La mujer de la bolsa 10 años después
Lara, Morena y Brenda son los nombres de las jóvenes a las que todo un país les falló. El triple femicidio de ellas nos hace volver a las calles, enfurecidas por ver la escalada de crueldad. Este sábado, hay marchas a nivel nacional. En Córdoba, las organizaciones feministas convocan a las 17 horas en Colón y Cañada.
En el año 2015, María Moreno escribía estas palabras. Esta semana casualmente, se encuentra en nuestra ciudad donde recibió un Honoris Causa otorgado por la Facultad de Filosofía y Humanidades, y brindó una serie de conversaciones a media lengua, a medio cuerpo en distintos espacios. Ayer jueves era la presentación de su libro, y no podía, no quería pararse en un escenario a hablar de La Merma, sin detenerse en la violencia femicida que conmociona en este momento a nuestro país. Me/nos propuso leer un texto de ella, publicado en Panfletarias, una crónica que escribió luego de la maratón de lecturas que se realizaron en el 2015. Momento en que nació el movimiento Ni Una Menos, esa estampida de cientos de mujeres que nos arrojamos a las calles en reacción a lo insoportable del asesinato de Chiara Paéz, de 14 años embarazada, estrangulada y enterrada por su novio en el patio de su casa hace 10 años.
El tiempo es una figura al que nos gusta otorgarle un poder performativo, creyendo que el tiempo hace cosas, que el tiempo acomoda las cosas, pero una década después, parece no funcionar. Para las mujeres la temporalidad es otra. Los femicidios, la tortura y el disciplinamiento sobre nuestros cuerpos siguen como métodos vigentes desde la colonia. De ahí la furia, de ahí el hartazgo, de ahí nuestra bronca irracional, que ustedes toman por cancelación. No, no se puede hacer apología de la violación en ningún medio televisivo dándole voz a un tipo que no se arrepiente y que se victimiza, vergüenza debería darles, en cambio le dan tiempo. No, no se puede hacer publicidad metiendo a mujeres en bolsas de basura y tirándolas en una trafic. No, no se pueden desfinanciar y desmantelar los programas que previenen la violencia de género. No es cancelación, es la violencia que es insoportable, es la crueldad que recae sobre los mismos cuerpos siempre, mujeres pobres.
En julio de 2025, se hallaron partes de un cuerpo humano descuartizado en barrio Chateau Carreras, Córdoba que fueron identificadas como pertenecientes a Brenda Torres, de 24 años. El hallazgo se produjo cuando un sereno encontró bolsas con extremidades en la Avenida Ramón Cárcano, la encontraron por partes, la fueron devolviendo por partes, todas envueltas en bolsas negras.
“El hombre de la bolsa era uno y se llevaba niños. Las mujeres de la bolsa somos muchas y salimos de ellas para que no haya ni una menos. Hay una historia política de la bolsa. Si la cartera era míticamente revoltijo cosmético, dejó de serlo cuando escondió armas revolucionarias, panfletos militantes, cuadernos de estudio, libros y planos; la bolsa la amplía y hace funcional.
¿Y la bolsa de basura? Sacarla implica expulsar afuera del hogar los deshechos de la vida productiva. Cuando aparecieron las bolsas de consorcio, el objeto pasaba del espacio que el feminismo llamó del llamado trabajo invisible a herramienta laboral del encargado de edificio; la utilería del asesino hoy incluye la bolsa y el container, la cloaca y el pozo ciego en donde la razón práctica devela un horror semiótico: las mujeres son basura.
Activar desde la bolsa no significa invitar a una identificación sacrificial o melancólica con las víctimas; ocupar el lugar en donde se encubrió el cadáver y romperlo para leer y hablar es evocar aquello que la muerte tiene para decir aún desde el silencio, por eso de que “el cadáver habla”, da señales de su identidad, pistas que llevan al asesino como lo demuestra la tradición política del Equipo Argentino de Antropología Forense.
Que la bolsa se transforme en el símbolo del luto popular y el compromiso porque no haya ni una menos”, escribía María Moreno.



Hace unas semanas, se realizó en la ciudad de Córdoba un encuentro de feminismos territoriales, allí estuvieron muchas mujeres que están sosteniendo comederos en organizaciones barriales, las esuchamos atentamente durante todo un día, ellas describieron con claridad la problemática de el hambre y la violencia hacia las infancias. El narcotráfico entró como una opción económica en un país que dio la espalda al pobrerío a los fines de tener déficit fiscal 0. No se puede vivir con hambre porque el hambre conduce a la desesperación. Hoy las cárceles están llenas de mujeres por venta o tráfico, la organizaciones narcos están supliendo la ausencia del Estado en todo el territorio. Lo vienen denunciando las organizaciones sociales, los curas villeros. Allí donde no hay Estado, el narco crece y se convierte en una salida laboral para muchas personas que están en la más absoluta precariedad. El narco es una organización criminal, y como tal tiene sus reglas y formas de disciplinamiento a la desobediencia, su pedagogía es la crueldad.
10 años pasaron del asesinato de Laura Moyano, el 25 de julio de 2015. Laura fue encontrada asesinada en un terreno abandonado de Villa Allende Parque, su cuerpo había sido brutalmente golpeado. Los policías habían tomado fotos de su rostro lacerado y las difundieron como un chiste. Laura, una persona trans de 35 años, vivía en el barrio Villa 9 de Julio, donde tenía una participación activa y era muy querida por sus vecinos. Colaboraba en tareas comunitarias, formaba parte del grupo de Mujeres en el centro de salud n.° 34, también estaba cursando la primaria para adultos en el centro vecinal. Era el pilar económico de su familia. Durante el día, hacía changas informales de todo tipo, sobre todo trabajo doméstico y de noche era trabajadora sexual, ya que como la mayoría de las personas trans, estaba excluida del acceso al mercado laboral formal. Su caso sigue sin resolverse. Lo traigo aquí porque su caso también quedó bajo la estela del narcotráfico y eso parecía suspender todo, como si el narcotráfico fuese otro territorio, otra violencia, otras reglas, otro país.
“La plaza del Ni una menos no es utilitaria, aunque reclame al Estado, no es reservorio en potencia para los partidos, no rinde según la lógica de lo inmediato, ni liquida sentido para tranquilizar a los columnistas. Es una sororidad en acción y simultaneidad. Que cobija, alerta, llama a la organización. Hubiera sido bueno que no fuera el asesinato la coartada para un feminismo latinoamericano, cada vez más poroso a las tramas políticas, a las alianzas heterogéneas pero siempre anticapitalistas, grasas, libidinosas. En la organización, la violencia se desprivatiza y se nombra para deshacerla. Si la violencia es expresiva, el Ni una menos es docente”, escribía María Moreno en una nota de Página/12.
Así como Emma Sulkowicz —la joven estudiante de artes visuales de la Universidad de Columbia que, en 2012, decidió cargar el colchón donde fue violada como acto de denuncia y resistencia—, yo cargaré una bolsa negra de consorcio, haré del desecho contagio sensible para denunciar la crueldad y lloraré las vidas arrebatadas.
LARA, MORENA, BRENDA, presentes aquí y siempre, en cada marcha, en cada esquina. Nos vemos este sábado a las 17 en las plazas de todo el país.
*Por Noe Gall para La tinta / Imagen de portada: Anfibia.
