Los clubes de lectura, una trinchera que no para de crecer contra el apuro de la época 

Los clubes de lectura, una trinchera que no para de crecer contra el apuro de la época 
16 octubre, 2025 por Verónika Ferrucci

Mensuales, con suscripción, a la gorra, gratis, entre amigues o gente que se conoce leyendo, presenciales y virtuales, temáticos, en bibliotecas o librerías. El universo de los clubes y talleres de lectura es tan amplio y diverso que es mucho más que una moda. Surgen como novedad en tiempos de dispersión en la lectura y falta de espacios colectivos para la rosca literaria o tan solo el encuentro.

Hace un tiempo que me aparecen reels sobre la moda de mostrarse leyendo. No de leer, sino de mostrar que se lee. El neologismo para esto es performative reading, lo que significa fingir leer en lugares públicos para parecer más atractivos e interesantes. Particularmente, varones hacen las veces de deconstruidos para proyectar una imagen intelectual o atractiva. Parece que la generación Z valora los libros como accesorios y símbolo de atractivo más que de inteligencia, dicen varias notas sobre el tema. “Y no todos los libros valen. Cuanto más sesudo, mejor”, dice uno de los tantos reels. Es absurdo, pero también es parte de las tendencias que son efímeras y vacías, y que circulan entre una minoría.

Siempre hubo comunidades lectoras, en bibliotecas sobre todo, pero ahora tiene otra visibilidad y masificación. El marketing influenció el sector de los libros y creó nuevas experiencias, incluso las editoriales ya brindan ofertas como las fiestas de lectura o las citas para leer en silencio con desconocidos en parques, librerías, conocidas a nivel mundial como silent reading parties, donde se dedican a leer una hora y después interactúan. En la virtualidad, existen comunidades de influencers que están surgiendo por la adaptación a las plataformas digitales que más usamos, están BookTube, BookTok y Bookstagram, algo así como un cambio de los blogs a las redes sociales.

Con los dispositivos de uso diario, como los celulares, estamos constantemente leyendo, el tema es: ¿qué leemos ahí? Tuits, correos, sitios web, mucho mensaje de WhatsApp, posteos de Instagram, libros electrónicos, etc. Preferimos ―a gusto del algoritmo― imágenes y videos cortos por sobre lecturas prolongadas, también nos cuesta terminar textos completos. ¿No les pasa que se sientan un rato a leer un libro y tienen el impulso de revisar a cada rato el celu? “La lingüista Maryanne Wolf afirma que una gran parte de los lectores actuales no puede leer una hora seguida. Las plataformas digitales están diseñadas para interrumpirnos, notificaciones, estímulos breves y compulsivos, contenidos calibrados para enganchar antes que reflexionar”.

Contra la corriente liviana de la época, los grupos, clubes y talleres de lecturas no paran de crecer. Los hay de muchos formatos, temáticas, también de muchas «celebrities» que hacen recomendaciones en sus redes, las cuentas book influencers con sugerencias. En la pandemia, hubo un boom de clubes de lectura, como el de Dua Lipa que, además su brillante carrera musical, ama los libros. En 2022, lanzó su plataforma editorial, «un servicio de conserjería de estilo, cultura y sociedad”, gratis. Ahora tiene un podcast en Spotify y su Instagram Service95, donde comparte libros y conversa con autores. Menciono este ejemplo porque, aunque en inglés, es interesante cómo una artista que produce un género musical de masas y tiene una gran llegada a jóvenes crea un fandom también a través de la lectura.

Los clubes de lectura, más que una moda, se han vuelto un espacio de refugio. Conozco dos experiencias cercanas de lecturas grupales y conversé con quienes las impulsan. 

“Crear comunidad” 

“En el club, conectamos desde otro lugar, lejos de las redes y lo superficial. Cada encuentro es como un miniviaje, la lectura te hace pensar, sentir, aprender cosas nuevas. Es un refugio y un punto de encuentro entre tanto desencuentro”, dice una participante del club de lectura que coordina Martina Fernández en Alta Gracia, que comenzó en julio de 2023, cuando, trabajando como librera y junto con el dueño, empezaron el club. “Se armó un grupo que se sostiene hasta hoy, leíamos un libro por quincena. Por cuestiones económicas, leemos uno por mes. El objetivo siempre fue tener un espacio-refugio en donde dedicarle unas horas a la lectura, el debate y el descubrimiento de autores”. Quienes participan de esta propuesta coinciden en definir al club como un cobijo y un tesoro. “Estar en el club me arraigó a esta ciudad, me sentí menos extranjera, después de 33 años viviendo muy lejos de aquí, hice lazos desde el placer por leer”, dice otra de las integrantes. 

