Nación trava: memoria, ternura y venganza en escena
En este paréntesis, conversé con Carmín Lupe y Gemma Ríos, artistas travestis que hace once años recorren escenarios con humor, poesía, cumbia y tragedia con Carmelitas Clown y La Simbiótica Cumbia. Mientras nos dicen que el arte es lo primero que sobra cuando arrecia la crisis, ellas insisten en lo contrario: un trabajo autogestivo que mezcla música, clown y teatro para interpelar la cultura y cuestionar las normas de género. En un país donde todo parece urgencia y se nos quiere convencer de que el arte es prescindible, recuerdan que el arte también sostiene la vida.
Tenemos una geografía que se porta en la piel,
porque el orgullo de habitar un territorio que los demás ven como enemigo,
es nuestra mejor forma de extender esas fronteras.
Morena García
Recientemente, en una nota a un medio platense, La Ferni, cantora popular trans no binaria, afirmó que “en el arte encontramos herramientas poderosas y bellas a la vez para dar la batalla cultural”. Es que, en medio de un contexto político en el que se ponen en debate nuevamente los derechos del colectivo LGBTIQ+, el arte emerge, una vez más, como ese lenguaje creativo y contundente para ampliar horizontes, construir nuevos relatos y refundar sentidos desde un compromiso político. Dice Susy Shock que el arte permite nombrar el mundo, dar palabras y voz propia, y afirma: “Ha sido muchísimo más generoso que el mundo heterosexual, el arte me ha dado las herramientas que el mundo heterosexual me sigue y nos sigue negando”.
Hay una utopía, de otra nación posible, la que Morena García llama «la nación trava«, donde “la única frontera es lo paki”, donde se construye “de la nada un todo”, “se expanden fronteras”, “se materializan encuentros” y se producen “saberes de arte y comunidad a través de las políticas del cuidado”. Por eso, el arte que nace de las disidencias sexuales aparece como una forma de rebeldía que expone las fisuras de ese sistema que excluye otras identidades, cuerpos y deseos.
1. “Sabían que al conocerse tendrían un contrato de convivencia, una especie de alianza para protegerse de sus distintas huidas…” (Gemma, poesía)
Carmín y Gemma, mientras actúan, cantan, siguen el guion o improvisan, se miran y ríen. Y quien las ve desde fuera, como me pasó, intuye una conexión particular que viene dada por la complicidad: “Sí, hay una complicidad. Nosotras no nos damos cuenta porque una lo está viviendo en primera persona y es algo que quizás no te parezca, lo sentís, lo vivís, pero no sos tan consciente como quien lo ve de afuera”. Quizá no solo sea por el vínculo gestado en el tiempo, sino también por la experiencia de ser “su propio objeto de arte a crear», como diría Marlene Wayar. Con su presencia en escena, desafían identidades, cuerpos y deseos en términos políticos.
Se conocieron cuando aún eran maricas y militaban en Varones Floreciendo y Varones Antipatriarcales, y en una varieté comenzó su historia. “Estaba la Susy Shock, fue un día re mágico, el lugar estaba estalladísimo de gente, explotaba y afuera no paraba de llover (…) Ahí estuvimos sosteniendo la varieté y cuando terminó, dijimos nos gustó”, comenta Carmín. Ahí sintieron la conexión desde el humor y la complicidad en la improvisación, y empezaron a invitarse mutuamente a actuar juntas en distintos lugares de Capital y provincia de Buenos Aires. Gemma afirma que era un tiempo en el que, si bien los feminismos comenzaron a ocupar lugares, ellas tuvieron que hacer fuerza para empezar a habitar espacios por fuera de los discursos de “los machos” que ya empezaban a perder su auge. Así nace el proyecto Carmelitas Clown que, en la actualidad, también reúne a Anika Bartolomé y Aleja Zannini.

2. «La Lorca es nuestra, por marica, fusilada y comunista» (Carmelitas)
A través del humor y la actuación, Carmelitas despliega obras que visibilizan las problemáticas de las identidades travestis y disidentes sexuales desde una perspectiva política y ética. Esa mirada, como explican Gemma y Carmín, no es fija, sino que fue “mutando” con los años. El contenido surge muchas veces de la improvisación y del humor, porque reírse de la realidad, explican, es una forma de desnaturalizarla y construir otra(s) realidad(es) como estrategia de interpelación política.
