Alto Naya: la guerra en Colombia sigue en territorio indígena

Alto Naya: la guerra en Colombia sigue en territorio indígena
21 mayo, 2018 por Tercer Mundo

Aunque el gobierno colombiano asegure que el país avanza hacia la paz, muchas regiones todavía son víctimas de la desatención estatal y el saqueo de sus tierras.

Por Revista Lanzas y Letras

El Alto Naya, ubicado en la margen noroccidental del departamento del Cauca, ha sido una zona históricamente abandonada por el Estado colombiano; un territorio que está enfermo y hay que sanarlo; así como sus pobladores este territorio también es víctima de este conflicto.

La belleza de sus caudales y la humildad de sus pobladores contrasta con la complejidad de las relaciones económicas que se desarrolla al interior del mismo, al ser uno de los principales corredores para el comercio del “uso ilegal de la coca”, y de allí la intensidad del conflicto que se mueve entre distintos actores armados por controlar desde la Cordillera Occidental hasta la salida al mar Pacífico.

Indígenas, afros y campesinos en medio de todas las diferencias que se pueden dar, han logrado articularse en luchas por la defensa del territorio; en formas organizativas como la Asociación Campesina, los cabildos indígenas de El Sinaí y El Playón Nasa Naya (estos últimos hacen parte de la ACIN y el CRIC) y el Concejo Comunitario Río Naya, quienes han visto la necesidad de fortalecer sus organizaciones y el trabajo interétnico como la posibilidad de generar alternativas de vida en medio de las pocas oportunidades sociales y económicas. La población ha estado ligada a una economía de la coca que desde los años 1980 ha atraído población de departamentos como Nariño, Valle, Antioquia y de municipios del norte del Cauca, en gran parte de resguardos tales como Corinto, Toribío, Jambaló y Huellas; este tipo de economía genera un incremento del costo de vida paralelo al paulatino abandono de la siembra de cultivos para el autoconsumo, sumado al pago de fletes para ingresar los productos.

La organización de la población emerge con las Juntas de Acción Comunal, a partir de las cuales logran empezar a construir aulas para las escuelas en las veredas, ingresar los materiales necesarios para la construcción de puentes para no correr el riesgo de perder vidas humanas ni la de las mulas en la crecida de los ríos¹; muchas de estas JAC son impulsadas por mujeres luchadoras como recuerdan en la vereda Río Mina, con el Comité Femenino.


Por muchos años la guerrilla fue la que estableció el orden social en la región, no solo con el control de la economía de la coca, sino también a través de reglas para la instalación de pozos sépticos en las casas, así como la distancia de los cultivos de las fuentes de agua y el control de la tala de árboles. La desmovilización de las FARC-EP significó para algunos el abandono de la misma a la población, y trajo alteraciones de seguridad con el ingreso de un nuevo actor armado que se reconfigura como disidencia: “Comando Urbano del Pacífico”.


En los últimos días, sectores de las FARC-EP que no entraron en el proceso del Acuerdo de Paz, ingresaron a esta región a disputar el poder, y a “recuperar” lo que según ellos les pertenecía. Hasta el momento el clima es de tensa calma, entre negociaciones y posibles enfrentamientos entre los actores armados que están sobre el Río Naya; el reciente secuestro del líder afro, Iber Angulo, en Puerto Merizalde, ha incrementado el pie de fuerza militar, y se teme por parte de la población la arremetida violenta, y la confrontación entre los que suben y los que bajan el Río Naya. Así lo denunció recientemente el coordinador de Defensa de la vida de la Çxhab Wala Kiwe (ACIN).

Es urgente el acompañamiento de los organismos garantes y organizaciones defensoras de derechos humanos, más aun teniendo en cuenta que su población tiene medidas cautelares por la triste y recordada “Masacre del Naya” cometida por los paramilitares en el año 2001.

Es urgente y necesario que el Estado colombiano llegue con alternativas económicas y sociales, y no con más guerra. Los nayeros dicen, por lo menos algunos con los que hablé, que son conscientes que en algún momento deben sustituir la economía de la coca, sin embargo, lo principal que se requiere para ello, es tener una vía de comunicación que les permita sacar sus productos, ya sea hacia la cordillera o hacia el mar; el actual camino y todo lo que deben pagar no justificaría sacar productos que van a llegar dañados y costosos a competir con precios bajos ya sea en Buenos Aires, Santander, Popayán, Jamundí o Cali.

Allá sigue la gente, arreando las mulas, trabajando el día a día, sorteando con todos los actores que entran a posicionar y reordenar la dinámica territorial; esperanzados en que esta Colombia realmente en algún momento se vuelva humana. Niños sonrientes que corren hacia la escuela, como “Nacho” que cantan canciones de Mercedes Sosa y espera cantarle al presidente, mientras sus padres trabajan en los cultivos; o el joven afro que mientras trabaja de lo que le da el Naya, comenta que tiene un grupo de salsa urbana; y el señor que con el dolor en el pecho tuvo que salir hasta Santander al hospital, luego de día y medio de camino, pero así como llegó lo devolvieron porque no tiene afiliación de salud.

Luego de nueve horas trocha arriba, pasando por La Pálida y La Fatigosa en mula, y esquivando las mulas de carga que van ingresando nuevamente al Alto Naya, uno se encuentra en Campamento, desde donde si tiene suerte alcanza la chiva hasta Santander de Quilichao,  o si no es mejor haber contratado algún servicio de transporte particular.


¹El Alto Naya es un territorio hídrico, de allí el nombre de algunas de sus veredas: Río Mina, Río Azul, Pitalito, que van a desembocar en el Río Naya.

*Por Revista Lanzas y Letras

Palabras claves: Colombia, guerra, movimiento indígena

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