“En la foto no somos un país de mierda, pero la película es preocupante”

“En la foto no somos un país de mierda, pero la película es preocupante”
17 octubre, 2018 por Redacción La tinta

Daniel Schteingart, experto en sociología económica, traduce la radiografía estadística de la Argentina, repasa los pliegues de la crisis, los errores de diseño del modelo macrista y traza un posible sendero para el desarrollo: «El camino viable es un híbrido entre Corea y Australia».

Por Adrián Murano para Zoom

Tiene la virtud de explicar de manera simple lo que en la academia se aborda de modo complejo. Doctor en Sociología y magister en Sociología Económica, como investigador se especializa en modelos de desarrollo económico comparado, aborda las problemáticas del perfil productivo de los países y analiza las dinámicas de la pobreza y la desigualdad. Pero en las redes sociales se hizo conocido por su hilos donde desmenuza los datos de coyuntura, los pone en contexto y propone perspectivas. Algo similar hace a diario como columnista de María O’Donnel, en Radio con vos.

Observador agudo de las estadísticas, su ojo clínico traduce la radiografía más reciente de la Argentina. “Los datos que difunde el Indec todavía corresponden al primer semestre cuando la recesión recién estaba empezando -avisa-, pero aún así ya se empieza a ver un deterioro de la tasa de desempleo, que subió el 8,7 a 9,6%, pero sin destrucción de empleo. Eso se explica por el efecto del trabajador adicional, lo que significa que en los hogares se llega menos a fin de mes y principalmente las mujeres salieron al mercado laboral. Algunas consiguieron empleo y otras no, por lo que sube el desempleo sin que se registre destrucción de empleo. Pero muy probablemente en las próximas mediciones eso sí ocurra”.


Respecto a los datos de la pobreza -que revelaron un leve crecimiento cercano a los dos puntos, cuando la percepción general es que la cifra es mayor- Schteingart ofrece una explicación similar: “Hay que entender que la foto el primer semestre de 2018 es la yuxtaposición de la conjunción de 6 fotos -enero, febrero, marzo, abril, mayo, junio- y que la corrida empieza en mayo, de modo que los primeros tres primeros meses la economía todavía crecía. El punto de inflexión es en mayo, pero el impacto en las estadísticas se va a reflejar recién a principios de 2019. Es probable que ahí se vea la cifra de la pobreza por encima del 30%.


Los economistas suelen decir que el comportamiento económico se basa en expectativas. En esa línea, ¿qué fue primero: la crisis o la percepción de la crisis?
Creo que generalmente las expectativas tienen bastante de adaptativas, en el sentido de que muchas veces nuestras expectativas están muy condicionadas por el pasado inmediato. Respecto a la crisis, si bien existían advertencias sobre las vulnerabilidades macroeconómicas, nadie consideraba que el dólar se podía ir de 20 a 40.

—¿La crisis estalló por errores en la aplicación del modelo o por el propio modelo?

—Creo que hay un poco de las dos cosas, pero pondría el foco en una serie de errores de diseño que fueron generando el caldo de cultivo. Había un déficit de la cuenta corriente enorme el año pasado y principios de éste que el gobierno subestimó y no se hizo nada para morigerarlo. Tenía un agujero enorme vía turismo, por ejemplo, que podría haber tratado con un impuesto al turismo. Se estimuló una apertura comercial demasiado rápida en algunos sectores, por ejemplo el automotriz, lo que generó un gran agujero comercial adicional. Se cometió el error de haber liberalizado la cuenta capital. La reparación histórica también fue un error, y más sobre todo en un gobierno que puso el tema fiscal como determinante, y sobre todo porque implicó una transferencia de ingresos a los jubilados de mayores ingresos. Haber bajado retenciones junto con la devaluación en 2015 también fue problemático porque se recargó los efectos de la devaluación y profundizó el agujero fiscal. Y a ese escenario se sumó el accionar del Banco Central, que fue bastante errático cuando se desata la corrida, aunque hizo una cosa buena, que fue imponer el muro construcción de 5000 millones para ponerle límite a la corrida en 28 pesos. El tema es que tres semanas después el Fondo Monetario desarmó esa estrategia y la corrida se aceleró.

