Teresa Marinovic y lo idiotamente incorrecto en Chile

Teresa Marinovic y lo idiotamente incorrecto en Chile
10 agosto, 2021 por Tercer Mundo

La ultraderecha chilena se encuentra acorralada en la actual Convención Constituyente. Su única respuesta al avance democrático es degradar e insultar a sus contrincantes.

Por Andrés Kogan Valderrama, desde Chile, para La tinta

A un mes de la instalación de la Convención Constituyente en Chile, las críticas a su funcionamiento desde el mundo más conservador del país no se han hecho esperar. La idea de que el funcionamiento de este nuevo órgano es desordenado, sin capacidad de gestión y que solo busca generar divisiones, ha tratado de instalarse en los grandes medios de información para deslegitimar y hacer fracasar al nuevo órgano, el cual debe ser, por lejos, el más democrático que haya tenido Chile en su historia.

Una de sus principales voceras de ese discurso viene precisamente desde la misma Convención Constituyente: es Teresa Marinovic, licenciada en Filosofía de la Universidad de los Andes y apoyada por el Partido Republicano de Chile (PRCH), quien, previamente de ser parte de este nuevo órgano, se dedicó en sus últimos años a escribir y a aparecer en columnas políticas en algunos diarios electrónicos y radios con un fuerte discurso reaccionario.

De ahí que su paso por la Convención Constituyente no sea desapercibido y que constantemente haga declaraciones y descalificaciones explícitamente racistas y discriminadoras hacia ciertos grupos excluidos históricamente por el Estado de Chile, para así hacerse notar en el nuevo espacio democrático, en el cual la derecha, después de mucho tiempo, está comenzando a perder los privilegios otorgados por la Constitución de Augusto Pinochet y los poderes constituidos.

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Una de esas declaraciones, entre muchas otras, fue al señalar que la constituyente mapuche y machi Francisca Linconao “no pierde la oportunidad de hacer un show”, por el solo hecho de hablar en una sesión en mapudungun. Esto, a pesar de la evidente necesidad de que los pueblos originarios, después de más de 200 años, tengan un espacio mínimo de reconocimiento en el país, como pasa en muchos otros lugares en el mundo.


Un desprecio completo de la constituyente Marinovic en poder abrirse para aprender de otras miradas, conocimientos y formas distintas de concebir el mundo, que vayan mucho más allá de lo que nos han enseñado monoculturamente y de manera nacionalista desde el sistema escolar, en donde lo indígena siempre ha sido visto como lo atrasado, irracional, lo salvaje e incivilizado.


No debe sorprender, entonces, que ese rechazo a aceptar la diversidad del mundo y a la existencia de asimetrías históricas y estructurales en la sociedad la lleve a un negacionismo sin límites, en donde para ella los prejuicios y estereotipos de género, sexuales, sociales, raciales, son solo un invento de una supuesta izquierda cultural mundial, que estaría imponiendo un nuevo orden en el planeta, a través del llamado globalismo, impulsado por la Organización de Naciones Unidas (ONU).

En consecuencia, la idea de que nos encontramos en una dictadura, tiranía o nuevo periodo inquisidor de lo políticamente correcto, por el solo hecho de impulsar políticas mínimas de inclusión, solo es un intento desesperado de parte de Marinovic y de sectores que ven con terror cualquier expresión que salga del molde tradicional de occidente (hombre-blanco-cristiano-heterosexual), el cual construyó la idea de un individuo racionalista, integrante de una familia uniforme, separado de la comunidad y de la naturaleza.

Frente a esto, cualquier cuestionamiento a estas posiciones doctrinarias de extrema derecha expresadas por Marinovic, como la idea de que la República de Chile está en riesgo, por ejemplo, rápidamente son usadas por la constituyente para victimizarse y apelar a que en el país no hay libertad de expresión, al estar dentro de un supuesto nuevo orden totalitario.

La verdad es que cuesta mucho creer que en Chile se haya elegido a una persona para escribir una nueva Constitución que piense que existen diferencias biológicas que explican las capacidades entre hombres y mujeres, que la homosexualidad es una anomalía, que la cultura occidental es infinitamente superior a las indígenas, que las personas en situación de discapacidad son meros lisiados o que se deban sacrificar los animales callejeros.

Lo positivo de todo esto es que este discurso idiotamente incorrecto, difundido por Marinovic, nos sirve para dejar en evidencia el miedo que le ha tenido siempre la elite en Chile a la democracia, a lo popular, a lo plural, a los derechos, a la participación y a las transformaciones realizadas colectivamente.

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Imagen: A/D

*Por Andrés Kogan Valderrama para La tinta / Foto de portada: La Nación

Palabras claves: asamblea constituyente, chile, ultraderecha

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