Calígula, un experimento social
Un protocolo escénico para escarbar entre ficción y realidad. Un rato para jugar en los límites, para borrar los bordes, para entrar y no salir. Calígula es una propuesta multimedial con el sello de Entrepiernas. Once actores en escena, una prisión para habitar. En esta nota, conversamos con Martín Gaetán y Federico Tapia, directores y productores de la obra, sobre la propuesta, el concepto y sus resonancias. Se presentan este sábado a las 21:30 horas en Casa La Bastarda.
Si te digo Casa La Bastarda, la dirección por privado, vos vas a pensar en las noches de Entrepiernas. Mensajes que te van poniendo en órbita, una fila con desconocidos, las recomendaciones para entrar. Silencio. Incomodidad de no saber bien qué va a pasar o de perder el control por un rato. Misterio y prisión. Un juego y adentro. Primero mirar, después reír y disfrutar. Nadie imagina cómo puede terminar: quienes vinimos más de una vez a esta casa, a eso ya lo sabemos.
Un mito puesto en escena, Calígula. Un experimento social, Calígula. Un dispositivo de disciplinamiento, Calígula. Una prisión vestida de escenario. Ya elegiste entrar. Esta experiencia teatral es única porque cruza distopía, humor negro y delirio colectivo.

«El poder sonríe, la memoria se quiebra, la revuelta se vuelve espectáculo. ¿Es teatro o es verdad? ¿Rehabilitación o extinción? ¿Quién sostiene realmente el control? Cuando termine el show, no habrá aplausos. Solo sobrevivientes. ¡Bienvenides al experimento!», adelantan en su dossier de prensa.
En vez de dar sala, nos ingresan a las celdas. Once reclusos son obligados a actuar fragmentos de Calígula como parte de un plan de recuperación. Nos convertimos en testigos de un imperio en el que todo está a punto de estallar y transformarse en espectáculo. Transitamos por la prisión guiados por televisores que van marcando el ritmo de los acontecimientos. Se respira misterio e inquietud. Hay de todo y un sin certezas de lo que pueda llegar a pasar.

La obra es una experiencia inmersiva fuerte, digna de atravesar. Sin respuestas ni salidas rápidas. Como todo en el teatro, que casi siempre nos modifica en algo. Durante este experimento social, nada permanece fijo. Lo íntimo se vuelve grupalidad, lo ritual se confunde con castigo y, en lo teatral, encontraremos una peligrosa cercanía con la verdad. Inspiradxs en el mito de Calígula, la búsqueda pasa por la distorsión en clave contemporánea: “Una cárcel futurista donde cada gesto, incluso la revuelta, corre el riesgo de ser absorbido por el sistema que la contiene”, explican desde la producción.
Mención aparte para el despliegue escenotécnico en el que se emplean recursos sumamente virtuosos del metateatro, el teatro de objetos y lo multimedial. Dejando a la vista el artificio, la violencia y el ritual. De menos a más, de observadores a participantes del juego, la intensidad avanza, mientras los límites entre ficción y encierro se desdibujan. Atravesaremos distintos espacios, acompañados por imágenes, sonidos y figuras que interpelan. Lo que parecía un simple rol de espectador se convierte en una experiencia que compromete cuerpo y memoria.


Desde La tinta, conversamos con el director y dramaturgo, Martín Gaetán, y con Federico Tapia, director de arte y productor general, sobre la puesta, el concepto y sus resonancias.
En relación al concepto de teatro como experimento social, los artistas piensan que el teatro siempre es un laboratorio de convivencia. “Cuerpos en un mismo tiempo y espacio probando qué significa estar juntos. Aquí lo llevamos al extremo, proponiendo un protocolo escénico que funciona como experimento social. Se testean los límites de la obediencia, del humor, de la revuelta y de la complicidad del público. La obra expone el mecanismo, no lo oculta: la experimentación es la forma y también el contenido”, explican.

