De la higiene personal a la limpieza étnica

De la higiene personal a la limpieza étnica
15 abril, 2020 por Redacción La tinta

Con el avance del coronavirus, ha avanzado también el racismo y la xenofobia: el estigma del contagio ha abarcado desde la población asiática hasta el personal de salud, principal encargado de afrontar esta crisis. En ese marco, las declaraciones de Julio Carballo, ex concejal radical de Capilla del Monte, quien manifestó la expectativa de que el virus genere una “limpieza étnica”, expresan un modo de pensar con raíces profundas en Argentina y nos permiten ver el modo en que los conflictos históricos que atraviesan a nuestras sociedades se ponen de manifiesto en el nuevo contexto.

 Por Francisco Filippi para La tinta

El avance del coronavirus ha tenido, entre sus consecuencias, la proliferación de expresiones xenófobas, racistas y estigmatizantes hacia grupos que son considerados como vectores de contagio, lo que los convierte en una amenaza. Las primeras víctimas de esta tendencia fueron todas aquellas personas a las que se pueda atribuir relación con el hemisferio oriental. Además de los memes y publicaciones de humor en general, los asiáticos y sus descendientes en otros países han sido objeto de estigmatización: desde las referencias al “Virus Chino” de Donald Trump, en el marco de su disputa geopolítica con el gigante asiático, hasta las manifestaciones en Ucrania para impedir que ciudadanos chinos desciendan de un avión en el país, aún cuando no estaban contagiados e iban a realizar la cuarentena. En Córdoba, un grupo de vecinos amenazó con quemar la casa de un venezolano sospechado de portar Covid-19.

Más allá del plano étnico y nacional, el miedo se ha extendido, de modo paradójico, hacia los principales encargados de afrontar diariamente la crisis. Tanto en México como en Argentina, se produjeron, en las últimas semanas, amenazas e intimidaciones hacia el personal del sistema de salud por el miedo de sus vecinos y conciudadanos hacia el contagio.

Entre las noticias relacionadas con la pandemia, recientemente, cobraron notoriedad las declaraciones de Julio Carballo, ex concejal de Capilla del Monte, radical pro, quien manifestó la expectativa de que, al menos, el virus genere una “limpieza étnica”, liberando al país de “unos cinco o seis millones” de “negros menos, de peronistas menos… de planes menos”. Es importante reflexionar sobre estos dichos, entre la avalancha de noticias, más cuando, a través de un descargo y un deslinde de responsabilidades partidarias, se pretende que pase como un simple furcio. Muy por el contrario, Carballo expresa un modo de pensar con raíces profundas en la historia Argentina.

Estados Unidos Trump Bolsonaro

La oportunidad en la crisis

Mucho se ha hablado y escrito en estos tiempos sobre el mundo post pandemia y se han generalizado las invitaciones a aprovechar este contexto para pensar nuevas formas de vida, nuevos modelos económicos y modos de relación con la naturaleza. De la magnitud de esta crisis, se plantea, la humanidad debe aprender algo. No debemos olvidar, sin embargo, que “la humanidad” es una forma sumamente amplia y abstracta para designar intereses sociales, políticos y económicos que se encuentran en conflicto.


En cierto modo, la crisis sanitaria actual condensa una gran cantidad de tendencias contradictorias que existían previamente, entre ellas, el racismo y, con toda certeza, el año 2020 servirá como hito en las periodizaciones que construyan los historiadores en adelante.


No es esta la primera vez que, en un contexto de epidemias, proliferan las prácticas xenófobas, sin ir más lejos, ocurrió con los africanos en el marco de la epidemia del Ébola en 2014. En la presente crisis, muchas de las expresiones de este tipo se presentan en términos de protección de la salud pública y, de este modo, se azuza el miedo al asiático como modo de preservar la propia salud. Sin embargo, el concejal serrano ha dado un salto, ya que sus dichos discriminatorios no están planteados en un plano defensivo, frente a posibles sospechosos de portar el virus. Por el contrario, en términos propositivos, Julio Carballo está pensando en las oportunidades que se desprenden de la crisis: ve en el virus un agente biológico capaz de llevar adelante, con suerte, un viejo programa de la derecha vernácula, la desperonización de la Argentina, impulsada desde los comienzos de la revolución fusiladora de 1955.

