Los Bullrich: genealogía de una familia oligárquica
¿Quién es Patricia Bullrich? Vos y yo podríamos responderlo rápidamente: hace más de veinte años que ocupa cargos en los gobiernos más crueles desde el retorno de la democracia. Pero en este artículo te invito a ir más allá: ¿quién es su familia? ¿Y cuál es la relación de este clan ―tan antiguo― con el Estado argentino? Esta es su historia y también es la historia arquetípica de la familia oligárquica argentina.
Por Ignacio Liziardi para La tinta
Empezó a identificar la patria con su vida,
tentación que está latente en cualquiera que
tenga más de 3.000 hectáreas en la pampa húmeda.
Respiración artificial, Ricardo Piglia
I
Conviene empezar por el contexto. Durante la década de 1870, dos innovaciones técnicas cambiaron para siempre la faz de nuestro país: el alambrado y la cámara frigorífica. El primero ya se implementaba desde 1845, pero era caro y defectuoso, su fabricación y uso se popularizó hacia fines de siglo. Por otra parte, Le Frigorifique ―primer barco con cámara frigorífica― arribó a Buenos Aires en 1876, pero fracasó: la carga se pudrió. Al año siguiente, el navío Le Paraguay, con una nueva tecnología, transportó de manera eficiente carne congelada por primera vez entre Francia y Argentina.
Los estancieros podían delimitar una gran porción de terreno, evitar que los animales se dispersen, faenarlos y subirlos a una gigantesca heladera flotante hasta el comprador, al otro lado del océano. Ya no se trataba solo de carne salada y cueros: los ingleses podrían comer ahora carne argentina, sin pasar por el enlatado. Esto disparó los precios de la tierra en la región y se buscó la forma de conquistar nuevos suelos productivos para el capital.

El Estado, cooptado por y en asociación con ciertas familias nucleadas en la Sociedad Rural Argentina, impulsó sistemáticamente el avance de la frontera sur contra las parcialidades indígenas de la Pampa, en lo que se conoció como la “conquista del desierto”. Fue durante este proceso en el que estas familias se apropiaron de 20.000.000 hectáreas.
II
Comencemos con los fundadores de estos grupos. Pedro Luro Oficialdegui (1820-1890), inmigrante vasco-francés, se consolidó como estanciero en la década de 1860. Fundó uno de los establecimientos saladeros más importantes del país, que exportaba carne a países vecinos (particularmente, el Imperio del Brasil) y a Europa. Los relatos que abundan sobre su vida pasan del “trabajó duro como peón inmigrante” a “se consolidó como estanciero”, sin mayores explicaciones. Ya se harán a la idea de cómo se forjan las fortunas de la noche a la mañana. Había “colonizado” más de 300.000 hectáreas en torno al Fortín Mercedes, en las cercanías de otro fuerte: Bahía Blanca. En 1913, se fundó allí oficialmente el pueblo llamado Pedro Luro (Partido de Villarino, provincia de Buenos Aires), en homenaje a este estanciero. Además, los Luro obtuvieron 140.000 hectáreas de las tierras tomadas tras la conquista de Roca.

Su hijo, Pedro Olegario Luro Pradère (1861-1927), dirigió junto con sus hermanos la empresa familiar. Fue enviado a estudiar a la Universidad de Buenos Aires y, en 1888, fue director del Banco de la Provincia de Buenos Aires. Entre 1898 y 1912, fue diputado provincial y después nacional. Se casó con Arminda Belén Roca Schóo, hija de Ataliva Roca (hermano de Julio Argentino). Este había obtenido casi 60.000 hectáreas tras la campaña encabezada por su hermano. Con las tierras que heredó su esposa, Pedro Olegario fundó el primer coto de caza del país en 1912, principalmente para aristócratas europeos, el llamado «Establecimiento San Huberto» (hoy, Parque Luro) de más de 7500 hectáreas. Además, en este establecimiento, se practicaba la ganadería, la agricultura y se explotaba la madera de caldén. Todo esto perfectamente conectado con el puerto de Bahía Blanca mediante una muy propicia línea de ferrocarril.
En esta misma época, Santiago Luro (hermano de Pedro Olegario), además de administrar los bienes familiares y expandir la estancia saladera, fundó con otros terratenientes el Jockey Club de Buenos Aires. Fue diputado y director del Banco de la Provincia de Buenos Aires. Paralelamente, Adolfo Jorge Bullrich (1833-1904) también fue empresario y estanciero. Fundó Adolfo Bullrich y Cia. en 1867, firma que se conocería como la Casa Bullrich. Esta empresa fue una de las principales casas de remates de grandes latifundios, donde se subastaron muchas de las tierras (y animales) obtenidas en la conquista del desierto. Como si fuera poco, Adolfo Jorge fue intendente de la Ciudad de Buenos Aires entre 1898 y 1902, durante la segunda presidencia de Roca (1898-1904).

