Héctor «Toto» Schmucler: «Uno de los que se preguntó»

Héctor «Toto» Schmucler: «Uno de los que se preguntó»
29 marzo, 2019 por Redacción La tinta

Por Susana Morales para La tinta

Cuando hace ya tres años, desde la cátedra de Teorías de la Comunicación III, decidimos poner en marcha el seminario “La trayectoria intelectual de Héctor Schumcler”, fuimos profundizando en un conjunto de escritos, algunos más conocidos, otros que tuvieron menos circulación, que no dejaron nunca de ser una fuente de aprendizaje y, sobre todo, de encuentro con un intelectual de una riqueza teórica y humana, que tal vez sea el más importante que el campo de la comunicación en Argentina haya tenido hasta el momento.

En este homenaje, quiero referirme muy brevemente a algunos de sus aportes que me parecen relevantes de señalar en virtud de los acontecimientos que nos convocan en el mes de marzo: la memoria, la palabra, la eficacia de la comunicación.


Va a decir Ana Illiovich que “El Toto, allá por los ´80, fue uno de los que se preguntó. Tal vez por la impronta trágica de andar buscando a su hijo y éste, el de los sobrevivientes, hubiera sido uno de los destinos posibles, se detuvo a escucharnos. No culpó al mensajero, creyó en el mensaje terrible que portábamos y se hizo cargo de su propio dolor”.


Con estas palabras, Ana relata su encuentro con Héctor “Toto» Schmucler, cuando él se había tomado el trabajo de escuchar a los sobrevivientes de los campos de concentración de la Argentina. El propio Schmucler afirmó una vez que el dolor parece ser el lugar donde se pone en tensión la comprensión del mundo.

Precisamente por eso, para poder dar forma transformadora a esa tensión, para seguir preguntando qué paso, pero también cómo fue posible que ello sucediera, fundó, en los primeros años 2000, el programa de Estudios Sociales sobre la Memoria en el marco del Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), cuando en el mundo académico no era un tema que interesara como tal. También, integró la primera conformación de la Comisión Provincial de la Memoria, creada en 2006, en representación de la UNC.

Por cierto, tampoco es casual que el libro que más sistemáticamente recopiló los ensayos escritos por Toto hasta el año 1997 lleve por título Memoria de la Comunicación.

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(Imagen: Archivo Provincial De La Memoria Córdoba)

En 1993, fundó la Revista Estudios y estuvo al frente de su dirección durante más de 15 años. Mientras estuvo a su cargo, se mantuvo una sección fija dedicada a la memoria. El número 16 de la revista, correspondiente al otoño de 2005, estuvo dedicado a la Memoria Colectiva. En la presentación de esa edición, Toto deslizó una sutil diferencia entre la memoria y la voluntad de memoria. Dijo que “la memoria colectiva resulta impiadosa. Muestra al desnudo el presente de las sociedades que eligen recordar determinadas experiencias y no otras. No hay otra posibilidad pues el olvido es implacable. La memoria, al seleccionar qué recordar, señala que la posibilidad de perder para siempre determinadas cosas resulta insoportable» como contrapartida “la voluntad de memoria es la expresión de un estado colectivo de pensar que decide sobre el tipo de raíces en los que el presente se sostiene. Nada más próximo a la ética. Nada más urgente que instalarla en un lugar de privilegio”.


Héctor Schmucler fue un hombre comprometido con su tiempo. Y cuando digo esto, no hablo solo de su valentía en asumir compromisos siendo coherente con sus convicciones. Hablo de la sensibilidad para identificar, en cada tiempo, los senderos que, en la producción intelectual articulada con la experiencia política, debían transitarse. Y en ese identificar senderos, estuvo a la vanguardia en cada época.