Las relaciones entre identidad política, en este caso, el peronismo, e identidad étnica, el negro, del interior o el conurbano, cabecita, etc., han sido abordadas por las ciencias sociales. Es sabida la resignificación realizada por el propio peronismo al afirmarse como descamisado, negro, montonero, así como la elaboración y puesta en práctica de categorías nuevas para explicar a sus adversarios, los gorilas. El antropólogo Alejandro Grimson analizó las identificaciones múltiples que, en términos raciales, étnicos y de clase confluyeron en la conformación del peronismo como movimiento político. Según el autor, el 17 de octubre produjo un estallido de las clasificaciones tradicionales en el país, llevando al surgimiento de un esquema de jerarquizaciones raciales que permite explicar, en adelante, tanto el peronismo como el antiperonismo. El discurso por el cual se racializa al enemigo político tampoco es novedoso y ha sido utilizado en una gran cantidad de guerras durante el siglo XX, siendo su manifestación extrema el fascismo.

Mientras, en el discurso antisemita de Hitler, el judío podía referir tanto al banquero millonario, al pequeño comerciante que le quitaba trabajo al alemán, así como al comunista que traicionaba a la nación, como señala Grimson, “las clasificaciones sociales del color en Argentina presentan la peculiaridad de que blanco y negro aluden, más que al color de piel, a la jerarquía de clase y étnica de las personas. Además, “negro” se asocia de manera directa a su identificación política”.


La derecha argentina, desde el retorno democrático a esta parte, ha tenido dificultades para expresar, públicamente y de modo oficial, ese odio de clase que la caracteriza.


Esto no implica, sin embargo, que ello haya desaparecido como un componente clave en sus distintas formulaciones ideológicas. Los modos de expresión, como los de todos, se han ido modificando, jugando un papel importante las redes sociales. A su vez, entre aquellos que tienen cierto grado de responsabilidad en sus dichos por ocupar espacios de poder, sean referentes políticos, funcionarios, periodistas o grandes empresarios, existe la práctica de decir públicamente lo indecible, arrojar la bomba y esperar el repudio general para luego retractarse, con todas las formas que exige la corrección política. Se consigue así el efecto deseado, poniendo a circular un discurso que se autopercibe como contenido censurado y, de modo hipócrita, hasta se presenta como contestatario. Dos grandes ejemplares de la política global que han hecho de esto un medio de ascenso al poder han sido Jair Bolsonaro y Donald Trump.

Aclarar… oscurecer

En su descargo, Carballo expresó que lo que dijo se produjo en una conversación privada, en tono de sarcasmo y que, en definitiva, fue sacado de contexto por alguien a quien consideraba un amigo, quien lo habría traicionado al publicar el audio. Pidió disculpas por haber “herido los sentimientos de mucha gente”, manifestó que “jamás desearía que un compatriota muriese” y se apresuró a señalar que tiene “muchos amigos peronistas”. Además, dijo que conoce sobre el virus porque tiene parientes en Italia, un lazo que gusta de mostrar con orgullo cierta clase media argentina para diferenciarse de la argentina “negra”.

Que sus declaraciones de deseo por la muerte de seis millones de negros “peronchos” hayan sido realizadas en una conversación privada e informal no implica de ningún modo que no sea eso lo que realmente piense. Muy por el contrario, no caben dudas de que su expresión de deseo no es exclusiva de su fuero íntimo, sino que marca una larga trayectoria de odio propia de la derecha argentina, que imagina y condensa todos los males del país en esos negros que no tienen redendención, a no ser por la fuerza.

Para ilustrar esto, resulta interesante el repaso por algunos comentarios a la noticia, por ejemplo, en el portal de la radio más popular de la provincia, Cadena 3, donde Daniel opina que “¡se tenía que decir y se dijo!”, mientras que Luis, parafraseando a José Artigas, señaló: “con la verdad, no temo ni ofendo”. La nota en La Nación, por su parte, registra, al momento, más de 1700 comentarios en donde se libran pequeñas batallas y pululan los trolls: las expresiones que celebran los dichos de Carballo o los matizan y precisan -por ejemplo, señalando, como Pablo, “yo apruebo lo que dice siempre que ataque sólo a todos los políticos…”- son tantas que resulta imposible reseñarlas aquí.

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(Imagen: Eloisa Molina para La tinta)

De la sociología espontánea al racismo manifiesto

“La gente”, categoría sociológica que podemos escuchar en la boca de numerosos economistas y periodistas en la tele, puede denotar distintos elementos dependiendo del contexto. Así, muchas veces, se habla de ella en términos positivos: “el taxista, el pobre plomero, el comerciante… el empresario que están hartos de pagar impuestos” (véase cualquier entrevista a José Luis Espert). El actual gobierno, por su parte, realizó su campaña a caballo de un slogan que también incluye esta categoría: “Hay que poner plata en el bolsillo de la gente”. Por la propia ambigüedad y generalidad del concepto, abre la puerta a su utilización en los más diversos contextos y sentidos.

