Trump: de la lavandina a los anticuerpos monoclonales

Trump: de la lavandina a los anticuerpos monoclonales
5 octubre, 2020 por Tercer Mundo

El presidente de Estados Unidos se contagió coronavirus en medio de la campaña presidencial. Versiones cruzadas sobre la salud del mandatario que busca su reelección.

Por Ricardo Gotta para Tiempo Argentino

Ernesto Resnik es un biólogo molecular y biotecnólogo argentino. Su frase en Twitter de las últimas horas resume el concepto esencial. “A Trump lo están tratando con el cóctel de anticuerpos monoclonales de Regeneron, no con Hidroxicloroquina ni lavandina”. El presidente de la mayor potencia mundial, uno de los más furiosos y excéntricos ultraderechistas, quien despreció la importancia de la pandemia de la COVID-19, el que provocó una internación masiva cuando insólitamente recomendó armar un cóctel de lavandina para atacar al virus, el que estaría pagando en los sondeos de popularidad ese cuasi irresponsable manejo oficial de la crisis sanitaria frente a los propios gobernadores que lo enfrentaban y se rebelaban, él también se contagió de coronavirus.

Y si bien durante las primeras horas se anunció oficialmente que pasaría su cuarentena en la Casa Blanca y que, incluso, no detendría su campaña proselitista para las elecciones de dentro de un mes, con aspecto fatigado y con fiebre, se subió al helicóptero para ser trasladado. Y desde el viernes por la tarde, está internado en el Centro Médico Militar Nacional Walter Reed, también conocido como el Hospital Naval Bethesda. Fue construido en 1938 por el presidente Franklin D. Roosevelt. Se lo considera el mejor y más importante centro médico de Estados Unidos, pertenece a la Armada y es reconocido mundialmente por sus investigaciones pioneras.

Hagan lo que dice el presidente, pero no lo que él hace, parece ser el mensaje a sus compatriotas y al mundo entero. Trump es poderoso y multimillonario, aunque haya pagado solo 750 dólares de impuestos desde que se convirtió en primer mandatario y figure como moroso en 10 de los últimos 15 años. El New York Times reveló el escándalo el domingo pasado. El martes, Trump participó de un debate presidencial y su actitud convirtió en una barahúnda. Solo 48 horas después, se conoció su positivo de la COVID-19.

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Es de una lógica abrumadora que Donald John Trump, el 45º presidente de Estados Unidos, que el martes 3 de noviembre buscará su reelección y que transita por el delicado grupo de riesgo a sus 74 años, sea tratado con los mayores adelantos científicos en los más avanzados centros sanitarios del mundo. El sábado, trascendió que le fue aplicado el antiviral Remdesivir, uno de los pocos fármacos que probaron ser útiles contra la COVID-19. Es ciertamente incuestionable. Aunque no logre ocultar la paradoja de que Trump -así como Jair Bolsonaro, su amigo, su espejo ideológico, histriónico, responsable de otra potencia regional- haya contraído esa misma enfermedad a la que despreciaron ambos y que no se atengan a los postulados que propalaron con tanto ahínco. Otra vez, Ernesto Resnik: “El virus está obsesionado con mostrarle que las cosas no eran como Trump dijo durante meses”.


Además, cómo evitar el recuerdo del ataque que, el luego mandatario brasileño, sufrió en el estado Minas Gerais durante un acto de campaña, su trasladado al hospital Santa Casa de Misericordia, la intervención quirúrgica, la utilización proselitista de ese episodio y la tardía, muy tardía noticia de que la agresión seguramente haya sido planificada en el seno de su propio partido. El cuchillo hoy se exhibe en un museo por su incidencia en la historia.


“El presidente se siente muy bien esta mañana”, dijo el doctor Sean Conley, el médico presidencial. Negó que esté siendo sometido a oxígeno por métodos auxiliares aunque no respondió si ocurrió durante la noche. “La tos y la congestión nasal se están resolviendo”, y el presidente está “mejorando”, insistió, en respuesta a una fuente del propio hospital que, según la agencia AFP y la BBC, un rato antes, había dicho: “Los signos vitales del presidente en las últimas 24 horas han sido muy preocupantes y las próximas 48 horas serán críticas en lo que respecta a sus cuidados”.

“¡Voy bien, creo! ¡Gracias a todos! ¡Amor!”, había publicado Trump en su cuenta de Twitter. Melania, su esposa, también tiene COVID-19. El mandatario se habría contagiado de Hope Hicks, que dio positivo un día antes que él. La asesora de 31 años, muy cercana a Trump desde la anterior campaña, conocedora de la mayoría de sus secretos políticos, había dejado su puesto y regresó a la Casa Blanca. Había viajado al debate en Cleveland del martes, en el Force One y sin barbijo. La Casa Blanca, definitivamente, se convirtió en un peligroso centro de contagio y soporta un frenético trabajo de rastreo del virus.

Por el momento, la campaña quedó a un lado. Lo primero que se suspendió fue el acto del sábado en Wisconsin. Para el martes 3 de noviembre, restan 30 días. Por lo pronto, tanto Trump como el demócrata Joe Biden están en las papeletas con que el electorado ya está votando por correo y en ausencia. Además, los encuestadores ya trabajan en los nuevos sondeos. Ese dato, como el de la salud del presidente, va a ser crucial en las próximas horas. De hecho, un tema clave será determinar la capacidad física del funcionario de 74 años. La línea presidencial lo señala al vice Mike Pence. El traspaso, aunque sea momentáneo, no es algo a lo que sean afectos los presidentes de Estados Unidos -sobran antecedentes- y menos un león en celo como Trump.

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*Por Ricardo Gotta para Tiempo Argentino / Foto de portada: Tom Brenner – Reuters

Palabras claves: coronavirus, Donald Trump, Estados Unidos

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