El “cowboy” Trump contra el “sultán” Erdogan

El “cowboy” Trump contra el “sultán” Erdogan
28 agosto, 2018 por Tercer Mundo

Turquía se convirtió en un país central que intenta posicionarse como potencia en Medio Oriente, mientras Rusia y Estados Unidos disputan su “amistad”.

Por Alfredo Jalife-Rahme para Sputnik

Desde 2016 enuncié la configuración paulatina del “triángulo geopolítico de Rusia, Turquía e Irán”, tomando en cuenta que “una de las mayores vulnerabilidades a corto plazo de Erdogan son las finanzas y la economía muy dependientes de Occidente”; también alerté que “la lira turca se había revaluado en forma antigravitatoria”.

En uno de sus últimos libros, el fallecido Zbigniew Brzezinski, quien padecía rusofobia delirante, llegó en un momento hasta alucinar en sus clásicos esquemas simplistas que Turquía, país que consideraba “pivote” para su “visión estratégica” sobre Estados Unidos, era comparable a la superpotencia rusa, basado en acrobacias estadísticas.

Turquía ha tenido peripecias circulares tanto con Rusia como con Estados Unidos. Las relaciones con Rusia del “sultán” Erdogan llegaron a un punto crítico después del asesinato del embajador ruso en Ankara por un fanático paramilitar turco -en diciembre 2016-, y dos años más tarde con el derribo de un avión ruso en el cielo sirio y el asesinato de su piloto por los guerrilleros turcomanos.

Pese a todos los avatares, Rusia ha sabido maniobrar mejor que Estados Unidos su relación con Turquía, con quien comparte el superestratégico Mar Negro de más de 436.000 kilómetros cuadrados, sin incluir el Mar de Azov, de 39.000 kilómetros cuadrados. Turquía detenta las llaves geoestratégicas del estrecho de los Dardanelos que conectan el mar Negro con el Mediterráneo.

Rusia Putin Erdogan la-tinta

La Unión Europea (UE) sigue sin aceptar la membresía de Turquía, con quien su relación se ha deteriorado debido al flujo masivo de migrantes, mientras que con Estados Unidos ha llegado al punto más bajo. En primer lugar, debido al fallido golpe de Estado de la CIA para derrocar al “sultán” Erdogan, que el mismo Brzezinski consideró que había sido un grave error estratégico de Obama, a grado tal que se encuentra en riesgo el cierre de la base militar estadunidense en Incirlik. Luego, con Trump la relación periclitó todavía más debido a su guerra económica/financiera a la que Erdogan tilda de “golpe”.


Las multas estratosféricas de Estados Unidos contra el banco estatal turco HalkBank han desplomado sus acciones en más del 60 por ciento en lo que va del año, sumado a la degradación de Turquía por las calificadoras Moody’s y Standard & Poor’s, lo cual ha puesto a la defensiva a Turquía, miembro de la OTAN y que, paradójicamente, cuenta en su seno con el segundo Ejército convencional más numeroso después del de Estados Unidos.


Pese a los avatares de Turquía en Oriente Medio -con la espada de Damocles de las veleidades independentistas de los kurdos en su frontera con Siria y con Irak, y donde sufrió reveses desde Egipto hasta Siria debido a su alianza con los Hermanos Musulmanes-, la dinámica de los eventos la ha empujado a mirar más del lado asiático para acercarse a Rusia, China e Irán.

La guerra financiera del “cowboy” Trump contra el “sultán” Erdogan -al final de cuentas, dos personalidades muy recias- ha devaluado en 40 por ciento a la lira turca frente al dólar, ante lo cual el presidente turco ha declarado estar listo para la guerra: “El secreto de los estados exitosos es su prontitud para la guerra. Estamos listos con todo lo que tenemos”.

Consideró que la devaluación de la lira turca carecía de “base financiera” y que constituía “un ataque a Turquía”, mientras recibía una ayuda de su gran aliado árabe Qatar por 15.000 millones de dólares para apuntalar su alicaída divisa.

Estados Unidos Trump Erdogan la-tinta

En alusión a las sanciones contra dos ministros de su gabinete y del incremento de las tarifas de acero y aluminio por Trump, Erdogan refirió que “por un lado eres aliado estratégico y por el otro disparas al país en el pie”.


