De aquí nadie nos saca: la muestra combativa en La Residencia de Bad Bunny
Si digo dos sillas de plástico monobloc, vacías y debajo de un plátano, la mayoría sabe a qué me refiero. Es la tapa del nuevo disco de Bad Bunny, un manifiesto del conejo malo que evoca una memoria emotiva, una nostalgia boricua que habla de un país atravesado por una historia de luchas sociales. Las que se exponen en la muestra organizada por los colectivos AgitArte y Mijente junto con más de 35 organizaciones y artistas de Puerto Rico durante los meses de La Residencia.
Hace unas semanas, volvió una vieja discusión pública sobre si es necesario que artistas se pronuncien sobre política, injusticias y, particularmente, el genocidio que lleva adelante Israel en Gaza, Palestina. Pasó expresamente con Rosalía, pero es una pregunta más o menos recurrente de cada época. Quizá en los 60/70 no estaba en discusión y se cantaban manifiestos contra el capitalismo, la guerra, las luchas de clase, etc. Los 80 y 90 también tuvieron su marca hasta que llegamos al prometedor futuro del siglo 21 y, como dice Camila Fabri, al mutismo de una generación. ¿Hay que exigirle o no a los artistas que se pronuncien? ¿Y si, cuando dicen, no nos gusta lo que dicen? Bueno, pero no es el punto en esta nota, porque Bad Bunny dijo y mucho.
Vuelvo al verano y a la sensación que tuve, entre las malas, los gritos y la crueldad a la que nos hemos acostumbrado en este país, con el sonido de la salsa, la plena, el jíbaro, la bomba que nos llegó desde la isla caribeña de Puerto Rico, que hasta pensé en anotarme en clases de salsa. El álbum Debí tirar más fotos de Bad Bunny rompió los récords en todas las plataformas y, con el anuncio de la gira, vino un inquietante fenómeno de tickets agotados en cuestión de horas. Lejos de ser solo un hype, el conejo malo sigue estando en la ola mainstream.

No faltan sorprendidxs con la propuesta politizada del trapero y reguetonero, pero solo alcanza con recordar el abierto apoyo a Kamala Harris; el documental de 2022, “El Apagón”, en el cual criticó la acción gubernamental para enfrentar las emergencias de los huracanes; sus participaciones en las manifestaciones en 2019 #RenunciaRicky, por el entonces gobernador de la isla, Ricardo Rosselló; el dinero destinado a publicidad durante la campaña electoral del 2024 en vallas publicitarias con mensajes críticos hacia el Partido Nuevo Progresista (PNP), anuncios televisivos en cadenas locales y una carta abierta publicada en medios impresos como El Nuevo Día y Metro Puerto Rico. El partido que gobierna está en una guerra con Benito desde las pasadas elecciones, nada que no conozcamos. Sin embargo, hay un consenso emocional y colectivo en la isla porque conectó con una base mucho más grande que las alternativas electorales políticas; lo hizo a través de su música, de la nostalgia y por amplificar una memoria histórica.
El 11 de julio, día de San Benito, en Puerto Rico, comenzó La Residencia de Benito Antonio Martínez Ocasio de 30 conciertos. Mientras ese despliegue sucede, también pasan muchas otras cosas, como el proyecto colaborativo inaugurado la semana pasada por los colectivos AgitArte y Mijente, junto con más de 35 organizaciones y artistas. Es una exposición sobre las luchas sociales que han sido inspiración y motor para la música que marca generaciones a nivel global, incluyendo al artista del momento. “De Aquí Nadie Nos Saca – La Exposición” conecta y apoya a quienes dan la batalla día a día por mejorar la vida en Puerto Rico.


No seas un turista más
Enrique Cárdenas es activista y forma parte del Colectivo Mijente, integrado por latinxs y chicanxs en busca de justicia racial, económica, de género y climática; y Dey Hernández es parte de la colectiva AgitArte, conformada por trabajadores culturales y artistas, que lleva más de 25 años haciendo trabajo cultural en la isla caribeña y en el sur de EE. UU. En diálogo con ambos, me contaron sobre la muestra y el impacto del disco DTMF que hace que el mundo mire a Puerto Rico.
Para Enrique, nunca antes se había visto algo así. “Me gusta la idea de que se pueden sostener múltiples verdades a la vez; por un lado, abrazamos la idea de exaltar nuestra cultura, la historia de Puerto Rico, como bien él utiliza en algunas de sus canciones. Este disco, sin duda, sensibilizó al hablar de problemáticas como la gentrificación, el desplazamiento, el deterioro ambiental, la sobreexplotación de las playas. Pero, sobre todo, conecta con una fibra emocional diaspórica y migrante de toda esa gente que ha tenido que salir de sus países desplazados, por lo que entendemos como consecuencia del capitalismo y el colonialismo en diferentes maneras. Por otro lado, La Residencia nos llega en un momento complicado por el estado de la infraestructura del país. Al ser una colonia de los Estados Unidos y también tener unos asuntos de corrupción interna, llevamos muchas décadas en deterioro de infraestructura”.
Enrique insiste: “Nos encanta bailar y el perreo, a la vez que entendemos que hay una historia de lucha y hay que continuar organizándose para frenar el proyecto de desplazamiento que existe en Puerto Rico. Porque, literalmente, no puede haber un Puerto Rico sin puertorriqueños, sin la gente que vive, trabaja y suda este espacio”. No podría existir la fiebre por Benito y lo que dicen sus letras sin las personas concretas y sus historias de opresión y resistencia.
Por eso, decidieron tener presencia durante La Residencia: “Estamos ubicados en un barrio que sufrió gentrificación, jugamos con estar aquí donde está el meollo del asunto, para ese turista que llega, que no quiere ser un turista más”, cuentan. Vale la aclaración que me hacen; después del huracán María en 2017, se exacerbaron los procesos de gentrificación con inversionistas que vienen a proyectar megaproyectos sobre tierras que son agrícolas o que resguardan de otros embates climatológicos que podrían ser fatales para la población.