En Flor de piel, por ejemplo, el célebre “banquete humano” invitaba al público a comer sobre los cuerpos para hablar de los cuerpos deseantes y del ser deseadas, en abierta desobediencia erótica a la moral tradicional. Esa misma búsqueda atravesó Vestigios y varios números de varieté, donde retomaron a Medea para denunciar el rol de las “malas víctimas”: “En la actualidad, los medios, las redes sociales y el sentido común construyen sobre identidades como las travestis o las feminidades la culpabilización o responsabilidad de ciertos hechos, como sucedió con el triple feminicidio de Brenda, Morena y Lara”.
Otro ejemplo es Travesía, que tuvo dos versiones. En la primera, Yerma era una travesti que no podía tener hijxs y la obra narraba la vulnerabilidad de estar solas en la calle: “Una de las dos la dejaba sola y la otra se volvía loca porque tenía miedo (…) Hablábamos de algo tan simple como estar acompañada en la calle porque sabemos que afuera nos quieren muertas”. La segunda versión, Yerma Bodas de sangre, se convirtió en homenaje a Federico García Lorca: “Le decimos la Federico y decimos esta loca nos pertenece por marica y por fusilada, por comunista. La Lorca es nuestra”, afirma Gemma.
En su última obra, “Conflagración, una tragedia travesti”, sostienen que “se metieron en el drama de lleno”. En esa obra, dos travestis, hermanadas por la supervivencia, se despiden al borde del afecto y la ira. Mientras una de ellas elige quemar todo lo vivido, la otra se aferra al pasado con un ritual trágico que convoca memoria y renacimiento. Es la primera vez que las dirige otra persona, David Piccotto, con un texto de Guillermo de Santis y sus propios aportes también. Esta obra se estrenará el primer fin de semana de octubre.
Desde un lugar no solemne ni ortodoxo, construyen sus obras fusionando la improvisación, el teatro y la música, aportan una mirada concreta sobre el mundo y usan el escenario como un espacio para denunciar y resignificar las tragedias personales y colectivas. Así, cada obra se convierte en una oportunidad para interpelar al público y dar visibilidad a las problemáticas que atraviesan a la comunidad.


3. En medio de tanta desazón, bailemos, ¡hagamos fiesta! (Carmín)
La Simbiótica nace en los inicios de este gobierno libertario, en el verano de 2024, en San Marcos Sierras, como un encuentro para dar un respiro a la realidad asfixiante que se vivía. Fue una cumbia de Ayelén Beker, la conocida Gilda de las travas, llamada “Amor paki”, la que inspiró el inicio de esta simbiosis. En este proyecto, se unen Carmelitas y el dúo Danileja para hacer cumbia con el propósito de hacer de la alegría y la fiesta una herramienta más de resistencia frente al empobrecimiento post pandémico y el avance del fascismo: “Ya notábamos que nuestra realidad iba a cambiar mucho y fue una forma de reivindicarnos como personas con derecho al disfrute, al placer, a la alegría, al goce, a la fiesta. Frente a un contexto que promueve el odio hacia las existencias LGBTIQ+, la respuesta fue, en medio de tanta desazón, bailar, hacer fiesta”.
El nombre de la banda tampoco es azaroso: la simbiosis hace referencia a una asociación de personas o especies con un fin benéfico común. “Somos simbióticas porque nos necesitamos, se necesita la simbiosis para sobrevivir, para hacer mutuales o hacer parasitismo”, afirma Gemma. La Simbiótica, entonces, no es solo una banda de cumbia, sino un cruce performático de poesía, humor y música. Esta es una forma concreta de resistir y ocupar un lugar político.
4. La escritura y la música también tienen caminos personales
Gemma Ríos hilvana teatro y literatura desde una biblioteca propia: El veneno de estas guachitas (2020), Andrógina (2021), entre otros. Dice que lo descubrió “de grande” y que le viene de familia: “Mi abuelo paterno actuaba y también escribía; él fue una influencia y una inspiración”. Su escritura, afirma, “nace de la denuncia, de la frustración de no entender este mundo, de sentirme excluida”, y se integra a escena en los distintos shows porque defiende la importancia de la “palabra leída”. Los libros “tienen un viaje personal, distinto de la actuación, llegan de otro modo a cada lector”. Escribir “desde el ser travesti” puede ser incómodo, pero abre representaciones y genealogías que faltaban; la actuación hoy la convoca más, pero la palabra —como legado y trinchera— no deja de empujar.