Macri-Lagarde-FMI

—¿Recurrir al FMI era un paso “inevitable”, como plantea el gobierno?

—Yo creo que no. Fuiste al fondo con dólar a $23, ahora tenés un dólar a $38 y todos los indicadores están peor. El problema es que el FMI te constriñe tu margen de política económica, en particular la intervención del Banco Central, que pierde herramientas.

—Los economistas ortodoxos suelen hablar un lenguaje alambicado y algunos se refieren a la economía como un área técnica que sólo puede ser abordada desde la erudición académica. En otras palabras, que la economía sólo puede ser abordada por economistas ¿Es así? ¿La sociedad entiende o no de economía?

—La población tiene un conocimiento práctico de la economía. El laburante que no está formado en economía entiende qué es la inflación cuando va al supermercado y ve que los precios suben, entiende que el salario real cayó cuando ve que le cuesta más llegar a fin de mes o por que no tiene más capacidad ahorro, entiende el concepto de crecimiento económico cuando ve más movimiento en la calle, en los restaurantes, que entiende el concepto de desigualdad cuando ve homeless mendigando en Puerto Madero. Son conceptos prácticos que después uno después puede tratar con herramientas teóricas, pero se convive en el día a día con eso. Por eso hay una correlación muy alta entre la evolución del poder adquisitivo y el humor económico. Si tirás una serie de salario real lo que vas a ver es que correlaciona muchísimo con el consumo, y a su vez eso se relaciona con el humor económico y con la aprobación del gobierno. Obviamente hay grados de libertad, no todo es economía, pero sí están muy relacionados.

—¿El humor económico es un factor electoral determinante, como se sospecha?


—Probablemente, pero no es lineal. Se ve en varias encuestas que la gran mayoría de la población considera que en este momento vive peor que el 2015, que con el gobierno anterior. Ahora, cuando se le pregunta acerca de quién es responsable de la mala situación actual las respuestas están bastantes divididas. Hay un sector que culpa a Macri, otro que culpa a Cristina y otro grupo que acusa a los dos. O sea que hay un consenso de que la cosa está peor que antes, pero no necesariamente eso es interpretado como responsabilidad del gobierno actual.


—O sea que, parafraseando a un ex ministro, en el voto se expresa el corazón y el bolsillo…

—No soy especialista en cómo es la acción humana. Está claro que el comportamiento está atravesado por variables dónde vas a tener las personas que actúan de acuerdo a su ética y muchas que actúan de acuerdo a su propio interés, con una lógica más racional que sopesa ciertos medios y fines para maximizar algo. Todos de algún modo estamos atravesados por esa dualidad. Un ejemplo: cuando vamos a un restaurante de un parador rutero, sobre el cual sabemos que nunca vamos a volver, ¿por qué dejamos propina? Ahí tenés un ejemplo de acción explicado por la moral, no por la maximización económica. Por otro lado está claro que en occidente vas a tener una lógica de acción donde las personas van a tratar de cuidar su bolsillo. Por algo las sociedades capitalistas son capitalistas. Pero no toda la acción se reduce a eso. Creer que la acción humana se reduce a comportamientos utilitaristas es muy errado.

—Una de tus especialidades es la comparación de modelos de desarrollo. Por otro lado, tenemos afición por plantear comparaciones ¿Hay algún modelo externo que sea aplicable a la Argentina?

—El común denominador del desarrollo no es tanto el perfil de lo que se exporta como la existencia de capacidades científicas y tecnológicas altas. Los países desarrollados comparten por ejemplo tener mucho gasto en investigación y desarrollo en porcentaje del PBI, muchas patentes per cápita, muchos investigadores per cápita, etc. Es verdad que la mayoría de los países desarrollados están especializados en industria pesada, pero no en todos los casos. Noruega, Australia y Nueva Zelanda, si bien tienen muy altas capacidades científicas-tecnológicas, están mayormente desarrollados en recursos naturales. En el caso de Noruega es el petróleo, en Nueva Zelanda son los alimentos y en caso de Australia es mayormente la minería. Pero en el caso de Australia, por caso, la minería está imbricada con el Sistema Nacional de innovación e implica el desarrollo de conocimiento sofisticados. Por ejemplo: dos tercios de las minas del mundo utilizan software australianos. Algo similar ocurre con Noruega y el petróleo. Por otro lado hay países especializados en manufactura pero que pueden tener bajas capacidades científico tecnológica, como es el caso de México y países asiática, que fundamentalmente ensamblan. Entonces, hay como grados de libertad en cuanto al perfil de lo que uno exporta y el nivel de desarrollo.