Martina tiene 26 años y estudió Letras en la UNC. En abril de este año, comenzó con una librería online de títulos recomendados, La curaduría de Mirta. “Desde ese espacio, organicé un segundo club que se hace todos los miércoles en mi casa. Me decidí a hacer crecer esta movida porque la literatura atraviesa mi vida completa y me gusta encontrarme con personas compartiendo lecturas y debates en comunidad”. 

Para ella, la oferta de los clubes de lectura viene de la mano de dos cuestiones: “Por un lado, el incremento de uso del celular. Hasta no hace mucho, internet estaba en la compu de escritorio, te sentabas, posteabas algunas fotos, chusmeabas algunos eventos en Facebook y listo, te ibas a vivir. Ahora estamos online desde todas partes y es muy difícil escapar de algo que está diseñado para captar nuestra atención de manera constante. Y eso acarrea como consecuencia una pérdida de interés en los libros o dificulta destinar tiempo a ellos. Por otro lado, hay una situación global que no podemos pasar por alto y es el avance ideológico fascista que produce un clima cotidiano hostil y fomenta la instalación del individualismo como modo de vida. Convocar a la participación de espacios comunitarios donde la propuesta sea sostenernos frente a la agresividad del sistema, hoy más que nunca, es sustancial”.

Cada integrante que se suma al club confirma la importancia de construir conversación de modo presencial, detenerse en torno a un texto y, sobre todo, sostener cada viernes es una forma amorosa y colectiva de resistir por un rato a la digitalización de la vida. 

Leer, escribir y resistir 

Las invitadas es un taller literario con una pata presencial en Río Cuarto y otra virtual, con encuentros sincrónicos y asincrónicos, que nació de las obsesiones y el amor por la literatura argentina y latinoamericana de Camila Vázquez, que lo gestó en 2018. Esa fecha, me dice, es clave por la identidad de pensar a los feminismos como un modo de lectura. “En la academia, se estudian sobre todo varones y, si bien en el último tiempo eso cambió, cuando yo fui estudiante no era así. En la literatura argentina, parecía que las mujeres éramos una cosa hecha de éter, que los hombres proyectan. Nos hemos inscrito de algún modo tardíamente en la cultura por lo que ha significado la fuerza del patriarcado en el orden social. Las mujeres y disidencias no hemos participado igual comparativamente con varones. Un poco por eso, mi selección es de autoras de un pasado no tan lejano, del siglo XIX y mediados del XX, que dialogan con autoras del presente”. 

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Imagen: Las invitadas.

Cami es licenciada en Lengua y Literatura de la Universidad Nacional de Río Cuarto, y docente en terciarios. En esta propuesta que coordina hace siete años, hay tiempo para pensar, para leer, para discutir miradas sobre un texto, para construir otras lecturas a las oficiales y tiempo para escribir. “La gente tiene ganas de leer colectivamente y también de escribir. Me encuentro con lectoras impresionantes, otras que están escribiendo cosas buenísimas”.

Comenta que es en Río Cuarto y que, para ser una ciudad chica, hay una escena literaria activa, hay muchas propuestas de talleres de escritura, de poesía, en bibliotecas populares, en salas de arte, en museos. Bromea diciendo: “Levantás una piedra y sale un taller. Después de la pandemia, todo es un curso y cualquiera ofrece un taller con una lógica mercantil, donde aprendés rápido, fácil y para todxs, lo cual es engañoso. Hay algo coyuntural de la precarización laboral, de vender todo y, al mismo tiempo, hay otra cosa que excede esa lógica y que es hermosa, y que es lo que a mí me lleva a dar el taller, que es uno de mis trabajos”. 

También hay algo de la ansiedad de la época, “todo tiene que ser breve, nos tiene que gustar y tiene que ser fácil de entender. La literatura no es como entender una receta de cocina, se entiende de otro modo porque genera efectos en el cuerpo, asociaciones, múltiples sentidos. El momento de leer no es solo cuando estoy frente al texto, sino cuando estoy elaborando un sentido en relación, como decía Barthes. La lectura es eso que pasa cuando levanto los ojos del libro, un poco eso, pero juntas. Hacer propia la lectura, construir el propio sentido, pero grupalmente, que es un contrasentido en estos tiempos”.

Para ella, los clubes de lectura, los talleres tienen un rol fundamental en la cultura y es allí donde se puede disputar qué y cómo leemos. “Yo desconfío de esos oxímoron ‘nadie lee’ o ‘ahora la IA va a terminar con la literatura’, me parecen muy fatalistas. Si bien el panorama cambió en muchos sentidos y, en Argentina particularmente, hay un vaciamiento en cultura, yo tengo confianza en que hay algo más que todo este apocalipsis que nos viven contando”.

*Por Verónika Ferrucci para La tinta / Imagen de portada: Las invitadas.

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Palabras claves: club de lectura

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