El “cowboy” Trump ha tomado como pretexto la detención del pastor protestante estadunidense Andrew Brunson, a cargo de una iglesia en Izmir de 25 feligreses y considerado por las autoridades turcas como un vulgar espía de la CIA y bajo la férula del prelado islámico Fethullah Gülen que incitó al golpe de Estado contra Erdogan y que se encuentra exiliado en Pennsylvania.


Trump usa el asunto del pastor, a dos meses de las elecciones intermedias del 6 de noviembre, con el fin de tener el apoyo de la base electoral de los WASP (White Anglo-Saxon Protestant), a lo que Erdogan ha replicado: “Están cambiando a su socio estratégico de la OTAN por un pastor”.

El pleito inédito de dos miembros de la OTAN es mucho más profundo y comporta características de una “guerra multidimensional” en varios frentes desde el ámbito financiero/económico hasta el rubro estratégico militar, cuando Turquía ha optado por comprar los célebres misiles de defensa S-400 a Rusia, mientras el Congreso de Estados Unidos boicotea la entrega de varios aviones F-35.

En el “intermezzo” de la dinámica geopolítica de Turquía que ha virado hacia el Este, y en medio del triunfo de su enemigo, el presidente sirio Bashar Al Asad, apuntalado por un conspicuo despliegue militar ruso, se ha gestado un realineamiento espectacular de las alianzas en el “Gran Oriente Medio”. En la definición del fallecido General israelí Ariel Sharon, va en una línea vertical desde el Cáucaso hasta el Cuerno de África y en una línea horizontal desde Mauritania/Marruecos hasta Cachemira.

Los realineamientos no son únicamente de Turquía, también varios países de la región se acomodan a la nueva realidad geopolítica en medio del repliegue de Estados Unidos cuando, después de dos décadas, los cinco países ribereños del mar Caspio han acordado primordialmente prohibir la presencia militar de la OTAN en sus aguas territoriales.

Medio Oriente mapa petroleo bases militares la-tinta

En paralelo, y también casi después de dos décadas, la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), ha incrustado en su seno a dos medianas potencias nucleares: Pakistán, con el padrinazgo chino, e India, con bendición rusa.

Turquía anhela adherirse al OCS y no hay que perder de vista que ostenta una gran influencia etno-religiosa de los islámicos pueblos túrquicos de origen mongol, de 160 millones de habitantes.

Se puede aducir que el acercamiento de Turquía con Irán cobraría una mayor dimensión geoestratégica mediante la conectividad de ambos con Pakistán cuando los tres relevantes países euroasiáticos conformarían lo que he bautizado un “bastón de golf estratégico”, donde las 130 armas nucleares de Pakistán representarían su “cabeza”, sostenido por la “varilla” de Turquía e Irán.


El talón de Aquiles de Turquía es su dependencia financiera con sus otrora aliados occidentales cuando Trump precipitó su grave crisis.


En su reciente entrevista a Reuters, el “cowboy” Trump exhibió su desprecio a la crisis económica/financiera de Turquía y a la devaluación de la lira turca, al unísono de la crisis en los mercados emergentes.

Erdogan no ha querido quemar todas sus naves con Trump y se ha dado el lujo de escribir en el rotativo New York Times -aliado de George Soros, el enemigo de Trump- que “antes de que sea muy tarde, Washington debe abandonar la noción mal guiada de que nuestra relación puede ser asimétrica y entender el hecho de que Turquía tiene alternativas”.

Para Tim Bartz, del Der Spiegel, “la OTAN puede ser el perdedor, mientras Moscú sería el principal beneficiario” sin dejar, a mi juicio, tampoco de lado a China.

Las “alternativas” evidentes del “sultán” Erdogan en la nueva geopolítica del Gran Oriente Medio son Rusia y China, además de formar parte del nuevo “bastón de golf geopolítico” con Irán y Pakistán.

*Por Alfredo Jalife-Rahme para Sputnik

Palabras claves: crisis, Donald Trump, Recep Tayyip Erdogan

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