En base a esto diría que Argentina tendría que aumentar sus capacidades científicas, tecnológicas y de innovación, eso seguro, pero ¿con qué modelo de especialización? ¿Uno industrial duro, como Corea, u otro más al estilo Australia, donde la industria tiene un rol mucho más subsidiario y los recursos naturales son palancas del desarrollo?


La estrategia de Corea, que pasó de ser un país super pobre a uno super próspero y tecnológicamente líder, es imposible de aplicar en la Argentina, porque Corea se desarrolló con un marco muy autoritario que disciplinó al capital, pero sobre todo al trabajo, en un contexto geopolítico también muy distinto, con un gran apoyo norteamericano y sin recursos naturales. En el otro extremo está la estrategia de Australia, que es la que más seduce el gobierno actual, quizá porque lo ve más afín a sus ventajas comparativas, porque le gusta esa cosa de las reformas pro mercado y más ligada a la regulación capitalista, pero creo que no es una estrategia viable para Argentina. Primero porque la densidad poblacional de Australia es muy baja, eso hace que los recursos naturales per cápita Australia sean altos, mucho más altos que en la Argentina. Como consecuencia, no sé si Argentina tiene capacidad de generar divisas y empleo suficiente si le suelta la mano a la industria, como hizo Australia en los 80. Y por otro lado, es un contexto geopolítico muy distinto, siempre fue una sociedad más igualitaria, con bajo nivel de conflicto distributivo, mientras que en la Argentina eso siempre fue en lío. Por último, cuando Australia tuvo el PBI per cápita de la Argentina -hace 50 años-, ya tenía mayor inversión en educación que la Argentina. Entonces, si queremos ser como Australia empecemos a invertir más en educación y ciencia, y en mirar la situación distributiva, que son cosas que no se mencionan mucho.

Daniel Schteingart economia argentina 2
(Imagen: Georgina García)

Para Schteingart un camino de desarrollo posible sería un híbrido entre Corea y Australia, “donde los recursos naturales generen encadenamiento con una serie de proveedores industriales asociados. Pero no sólo eso: también necesitás alejarte un poco de los recursos naturales y potenciar capacidades de sectores industriales donde ya tenés capacidades, como la industria farmacéutica, química, automotriz. ¿Qué país tiene algo parecido? Canadá, Finlandia, Dinamarca. Obviamente hay que tener en cuenta que toda experiencia de desarrollo siempre es idiosincrática. Los modelos ofrecen cierta inspiración, pero la aplicación tiene que tener en cuenta los factores locales”.

—Hace un tiempo publicaste un artículo provocador, donde afirmás que “no somos un país de mierda”. ¿Sigue vigente?

—En esa afirmación me refería a que si uno mira una foto efectivamente Argentina está de mitad de tabla para arriba en la totalidad de los indicadores sociales y económicos. O sea: la pobreza en Argentina es menor que en el promedio del mundo, es menor que la media latinoamericana, todos los indicadores de desarrollo social, si bien están lejos de los países desarrollados, están por encima del promedio mundial y por encima de la región. Si uno se fija el índice de desarrollo humano que hace las Naciones Unidas, que combina variables como PBI per cápita, esperanza de vida y escolarización, Argentina está en el puesto 45 sobre unos 200 países, aproximadamente. En ese sentido está lejos de ser un país que esté en el fondo de la tabla. Ahora sí es cierto que en los últimos 40 años, desde los 70 para acá, la performance argentina ha sido muy floja en términos económicos y sociales. El PBI per cápita creció muy poco comparado contra otros países del mundo, la evolución productiva fue mala en términos relativos contra otros países. Salvo algunos momentos puntuales de cierto crecimiento, que no terminó de consolidarse, la evolución general es bastante pobre. En definitiva: en la foto, Argentina no es un país de mierda, pero la película es preocupante.

*Por Adrián Murano para Zoom

Palabras claves: Dolar, FMI, Inflación

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