Los Pueyrredón se unieron con los Bullrich, los Bullrich con los Luro, los Luro con los Pradére y así sucesivamente. Estas familias se unieron y trazaron redes de sociabilidad. Sus hijos se casaron con los hijos de familias afines, vecinas en sus tierras, para expandir sus propiedades y horizontes de inversión. A fines del siglo XIX, ya consolidadas como parte de una élite, diversificaron sus fortunas. De esta manera, crearon asociaciones que duran hasta hoy y concentran aún más la tierra en nuestro país.
Los Bullrich se alternaron en las direcciones y tesorerías de la Sociedad Rural Argentina, el Jockey Club y la Asociación Argentina de Criadores de Hereford. Esta última nuclea a los ganaderos de la raza vacuna inglesa introducida en las pampas para maximizar la producción de carne por cabeza. En la actualidad, diversas ramas de la familia Bullrich poseen casas de remates rurales, como Bullrich Campos, que sigue la línea más directa desde la fundación familiar en 1867; Antonio Bullrich S. A., que mensualmente subasta caballos de lujo; o Sáenz Valiente, Bullrich y Cia S. A., por las que se desplazan los frutos más excelsos de los latifundios argentinos.
IV
Estos apellidos son figuritas repetidas en la historia política de nuestro país. Pedro Olegario y Adolfo Jorge son tíos-bisabuelos de Patricia Bullrich Luro Pueyrredón, ministra de Seguridad en funciones, descendiente directa de Rodolfo José Marcos Bullrich (1846-1893). Cuando ocupaba el mismo cargo que hoy, allá por 2016, la Sociedad Rural Argentina cumplió 150 años y ella fue una de las invitadas de honor a dicha celebración. Podríamos asegurar que se sentía como en casa.

Esta reconstrucción genealógica es aplicable también a Esteban Bullrich, cuyo nombre completo es Esteban José Bullrich Zorraquín Ocampo Alvear. Nótese nuevamente el peso de los apellidos. En este caso, el vínculo es incluso más fuerte, pues es tataranieto directo de Adolfo Bullrich. Esteban se ha presentado a sí mismo como un impulsor de la familia tradicional católica y como tal, ferviente opositor a la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Cuando fue ministro de Educación durante el macrismo (2015-2017), se hizo célebre durante la inauguración de un hospital-escuela en Choele-Choel en Río Negro, tras afirmar: «Esta es la nueva campaña del desierto, no con la espada, sino con la educación«, justo donde Roca dio por finalizada la primera parte de dicho genocidio, lanzando desde allí su candidatura a la presidencia en 1879.
Cuando la “batalla cultural” de la derecha estaba en pañales, hace una década, ambos primos desde sus ministerios comenzaron con sistemáticas reivindicaciones (que hoy consideraríamos tímidas) de la figura de Roca. Esteban se declaró admirador: “Creo que Roca es una figura que realmente se está queriendo atar ahora a una visión muy sesgada y que ha sido un enorme presidente que puso la educación como eje tanto en la primera como en la segunda presidencia”. Más cercana en el tiempo y más directa, Patricia nunca perdió oportunidad para reivindicar la figura de dicho presidente, lo que es entendible. En 2022, señalaba: “En estos días en que, con indolencia y total irresponsabilidad, se permite poner en riesgo nuestra soberanía en la Patagonia, el aniversario de la muerte de Julio Argentino Roca agiganta la figura del constructor de la Argentina ordenada, próspera y abierta al mundo que soñamos”.

Frente a la eternización del peronismo que reina en el discurso público ―como si esta fuerza verdaderamente hubiera gobernado los setenta años que el sentido común le atribuye―, propusieron entonces a miembros de familias tradicionalmente oligárquicas bajo las consignas de “cambio” o “renovación”: “El acuerdo no es con los mismos de siempre. Es con los argentinos. Sumate a #LaFuerzaDelCambio”, decía Patricia Bullrich hace dos años. Es interesante cómo las fuerzas políticas conservadoras/liberales en nuestro país han buscado sistemáticamente ocultar, en las últimas décadas, sus conexiones con las clases dirigentes del pasado.
Es lógico que estos auténticos clanes del Río de la Plata reivindiquen abiertamente a Roca, pues es quien forjó directamente sus fortunas. Tienen sus intereses delimitados, cámaras empresarias que los respaldan y armados políticos con los que llevar a adelante sus modelos económicos, de carácter liberal hace un siglo y neoliberal hoy. Al fin y al cabo, por mucho que nos duela, no existe una parte de la sociedad argentina con mayor conciencia de clase que la oligarquía porteña.
Recomiendo leer Los terratenientes de la pampa argentina, una historia social y política, de Roy Hora. Historia del Agro Argentino, de Osvaldo Barsky y Jorge Gelman.
*Por Ignacio Liziardi para La tinta / Imagen de portada: La Nación.