El propio Julio Carballo, en sus audios, comienza retomando este concepto de la sociología espontánea para decirnos que “la gente entiende acá, en este país, a los palazos, si no, no hay forma”. Somos hijos del rigor, “el argentino está acostumbrado a transgredir las normas”, como suele decir, también, el ministro de seguridad de la provincia de Buenos Aires, Sergio Berni.

Partiendo de la categoría de gente, el concejal serrano pasa rápidamente a definir el problema en términos de identidad política:  “Y como gran parte de este país es peronista, el peroncho entiende a bala, a palo, patada en el culo.” De la categoría general y ambigua, pasamos al “peroncho”, para luego definirlo en términos raciales, lo que permite identificarlo a primera vista, no por el color, sino, como dijimos, porque el color designa una clase: “Es de la única forma porque es negro”.

Contra la pulcritud

En otro de sus descargos, el autor de los dichos intenta contextualizar, desligar al partido y señalar que, en realidad, sus intenciones eran sensibilizarse con el hecho de que el virus afecta con mayor fuerza no sólo a los adultos mayores, sino también a los pobres. En diálogo con La Nación, explica que el contexto de su conversación era el de un intercambio de videos en donde se mostraba la gran circulación de personas en las calles de La Matanza, un helicóptero que sobrevolaba la localidad supuestamente fumigando y una persona que decía que no le alcanzaban los 10.000 pesos recibidos “porque había comprado birra y un equipo de música”. El contexto, entonces, era el de una conversación que, entre el humor y la indignación, giraba en torno al problema que los habitantes de ese distrito representan para el país. Carballo explica que, por conocer del tema, lo que quiso expresar es que “en lugares donde hay miles atrapados por la pobreza, es altamente probable que el virus haga su selección”. Limpieza étnica, selección… la probabilidad, en este caso, es expresión de deseo, esperanza por la realización de algo “que todos nos merecemos” y, así, “capaz este país arranca”.

Desde las sierras de Córdoba, el concejal fantasea con la muerte masiva de negros peronistas en La Matanza y manifiesta la ideología histórica de exterminio del otro que, de modo, a veces, latente y, a veces, más explícito, ha existido en nuestro país –desde los tiempos de Bartolomé Mitre y Sarmiento, con su desprecio al gaucho y las montoneras, pasando por la generación del 80 y su programa de exterminio indígena, la bandas fascistas de la Liga Patriótica en los albores del siglo XX, el antiperonismo de la fusiladora, las tres A en los 70 y las fuerzas armadas-. Por ello, el “exabrupto” no puede tomarse como un simple “exceso”, un “dicho desafortunado” sobre el cual se pide disculpas públicas y se pasa a otro tema.

La pandemia ha abierto las puertas a la reflexión y el debate en torno a distintos temas, predominando, como es natural, la salud y la economía. El análisis y las propuestas desde las ciencias sociales no pueden quedar al margen: nos permiten ver el modo en que las contradicciones y conflictos históricos que atraviesan a nuestras sociedades se ponen de manifiesto en el nuevo contexto. La discriminación, la xenofobia y las expresiones de violencia política forman parte de ello.


En los últimos siglos, la aplicación lineal de criterios biológicos en el ámbito social han llevado a atrocidades aberrantes. Por ello es que no nos resulta del todo ajena la expresión “limpieza étnica”, la aplicación de los criterios de higiene con que debe afrontarse una pandemia, hacia los sectores sociales históricamente subordinados, quienes contaminan el “cuerpo social”.


Por el contrario, podríamos retomar a Rodolfo Kush y su reivindicación del Hedor de América, ese “camión lleno de indios”, esas “villas miseria, pobladas por correntinos”. Según el autor, “la categoría básica de nuestros buenos ciudadanos consiste en pensar que lo que no es ciudad, ni prócer, ni pulcritud no es más que un simple hedor susceptible de ser exterminado”. En la cabeza de las clases dirigentes de América, la higiene social se manifiesta en la limpieza étnica. Frente a ello, Kush propone “la absorción de las pulcras cosas de Occidente por las cosas de América, como modo de equilibrio o reintegración de lo humano en estas tierras”. En términos sociales, la teoría crítica en nuestro continente pasa por reivindicar todo ese mundo que históricamente ha querido ser saneado, depurado, higienizado.

*Por Francisco Filippi para La tinta. 

Palabras claves: coronavirus, cuarentena, racismo, xenofobia

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