La comunidad del Cerro Colorado construyó un horno cerámico colectivo con apoyo de Hornos sin Fronteras
Durante cuatro intensas jornadas en pleno julio, vecinas y vecinos del Cerro Colorado construyeron un horno cerámico colectivo como parte de un encuentro impulsado por el taller de cerámica comunitaria y la Residencia de Arte Las Cuevas, con el acompañamiento del colectivo Hornos sin Fronteras. La iniciativa reunió a artistas, estudiantes, infancias y familias en una experiencia de formación y trabajo cooperativo. “Logramos salir de la virtualidad y de la tendencia a la individualización que hoy predomina, para volver al trabajo colectivo y presencial”, destacó Mercedes Fidanza, una de las promotoras del proyecto.
Cerámica para el bien común. Entre el 22 y el 25 de julio, vecinas y vecinos del Cerro Colorado participaron de la construcción de un horno cerámico colectivo, una iniciativa que combinó formación técnica, trabajo colaborativo y fortalecimiento comunitario. El proyecto unió conocimientos, oficios y recursos locales para concretar una herramienta de uso popular que facilitará la producción de cerámica, el encuentro y la creación colectiva.
El proyecto fue impulsado por Mercedes Fidanza, integrante del Colectivo de Mujeres del Norte y responsable del taller de cerámica comunitaria que funciona desde 2023 en el espacio comunal del Cerro. La iniciativa fue parte de un encuentro cerámico con la agrupación solidaria Hornos sin Fronteras, liderada por el maestro ceramista Emilio Villafañe y organizado por la Residencia de Arte Las Cuevas y la Escuela de Artes y Oficios (ECAO), con el apoyo de la comuna.



Además de la construcción del horno ―de tiro directo e invertido, capaz de alcanzar hasta 1000 °C pudiendo hornear piezas de bizcocho y esmalte cerámico―, se ofrecieron talleres de formación gratuitos abiertos a toda la comunidad, dictados por ceramistas que integran el colectivo Hornos sin Fronteras: Olga Tarditti (ollas), Gabriela Molares (engobes), Claudia Reinoso (técnicas de construcción) y Pedro Crispo (prácticas de torno).
El corazón del encuentro estuvo también en el modo en que se llevó adelante. «Algo que quisiera destacar es que el encuentro también tuvo un fuerte componente comunitario, en tanto fue construido colectivamente por los estudiantes del taller y por toda la comunidad: personas que ofrecieron alojamiento, compartieron comidas y colaboraron de distintas maneras para que el encuentro pudiera realizarse. Además, logramos salir de la virtualidad y de la tendencia a la individualización que hoy predomina, para volver al trabajo colectivo y presencial. Esto se plasmó en la construcción de un horno, un bien común para toda la comunidad, en el que cada quien puso su parte. Como dice Emilio Villafañe, ‘no es de nadie y es de todos’«, expresó Fidanza en diálogo con La tinta.

El proceso fue acompañado por diversas instituciones y personas: la Comuna del Cerro Colorado colaboró con materiales para el horno y para una segunda acción desarrollada en paralelo: un mural cerámico participativo para la Escuela Luciano Argüello, junto a Mercedes, Ester Suaya y Marcela Romero, y desde la Residencia Las Cuevas. La obra, que se emplazará en el edificio del jardín, fue diseñada y realizada junto a docentes, infancias y familias de la comunidad, abordando simbólicamente la flora, fauna y pictografías del Cerro.
Hornos sin Fronteras nació en 2018, durante la construcción de hornos en comunidades mapuche de Junín de los Andes y Villa La Angostura. Mercedes agrega que “surge para poder seguir haciendo cerámica en tiempos de crisis y en forma comunitaria, para que aquellas personas que no pueden acceder a comprar un horno puedan aprender a construir uno y seguir haciendo su trabajo cerámico, para producciones artesanales, artísticas, profesionales y de docencia en todo nuestro país”. Desde entonces, ceramistas, docentes y estudiantes se organizan para crear herramientas que nos sirvan a todxs.



“¿Por qué cerámica comunitaria? Bueno, en sí, la cerámica siempre ha sido comunitaria. El espíritu de la cerámica tiene que ver con compartir saberes y crear junto a otros: hacer nuestras ollas de barro para cocinar y alimentarnos, crear objetos rituales, sahumadores, piezas escultóricas que nos sirvan para nuestra expresión artística y emocional. Eso tiene que ver con el espíritu de la cerámica. La cocción a leña también es una actividad colectiva, un encuentro en torno al fuego: en el respeto por el fuego y en su condición de transformador. Así como transforma el barro, la arcilla, en cerámica, también nos transforma a nosotros en ese proceso”, reflexiona Mercedes.
El horno del Cerro Colorado ya está allí, listo para usar y compartir. Y como dijo Emilio Villafañe en la UNLA: «La cerámica le abre la puerta a quien se acerca”. Se replica, también, un aprendizaje: que las redes comunitarias son posibles, que el arte es una forma de resistencia y que cuando las manos se encuentran, nace comunidad.
*Por Soledad Sgarella para La tinta / Imagen de portada: Residencia Las Cuevas.
