El encantador de serpientes

El encantador de serpientes
15 diciembre, 2017 por Redacción La tinta

Francisco Brito, el “Viborero”, como lo llaman en la zona, desde hace años sostiene con puro esfuerzo un espacio llamado Machaqway, cuya significado en quechua es víbora o culebra. “Nunca te va a atacar una serpiente y jamás te va a perseguir: desde que la viste dejó de ser peligrosa porque el único peligro es que la pises y ella se defienda mordiendo”, explica Francisco, poblador de la tranquila Villa de Las Rosas, en Traslasierras.

Por Daniel Díaz Romero para Sala de Prensa Ambiental

Machaqway, es el único centro educativo sobre ofidios que existe en Córdoba y uno de los dos que hay en Argentina. Originalmente, fue creado como un centro de investigación y protección de serpientes. Hoy, si bien realizan tareas de educación, funciona también como un centro de rescate de víboras, fruto de un trabajo realizado junto a la comunidad, con una idea central que se va extendiendo: no hay que matarlas.

Este cronista observa a su alrededor una variedad de víboras coloridas e inquietas y enciende el grabador mientras Brito mira y sonríe, diciendo que recolecta sapos aplastados en las calles y rutas cuando regresa a su casa por las noches de verano, para alimentar a sus protegidas.

Maldita seas entre las bestias de La Tierra

Francisco Brito explica que “en todas las culturas de la antigüedad, las serpientes aparecen como un ser sagrado o como un demonio». La Biblia, partiendo desde el Génesis, tiene escrito “maldita seas entre todas las bestias de la Tierra” acusándolas de habernos quitado la posibilidad de estar en el paraíso. Para algunas comunidades australianas, la autora del origen de todo el universo es la serpiente Arco Iris y en África la Serpiente Cósmica. Quetzalcóatl, un dios de Mesoamérica les enseñó la manera correcta de vivir a los primeros habitantes de América. Trentren y Cacai Vilu, en la Patagonia, son las representantes de la cultura mapuche-tehuelche, todos símbolos muy fuertes” asegura Brito y agrega que “se les adjudica a ellas la vida eterna y supongo que tiene que ver con el cambio de piel, porque dejan el cuerpo viejo y se van renovando año a año; animales que tienen una vida eterna».

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Pero no sólo en las culturas antiguas las serpientes han tenido un simbolismo protagónico. En la cultura moderna, el símbolo mundial de la medicina es una serpiente en “la vara de Esculapio”, un semidiós hijo de Apolo designado como el padre de la medicina. El símbolo de la farmacéutica es la “copa de Higía”, hija de Esculapio, que molía las esencias vegetales en un mortero con dos víboras que vertían su veneno otorgando el poder de la sanación. “Para nosotros es un bicho maldito, sin embargo representa lo opuesto a la muerte , los dos símbolos fundamentales de la salud son las serpientes”, indica Brito.

Mas mordeduras de perros que de serpientes

El Viborero de Traslasierras indica que “no hay registros de muertes por mordeduras de serpientes en Argentina, es decir toda aquella persona que tuvo un accidente con una serpiente y concurrió a un hospital, no muere. El veneno puede llegar a matar después de unos días sólo si no se aplica suero antiofídico” señala Brito y agrega que “tenemos el concepto errado de que si hay una serpiente cerca, te muerde y te mata. Ellas nunca atacan, se defienden: Si vos le pisas la cola muerde igual que lo hace un perro, lógicamente”.


Brito, cuenta que “en nuestro país, se producen 35 muertes al año por ataques de perros, entonces tendríamos que salir a matarlos a todos porque son peligrosos. Ese solo ejemplo nos da una idea de cómo tenemos distorsionado el miedo hacia estos ofidios”.


Acerca de los riesgos de su trabajo, Francisco Brito cuenta que “una sola vez tuve un accidente con una venenosa pero por un descuido mío, estaba manipulando al animal sujetándolo del cuello y cuando giró la cabeza me clavó un diente. Era una yarará grande y me inoculó veneno, por lo que estuve 3 días bajo tratamiento”.