Gaetán y Tapia nos cuentan que el punto de partida para esta producción fue pensar en cómo la crueldad y la obediencia se transforman en modelo de gobierno. “La obra nace de la certeza de que hoy el poder y el control sistémico no necesita barrotes ni látigos, sino de disciplina con algoritmos, pantallas, protocolos de bienestar y estéticas de felicidad. El disciplinamiento atraviesa la vida cotidiana y el teatro es el lugar donde esa violencia puede volverse espectáculo”, comparten en comunicación con La tinta. En este sentido, Calígula funciona como metáfora del presente: “La complicidad ciudadana frente a sistemas de control que todos conocemos, pero de los que participamos igual. La obra expone cómo el poder se alimenta de esa complicidad silenciosa: aplaudimos la violencia convertida en espectáculo, normalizamos el disciplinamiento con estética amable. Es un guiño directo a nuestra época, donde resistir implica primero reconocer la propia participación”, dicen.
“El mito de Calígula es excusa y espejo. No buscamos representar al emperador histórico, sino usar su figura como metáfora del poder desbordado, cruel y absurdo. Calígula reaparece en esta obra como supervisor, algoritmo, mártir o recluso: distintas máscaras de un mismo sistema que se reciclan. Traer ese mito es traer la pregunta de cómo se sostiene un imperio: ¿con belleza? ¿Con castigo? ¿Con espectáculo? ¿O con complicidad?”, afirman los directores.


En relación con el rol del espectador y a las decisiones estéticas de la puesta, es innegable el sello de Entrepiernas como concepto y militancia. El público saldrá de la función y no podrá decir que solo vio una obra, sino que vivió en carne propia todo lo acontecido en esa escena de bordes difusos o sin ellos.
“Calígula hereda la mirada irreverente, disidente y comunitaria de Entrepiernas: el cruce de humor ácido con política, la visibilización del artificio teatral, el cuerpo como territorio de disputa y resistencia. Aquí esa militancia estética se amplifica en clave distópica: pantallas, dispositivos, mecanismos, coreografías y rituales colectivos que no ocultan la construcción, sino que la exhiben como parte del discurso. El teatro es un arma crítica y, a la vez, un espacio de celebración incómoda”.
Podés ser parte del Sistema Calígula los sábados 4, 18 y 25 de octubre a las 21:30 h en La Bastarda, la casa de Entrepiernas. Reservá tu entrada al 3513881096. Conocé más de esta propuesta en sus redes sociales.

Ficha técnica
- Dramaturgia y dirección general: Martín Gaetán.
- Dirección de arte y producción general: Federico Tapia.
- En escena: Lucía Tapia, Marisol Fabbro, Camelia Carli, Julieta Basílico, Jazmín Cabrera, Maleno Abba, Sebastián Ferrero, Pitias Ardizzi, Malo, Ari Richi, VulparaVon Teese.
- Realización general: Santiago Oddi, Flavia Caminos, Pasión Ontivero, Emilce Nira, Daniel Aimetta.
- Muñecos: Flavia Caminos, Daniel Aimetta, Federico Tapia, Pasión Ontivero, Nira Emilce Martínez.
- Asistencia escenotécnica: Sebastián Ferrero.
- Vestuario: Lucía Tapia, Ari Richi, Vulpara Von Teese.
- Iluminación, diseño y operación: Agustín Mare.
- Operación de sonido y audiovisual: Octavio Espíndola, Nira Emilce Martínez.
- Fotografía y diseño multimedia: Nehuen González.
- Diseño de página institucional: Susana Cáceres.
- Diseño audiovisual: Martín Gaetán.
- Coreografías: Pitias Ardizzi.
- Diseño de flyer y video difusión: Malo.
- Coach actoral: Lucía Tapia.
Calígula es una producción colectiva totalmente autogestiva de Casa La Bastarda.
*Por Inés Domínguez Cuaglia para La tinta / Imagen de portada: Nehuen González.
