoba, la novedad es que a una parte importante de ese enojo lo capitaliza hoy Natalia de la Sota, que logró desplazar al kirchnerismo o espacio “Fuerza Patria”.
—Se reconoce a nuestro distrito “cómo uno en los que Javier Milei conserva más mística y músculo militante”, y sabemos que el presidente elige a Córdoba para llevar adelante sus actos de campaña. ¿Qué lectura podés hacer entonces de la composición del voto cordobés? ¿Córdoba sigue siendo el bastión electoral del presidente?
—Históricamente, el cordobés votó distinto en elecciones provinciales y locales que en nacionales. En el último tiempo, optaba por el cordobesismo, Provincias Unidas en elecciones locales, provinciales y, a nivel nacional, iba por las opciones que mayor posibilidad tenían de competirle al kirchnerismo. El votante cordobés no es antiperonista, es profundamente antikirchnerista. Hoy me parece que esa identificación está un poco difusa porque Cristina está presa. En las presidenciales de 2023, la disyuntiva estaba más clara, era Milei o Massa (el ministro de economía del gobierno de Alberto Fernández). Hoy, la oposición es más difusa, el gobierno perdió resultados y confianza.
—En esta elección, ¿cómo se conforma el voto joven cordobés y qué orienta hoy las sensibilidades políticas de las juventudes en la provincia?
—Hay una fuerte sensación de decepción entre las juventudes, tanto en Córdoba como a nivel nacional. No hemos atravesado ciclos virtuosos de crecimiento sostenido ni de inclusión y eso genera desafección. La política aparece difusa, cuesta entender las propuestas y todo está mezclado por el fenómeno Milei. En un país sin crecimiento, con precariedad laboral y pocas oportunidades para independizarse, la política termina viéndose más como un obstáculo que como una herramienta de cambio. El joven cordobés, en general, es liberal en lo económico, pero progresista en lo social y cultural, y ahí aparece el “shock” con Milei. Él llegó al poder con un núcleo duro de varones jóvenes identificados con su programa, pero incluso dentro del espacio libertario, hoy se ve una juventud más crítica, un entusiasmo que bajó por falta de resultados.
En términos más amplios, la juventud se siente representada por causas antes que por figuras: equidad de género, diversidad, ambiente, derechos humanos. Milei generó una ola de participación política joven, pero, fuera de esos núcleos duros, prevalecen lógicas más movimientistas. Esta generación, que canalizó esperanzas en él, se topa ahora con un modelo económico limitado. El desencanto con la política partidaria se monta sobre los fracasos económicos de las últimas décadas. No es desinterés, sino una frustración que en la juventud se hace más visible.
—¿Qué creés que está en disputa en Córdoba este octubre?
—Creo que esta elección no se trata solo de ponerle un freno a Milei, sino de definir cómo se configurará el nuevo polo no kirchnerista que le compita en el futuro. La elección en Córdoba posiblemente definirá quiénes serán los grandes jugadores a nivel nacional en 2027 y a nivel local, donde se renueva la intendencia y el gobierno provincial.
*Por Rocío Daghero para La tinta.
