Racismo y deporte: George Floyd y el despertar de «la Gran Esperanza Negra»

Racismo y deporte: George Floyd y el despertar de «la Gran Esperanza Negra»
3 junio, 2020 por Redacción La tinta

Hace más de un siglo, fue el resonante triunfo de un afrodescendiente sobre un cuadrilátero lo que desató la ira blanca. Hoy, tras un nuevo crimen institucionalizado, se exige igualdad. Y varios deportistas encabezan la fila.

Por Anibal Abt para La tinta

La presidencia de Donald Trump le agregó el condimento que faltaba al caldo racista imperante, históricamente, en los Estados Unidos. Así como los latinos, los afrodescendientes transitaron con pies de plomo las calles.

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Sam Clancy, pivote de Instituto, en una de las masivas protestas en Estados Unidos por el asesinato de George Floyd. (Imagen: @GuillermoPanero)

Sam Clancy, pivote del Instituto Atlético Central Córdoba en la Liga Nacional de Básquet, reconoce hoy, al regresar de una marcha realizada en Los Ángeles, que su condición de atleta le permitió “un trato justo” de parte de efectivos de la Policía.

El crimen de George Floyd, presunto responsable de realizar una compra con un billete de 20 dólares falso poco antes de su detención en Minneapolis, reabrió heridas impensadas para el siglo XXI. Pero, esta vez, la gente salió a la calle y, en plena pandemia, exigió justicia.

El desprecio es la moneda corriente, aunque encuentre en estadios italianos ejemplos que exceden al “Buhhhh” del calcio que se oye cada vez que un futbolista negro toca la pelota.

Hubo casos en los que tuvo lugar en el único modo que podría ser entendido por los responsables de una violencia institucionalizada: con actos violentos.

Tamika Mallory, una de las gestoras de la Marcha de las mujeres de Washington de 2017, sentencia que “a la violencia la aprendimos de ustedes”. Señala a quienes ostentan posiciones de poder.

El ring inicial

Hasta 1908, al pugilista Jack Johnson, de amplia sonrisa esclava y negra, sólo le permitieron ganar el Campeonato Mundial de Color de los pesos pesados. Provocador arriba del ring, cuando al afroamericano lo dejaron, consiguió el título mundial. Fue al vencer a Frank Bardy, blanco como todos los dueños de la corona desde 1889, aunque con menos prejuicios para enfrentar a un negro que sus antecesores.

Mientras tanto, Jim Jeffries llevaba seis años cosechando alfalfa en el campo que había comprado después de un lustro como campeón y su posterior retiro. Con Johnson siendo casi invencible, Jim se transformó en “la gran esperanza blanca”.

El novelista Jack London, famoso de época, se lo pidió: “Lo que está pasando es una carnicería más grande que lo ocurrido en Armenia. El hombre blanco debe ser rescatado”.

Jack Johnson sobre el cuadrilatero, antes de la pelea contra Jeffries. (Brown Brothers / PBS)

La carrera Jeffries, intachable, lo hacía el indicado por el establishment estadounidense de principios del siglo XX para destronar a Johnson.

Así, se produjo la “batalla de las razas”, el 4 de julio de 1910. El “afro”, insultado desde el primer round, terminaría haciendo rendir a Jeffries en el 14° de los 45 asaltos previstos. Y fue esa foto, que iría llegando con demora a todos los rincones del país, la que motivó hechos vandálicos a granel contra la población negra. Las crónicas refieren varios afroamericanos muertos, en distintos estados.

La historia se ve agravada en la ficción que se hizo film en 1970, dirigido por Martin Ritt.

Poder Negro

Casi de manera paradójica, Johnson no fue un ejemplo de lucha antirracial, pero el mundo del deporte sí aportó casos. Y, fundamentalmente, hechos. Pero poco cambió en los últimos cien y pico de años.

Los primeros Juegos Olímpicos televisados de la historia, los de México 1968, tuvieron al “Black Power” como protagonista. Y fueron los afroamericanos Tommie Smith y John Carlos, medallistas de oro y de bronce respectivamente en los 200 metros, quienes hicieron llegar al mundo su pedido de justicia.

Llegaron al podio descalzos a modo de protesta y alzaron sus brazos en alto portando cada uno un guante negro cuando sonó el himno estadounidense. Fueron faros en ese momento, pero también expulsados de la Villa Olímpica, despedidos de por vida para representar a su (racista) país y parias casi por el resto de sus vidas.
Smith, portador de once récords mundiales, sólo pudo limpiar coches como salida laboral.

Colin Kaepernick fue la última figura deportiva en exponer públicamente del cruel modo que se aceptan los crímenes a ciudadanos afroamericanos.

El mariscal de los San Francisco 49ers, equipo de la NFL, lo hizo en 2016 al arrodillarse (otra vez) cuando sonaba el himno nacional. La ira de Donald Trump por el destrato sufrido en el fútbol americano, deporte por excelencia en el país, mostró que es un fiel representante de la idiosincrasia nacionalista.

Su negativa a mostrar orgullo por “la bandera de un país que oprime a las personas de color” apuntaba a que “sería egoísta de mi parte mirar hacia otro lado».

No se demoraron en aquel tiempo los apoyos a Kaepernick, cuya relevancia deportiva declinó, pero hoy se encuentra brindando asistencia jurídica a los miles de detenidos que dejan las protestas en el país.


«No voy a ponerme de pie para demostrar orgullo por la bandera de un país que oprime a las personas de color. Para mí, esto es más grande que el fútbol y sería egoísta de mi parte mirar hacia otro lado», dijo Kaepernick.


En la actualidad, el mundo del deporte no permite dudas respecto a la necesidad de tomar partido. En el básquet, otra de las actividades dominada por excelencia por afroamericanos, desde el lugar de Clancy hasta la incidencia de LeBron James, son protagonistas.

Michael Jordan, que decidió exponer el dilema que se le presentó cuando, ya camino a ser el mejor jugador de todos los tiempos, su madre le pidió que apoyara abiertamente a Harvey Gantt en su camino a ser el primer diputado “afro” por Carolina del Norte.

Por aquel tiempo, Jordan selló su acuerdo con Nike para tener sus propias zapatillas. En la reciente (y brillante) serie “The Lance Dance”, el basquetbolista justificó en que no conocía a Gantt para brindarle su apoyo en aquel momento. También reconoció haber dicho que “los republicanos también compran zapatillas”, pero que lo hizo “en broma y arriba de un autobús”, dialogando con compañeros.

Días atrás, con dureza contra el destrato imperante, pero pidiendo que los reclamos sean pacíficos, Jordan emitió un comunicado solidarizándose con la causa y el momento que generó el crimen de George Floyd.

La “esperanza negra” es, fue y será la igualdad. Ni más ni menos. La “esperanza blanca” de 1900, en cambio, buscó trasladar al deporte la discriminación reinante.

*Por Anibal Abt para La tinta

Palabras claves: Boxeo, Colin Kaepernick, George Floyd, racismo

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