Carmín, por su parte, comenta que hoy gran parte de su energía está puesta en Carmelitas y La Simbiótica, pero también tiene un camino propio en la música. En Buenos Aires, trabajó de forma interpretativa y empezó a componer temas propios, desde una clave teatral mezclada con humor y juego. Le divierte explorar repertorios de los 90, boleros, folklore y rock, en un registro más íntimo y personal: “Algo más mío, que disfruto mucho”. Con su amigo guitarrista Ray Berti, está preparando sesiones en vivo para YouTube, pequeñas piezas que le permiten seguir en contacto con esa faceta creativa que complementa —sin opacar— su entrega principal a la actuación.

5. “Somos inquietas, la estrategia es el movimiento”
Susy Shock afirma: “El éxito para nosotras tiene otro nombre: se llama comunidad”, y así también, de alguna manera, lo describen Gemma y Carmín cuando sostienen que, en este tiempo donde el capitalismo pondera el individualismo y lo unipersonal diciendo “no hagas nada con otrxs”, la apuesta por lo colectivo, las redes y lo comunitario es una respuesta política contundente y contrahegemónica: “Ya sabemos qué lugar está ocupando en este contexto político de nuestro país el arte travesti, disidente sexual o LGBTIQ+. Por eso, hablar de nosotras, sostener nuestras economías desde la autogestión y apostar por seguir estando en escena y ocupar lugares, no solo en espacios del under, sino también en otros escenarios, es un modo de poner palabra, poner el cuerpo y una necesidad de supervivencia”, afirma Gemma. Lamentablemente, continúa Carmín, con este gobierno fascista, a muchxs solo les queda el exilio: “No nos pasó a nosotras, pero a muchas amigas sí. Hay algo que claramente cambió y que nos hace proyectarnos en otros lados porque sentimos que acá ya no hay un horizonte. Nosotras seguimos apostando por el humor, la música y el arte aquí, aunque también nos movemos, nos vamos a otros lados para volver”.
El movimiento, sostienen, ha sido característico del inicio: “Si hubiera que pensar en este contexto, te quedás tirada en la cama, por eso, hay que moverse”.
En tiempos de desaliento, donde la crisis y el vaciamiento cultural parecen decir que “no es por ahí”, Carmín y Gemma insisten con sus proyectos artísticos y no porque les sea fácil, sino porque quedarse quietas sería resignar la supervivencia misma de su arte. Moverse no es solo abrir posibilidades económicas, sino también encontrarse con otrxs y tejer redes, y eso le da sentido y profundidad a su arte.
Me cuentan que, hace poco, después de un show de La Simbiótica, una adolescente trans de 14 años las esperaba para saludarlas y sacarse una foto: “Yo actué por vos”. Ahí está la motivación: “Actuar y ocupar el escenario para quienes todavía buscan espejos”, concluye Carmín.
Esa representatividad se multiplica en una memoria viva de quienes fueron y son referentes: Susy Shock, Morena García, Naty Menstrual y tantas otras que aparecen como faros y hablan también por las que no están, por las muertas. “Hay hermanas”, y en las presencias y ausencias se dibuja la nación trava, esa posibilidad de construir con nada un todo, como dice Morena. Una geografía sin fronteras que se lleva en la piel, hecha de memoria, ternura y venganza. Allí, el arte no es adorno ni entretenimiento, sino estrategia vital: refugio y trinchera para resistir al mundo cis-hetero-patriarcal, sanar heridas y abrir sentidos nuevos. En cada canción, en cada obra, en cada performance se teje comunidad y se hereda una memoria que habla por las que están y por las que ya no. Mientras esa nación se vuelve realidad, moverse es la única estrategia posible y, en ese movimiento, el arte travesti y disidente sexual se vuelve nación: un territorio nómade que desafía el odio y la exclusión devolviendo belleza y esperanza.
*Por Lucas Leal para La tinta / Imagen de portada: Ludovico Navarro.