La residencia se llama «Yo no me quiero ir de aquí» y la muestra es la contestación que usa Benito en los coros: «De aquí nadie nos saca». «Quién sabe ahora mismo cómo nos estaríamos definiendo si no fuera porque, precisamente, hemos batallado por siglos. Lxs artistas que están en la muestra son parte de organizaciones que llevan a cabo distintas luchas, muchas interseccionales”, explica Dey, que fue parte del equipo curatorial.
La conversación fue por Meet y ambos están en la sala de la muestra. Detrás veo una serigrafía de una mata de plátano, que es parte del trabajo que se expone. Dey dice que hay mensajes contra el patriarcado, capitalismo, colonialismo y que han escogido algunas temáticas a tono con lo que se resalta en el disco. “La muestra recoge no solo el sentimiento, sino el reflejo de los elementos, imágenes que sacamos a la calle, los símbolos que reconocemos históricamente, como la bandera independentista, los rostros de nuestra gente negra, aquello que no se ve cuando nos representan desde lo mainstream”.

Uno de los grupos que forma parte de la muestra se llama Se Acabaron las promesas y surgió en las movilizaciones del #RenunciaRicky. Desde 2016, EE. UU. les ha impuesto una Junta de Control Fiscal, cuyas siglas, paradójicamente, son PROMESA (Ley de Supervisión, Gerencia y Estabilidad Económica de Puerto Rico). “Es como si nos ofrecieran una promesa de esta cosa grandiosa cuando, en realidad, está oprimiendo al pueblo trabajador y el trabajo de este grupo muestra cómo desde abajo respondemos”, detalla Dey.
Les pregunto si este fenómeno abre nuevos horizontes, como si tuvieran una bola de cristal, deposito una esperanza en sus respuestas. Enrique cree que el horizonte que se abre es la reapropiación del fenómeno mainstream, “que es nuestra cultura que nos hace ser quienes somos acá”, en un contexto donde la narrativa que instalan los sectores de derecha y conservadores sobre las personas latinas, tanto de Puerto Rico como en los Estados Unidos y otras partes, es que son conservadoras. “Se dice que hubo una ola de ideas progresistas, de izquierdas que no necesariamente conectan con la gente trabajadora. Y quienes producen cultura lo hacen desde los espacios trabajadores, obreros, más marginalizados y creo que hay que rescatar esa batalla cultural”.
Para Dey, después del auge de las luchas del 2010 a 2019, la pandemia nos metió dentro de las casas. “Ese motor que venía agitando las calles se nos apagó. Yo creo que la apertura es reagruparnos a través de la cultura. No hay nada que tenga el poder que tiene la música, las artes, para echar a correr esos mensajes a mucha gente. El embate es diario y muchas veces se nos imposibilita tener conversaciones para articular un proyecto más amplio, y acá estamos, encontrándonos”.
Después de hacer la fila virtual y no conseguir entrada para el recital de febrero en River, me enojé con la masificación de los recitales y las modas que totalizan el consumo, pensaba ―no sin prejuicio― si todas las personas que habían comprado entrada estaban a tono con el mensaje político de Benito. Es ridículo mi termómetro de despechada sin entrada. Pero estoy segura de que es un desafío de la época que lo mainstream no sea superficial y nos conecte con algo más. Dey me ayuda a entender esto que pienso medio suelto: “La muestra quiere anclar un poco los temas de esas canciones en el contexto de lucha en que se dan, eso que ahora, a lo mejor, percibimos como una cosa ligerita identitaria no es solo eso. Porque la música muchas veces hace que una esté rabiosa, pero sin la causa o sin entender que todo eso se da de una manera organizada”.
A perrear que esto recién empieza.
*Por Verónika Ferrucci para La tinta / Imagen de portada: álbum Debí tirar más fotos de Bad Bunny – Arte de tapa por Robinson Florian.