En 1963, fundó la Revista Pasado y Presente, junto a José María Aricó, Oscar del Barco y Samuel Kiczkowski, con el sugerente subtitulo: Revista Trimestral de Ideología y Cultura. En 1969, participó del nacimiento de la Revista Los Libros, que llevaba por subtitulo Para una crítica política de la cultura. En 1973, creó la Revista Comunicación y Cultura junto a Armand Mattelart, como una prueba más de su aguda percepción de los senderos por donde desplegar la experiencia intelectual y política, ya que esta revista fue una referencia para todo el campo de la comunicación en América Latina.

Los títulos y subtítulos de las revistas que fundó, o los libros que publicó, representan un preciso inventario de las palabras clave que atravesaron buena parte -sino toda-, su obra. Los libros y la cultura, la comunicación y la ideología, el pasado y la memoria como raíces del presente.

Decimos que nos hizo transitar senderos y no caminos. Los senderos acortan caminos, a menudo permiten avizorar paisajes que los caminos, como trayectos hegemónicos, ocultan o invisibilizan. Uno de ellos fue precisamente la mirada acerca de la comunicación, en una etapa clave, casi fundacional de los estudios sobre medios en Argentina. Mientras los debates hegemónicos se empecinaban en abordar dicotomías tales como objetividad científica o compromiso político de la ciencia, o en seguir absolutizando el poder de manipulación de los medios, Toto ponía como fuente de conocimiento la pregunta que abre paso desde la certeza ciega, a la duda creativa. Allí, en uno de sus artículos de revista, afirmó que una de las facetas constitutivas de la ciencia es la definición de su objeto de estudio. Para el caso de la comunicación, su objeto no seria un corpus determinado, sino “más bien, una función: la circulación de ideología en condiciones particulares de descodificación”.

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(Imagen: Archivo Provincial De La Memoria Córdoba)

Solo para ofrecer algunas pinceladas de las huellas que nos dejó para seguir pensando, y en estos días de debates que tienen como objeto la lengua y la palabra, viene bien recordar que, en 2007, Toto participó como conferencista de la VI bienal iberoamericana de la comunicación. Allí, y en la misma línea en la que casi 30 años atrás había definido la comunicación, afirmó: “Quiero recordar a cierta ilusión moderna ilustrada que cree en la transparencia de las palabras, tempranamente insistimos en que la eficacia del discurso mediático depende rigurosamente del contexto en el que se incluye la palabra y que ese contexto semántico está centralmente constituido por la experiencia individual y colectiva de ese conjunto que se llama los receptores”. Es decir, los discursos y la palabra que circula adquieren significado en el encuentro con los receptores y sus múltiples y laberínticas experiencias.

También, en ocasión de esa misma conferencia, dio continuidad a la preocupación que tenía en torno a las transformaciones de la vida cotidiana de las personas, a partir de la inclusión de las tecnologías digitales. Pero, en estas reflexiones, fue mas allá de las consecuencias instrumentales que tales tecnologías podían depararnos. Y aseveró con profundidad y simplicidad que “a quien está obsesionado por mirar el celular, que en lugares públicos, por prudencia se apaga, pero del que se está permanentemente pendiente, quiero decirle que esta especie de urgencia que el celular nos impone al existir es comparable con la urgencia que nos impone la vida en este mundo capitalista contemporáneo, en este mundo global marcado por la urgencia. Y este hecho, la urgencia, está señalando las pautas civilizatorias con que vivimos”. Tremenda premonición, allá por 2007, cuando aún no existía ni Twitter ni Instagram, Facebook solo tenía tres años y aún no estaba disponible en español.

Así era Toto, era capaz de ver lo que otros no veíamos. Y era capaz también de encontrar las palabras justas y necesarias para nombrarlo, y transformarlas en proyecto.

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(Imagen: Archivo Provincial De La Memoria Córdoba)

*Por Susana Morales para La tinta.

Palabras claves: educación, Facultad de Ciencias de la Comunicación, Héctor "Toto" Schmucler, Medios de comunicación

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