Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir: «El terricidio es un crimen de lesa humanidad»

Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir: «El terricidio es un crimen de lesa humanidad»
24 noviembre, 2020 por Redacción La tinta

Por Irina Sol Pilosoph Postan para Revista Colibrí

A raíz de la pandemia, el colapso ambiental y su relación con problemáticas de salud, sociales y económicas, que distintas organizaciones denuncian desde hace años, quedó en evidencia. Revista Colibrí dialogó con Noelia Chumbita, integrante del Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir, acerca de la sistemática destrucción de la tierra y de la vida que habita en ella, central para entender cómo se llegó a esta situación de emergencia.

—Desde el Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir, utilizan el término terricidio ¿Qué significa?

El terricidio es la consecuencia del extractivismo. Puede definirse no sólo como el asesinato de la Pachamama y de los pueblos que la habitan, sino como el asesinato de todas las fuerzas que regulan la vida de la tierra, como consecuencia del modelo civilizatorio dominante. No abarca solo el crimen a la tierra, sino a todo lo cósmico que habita en ella, a toda la espiritualidad, que es súper importante para nuestros pueblos. El terricidio es un crimen de lesa humanidad. Por eso, exigimos que sean prohibidas las prácticas extractivistas por parte de las empresas que llevan a cabo estos actos, que sean penalizadas, y exigimos también la devolución de los recursos naturales a sus orígenes.

—¿Cómo se llegó a esta situación de colapso ambiental?

Como consecuencia del capitalismo y del extractivismo, que lo único que quiere es fomentar sus ganancias para poder ir contra nuestros pueblos y atentar contra nuestros cuerpos. Porque también terminan con nuestras formas de alimentación y nuestros recursos, que nosotros como pueblo protegemos: la biodiversidad, la naturaleza, que para ellos tiene muy poco significado.

—¿Qué efectos genera este terricidio en las comunidades?

Las grandes consecuencias sociales de este terricidio, aparte de la violación a nuestro cuerpo como forma de nuestra Pacha, es el ingerir cantidad de dióxido de carbono, metano, gases de todo tipo que penetran en la atmósfera. Esto es consecuencia de la sociedad de consumo en la que vivimos, propiciada por el Estado, por el sistema capitalista. El extractivismo es el saqueo indiscriminado de nuestros recursos naturales para seguir acumulando ganancias a costa de los pueblos, de la vida de nuestras comunidades, en beneficio de las clases dominantes y las empresas trasnacionales, representantes del imperialismo. Todo esto lleva como consecuencia el terricidio.

—¿Y en cuanto al agronegocio?

El agronegocio es una forma más de terricidio, es una forma más de opresión, que realiza el Estado contra nuestros pueblos. Una forma más de querer aniquilar nuestras formas de vida, de deshacer nuestras formas de vida, de atentar contra nuestra espiritualidad, con nuestros recursos naturales.

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La Constitución Nacional, en su artículo n.º 75, inciso 17, reconoce la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos y ordena “Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la personería Jurídica de sus comunidades y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas será enajenable, transmisible ni susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afecten”.

De esta manera, en 2006, se sancionó la Ley n°26.160, prorrogada hasta el 2021, que declaró la emergencia en materia de posesión y propiedad de tierras que “tradicionalmente ocupan las comunidades indígenas originarias del país, cuya personería jurídica haya sido inscripta en el Registro Nacional de Comunidades Indígenas u organismo provincial competente o aquellas preexistentes”.

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(Imagen: Revista Colibrí)

Es así que, lejos del mito del país “blanco y europeo”, en el último censo realizado en 2010 por el INDEC en lo que hoy es conocido como Argentina, se registró que, en ese momento, habitaban al menos novecientos cincuenta y cinco mil treinta y dos personas pertenecientes a una de las treinta y seis naciones originarias, lo que representa al 2,4 por ciento de la población total.

Sin embargo, desde el Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir, denuncian el avance sobre sus territorios y sus formas de vida no sólo mediante el saqueo de la Naturaleza, sino también a través de violentos desalojos, orquestados por un Estado históricamente racista. El hostigamiento permanente por parte de las fuerzas de seguridad en Villa Mascardi a miembros de la Nación Mapuche en la Lof Lafken Winkul Mapu, es un claro ejemplo.

En ese caso, el Poder Judicial provincial se posicionó en favor del Obispado de San Isidro, que reclama para sí la posesión de esas tierras pese a la lógica preexistencia de las comunidades. Fue en ese mismo lugar que, en 2017, efectivos de prefectura asesinaron por la espalda al joven mapuche Rafael Nahuel.

—En concreto, ¿sobre qué recursos continúa avanzando el modelo predatorio?

—Los elementos que se están destruyendo como consecuencia de este extractivismo son el agua, el aire, que están contaminando constantemente con todos los focos de incendio que se están dando en el mundo y especialmente en nuestro país. El extractivista no tiene en cuenta que esos recursos pueden extinguirse, que pueden dejar sin vida no sólo a nuestros cuerpos, a nuestra alma, sino también a los que son parte de nuestros territorios, de nuestra vida, como son las plantas, los animales. Todos formamos parte de la espiritualidad, de que vivimos acá, en la Pachamama.

—¿Existen otras formas de vincularse con la Naturaleza que permitan, además, producir alimentos?

Claro que sí. Por eso, pedimos que se liberen nuestros territorios de las multinacionales, de la megaminería, de las petroleras, de las hidroeléctricas, de todos los empresarios asesinos. Porque llevamos la armonía, somos parte de ese sistema espiritual, natural, que vivimos con la Pacha. Nosotros no somos dueños de los árboles, de los animales, de nuestra tierra. Nosotros somos parte. Nuestra cosmovisión está sustentada por nuestro cultivo, que es donde más se daña nuestra forma de vida natural, donde no le contribuimos al sistema capitalista, a todos estos empresarios que tienen como único objetivo enriquecerse. Nuestra cosmovisión se produce en armonía, con todos los seres tangibles e intangibles que habitan en la tierra, en nuestra Pacha.

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(Imagen: Revista Colibrí)

Las machis son autoridades ancestrales fundamentales para la Nación Mapuche. Conectan al pueblo con las fuerzas espirituales del territorio y velan por su bienestar físico y espiritual, y son quienes sanan a las personas por medio del LAWEN, medicina ancestral.

Según explican desde el Movimiento, “su sabiduría es heredada de una ancestra o ancestro, es decir, es un legado familiar. Tal saber nace con la persona que será Machi. Su rol es fundamental en la vida colectiva del Pueblo Mapuche, ya que, un, una o une Machi es la conexión entre las personas y las energías o fuerzas espirituales y físicas de la Mapu, es decir, de la tierra, el territorio o el vasto universo”.

Es por esto que, desde el Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir, reclaman que se permita de manera urgente el retorno de la machi Mawün Jones, que al empezar el año viajó a la Argentina y no puede regresar a Chile porque las autoridades le niegan el ingreso, pese a haber gestionado todo tipo de permisos para poder volver a su comunidad. 

Cabe señalar, además, que las fronteras fueron construidas de forma artificial y arbitraria para separar dos territorios que se impondrían como países lindantes. Esta lógica no es compartida por el Pueblo Mapuche, que reclama la libre circulación de las machis y de su medicina ancestral.

*Por Irina Sol Pilosoph Postan para Revista Colibrí.

Palabras claves: derecho a la tierra, Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir, pueblos originarios

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