Salvemos a las serpientes

Respecto de las controversias acerca de las serpientes que son exhibidas al público, Brito no duda en afirmar que “los cuestionamientos acerca del funcionamiento de Centros que exhiben animales es permanente y nosotros no somos la excepción. Incluso acá mismo, donde la gente sabe que viene a un serpentario donde hay ejemplares encerrados hacen el esperado planteo: ¿No sufren en cautiverio? Sí, claro que sí, lo primero que les digo es que sufren, porque están encerradas pero lamentablemente tenemos que apelar a ese recurso porque gracias a una serpiente que está en cautiverio hay 100 que la gente ya no mata porque ha aprendido a reconocerlas. Nuestro trabajo no es tener un animal encerrado sino crear conciencia en la gente de que las serpientes no son demonios.”

— ¿Cuantas serpientes han recuperado?

— Liberamos 1 o 2 animales por día en verano, que es la época de mayor movimiento. Es algo que ha ido creciendo con el tiempo. Al principio, la primera reacción que tenía la gente de la zona era matarlas, como pasa en todo el mundo; pero felizmente, desde hace mucho tiempo, lo hacen cada vez menos y lo más interesante es que le van perdiendo el miedo; hay personas que nos dicen: vimos una cascabel y la corrimos con un palo para que se aleje de la casa y listo, siempre estuvo ahí y nunca nos atacó. Mi respuesta a eso es siempre la misma: usan el veneno para comer y no comen humanos, tan sencillo como eso.

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Mientras Francisco Brito repasa con su mirada los movimientos de sus protegidas nos comenta que, aunque de manera discontinua, está colaborando también con la extracción de veneno de Coral para que, en el Instituto Malbrán, elaboren el suero.

— ¿Qué es lo peor que le ha pasado en tu trabajo?


«Que se muera un animal por un descuido mío –no duda en responder Brito- eso es lo peor. Hace un tiempo, a una pequeña pitón le coloqué un ratón sabiendo que, después de unos minutos, si al roedor no lo controlas y si la serpiente no lo come, la come a ella y me pasó que la lastimó entera. Esa es una de las peores experiencias que tuve. La serpiente no tenía apetito y sólo van por sus presas cuando tienen hambre, no matan porque sí. Sólo lo que van a comer”, indica el especialista.


Revolviendo mitos

“Hay un mito recurrente, afirma Brito: Vienen personas que me cuentan: vos sabes que una amiga de mi prima tenía una lampalagua…y yo le digo: bueno, pará que yo te termino de contar la historia: ella la tenía en una pecera, la sacaba y se acostaba en la cama, y cuando ella se dormía, la serpiente se empezaba a estirar, la veía rara en la actitud así que fue al veterinario a preguntarle que le pasaba y él le respondía: desprendete rápido de ese animal porque te está midiendo para comerte.

Ese mito comenzó a circular hace unos 15 años y está desparramado por todo el mundo”. Entre risas, Francisco Brito continúa diciendo: “En Italia, comenzó un relato fantástico también, referido a que las serpientes se amamantan de las vacas. Esa misma serpiente mama de las mujeres que amamantan: se cuelgan del techo, se prenden de la teta de la mujer y le meten la punta de la cola al bebé para engañarlos como si fuese un chupete.”

— ¿Cuál es la mayor amenaza para las serpientes?

— Todas las especies están en peligro de extinción en Córdoba, en la medida que el monte que las contiene desaparece. La agricultura extensiva hace desastres y cuando se desatan incendios forestales mueren porque no tienen velocidad para escapar. Donde hay soja no puede coexistir ningún ser vivo. Las mata a ellas y a su alimento. El glifosato mata todo.


Por ejemplo, la Lampalagüa –la serpiente más grande de Córdoba que puede alcanzar unos 3 metros de longitud- no ve amenazada directamente su supervivencia, los que están al borde de la extinción son los ambientes que la contienen. Cada vez tiene menos monte, menos campo.”


En Córdoba, hay alrededor de 30 especies de serpientes registradas. En el país, 137. En nuestra provincia hay sólo 5 variedades venenosas: cascabel, coral y 3 tipos de yarará: ñata, chica y grande.

*Por Daniel Díaz Romero para Sala de Prensa Ambiental

Palabras claves: Bosque nativo, Traslasierra

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