Menem lo hizo: aniversario del atentado a la fábrica militar de Río Tercero

Menem lo hizo: aniversario del atentado a la fábrica militar de Río Tercero
3 noviembre, 2017 por Redacción La tinta

Este viernes, se cumplen 22 años del atentado en la Fábrica Militar de Río Tercero que dejó 7 muertos, 300 heridos, incontable cantidad de personas con secuelas todavía no nombradas, centenares de casas completamente derrumbadas, esquirlas y bombas desparramadas por toda la ciudad. Entrevistamos a Oscar Gigena, integrante de la Comisión de Damnificados del 3 de noviembre de 1995, mientras recorrimos algunas imágenes de ese día con el testimonio de Julieta Fernández, maestra riotercerense con quien volvimos a pasar por el corazón lo vivido.

Por Débora Cerutti para La tinta

Desaparecer

“Tenía 11 años. Mi vieja me había dejado unos mandados para hacer.
Por la mañana me quedaba sola y me levantaba después de las diez.
Mi viejo era operario de la fábrica militar y mi vieja trabajaba en un taller de costura.
Ese día me levanté más temprano de lo normal. Ocho y cuarto.
En un momento se siente un zumbido… unos minutos antes.
Temblaron los vidrios de la casa. Una o dos veces. Y una tercera vez, explotó todo.
Mi viejo siempre me decía: ‘usted si llega a explotar la fábrica militar váyase lejos.
Porque Río Tercero desaparece’”. Julieta Fernández.

En la primavera obrera riotercerense, con olor a fábrica en las reposeras y la pelopincho con agua en el fondo del patio, conversábamos con mi vieja y mi viejo qué pasaría si explotaba la Central Nuclear de Embalse ubicada a escasos kilómetros de Río Tercero. Se me había llenado el mundo de preguntas porque había visto un documental de Chernobyl hacía poco tiempo. Por primera vez, escuché la posibilidad del espanto. De lo que, con mis 9 años, era impensable. Entonces, siguió el interrogatorio de niña a “los grandes”: para dónde correr, cómo identificar de dónde venía el viento. Me imaginé por la ruta cruzando campos.

Semanas después de esa charla, se produjo la explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero. Por primera vez, viví el espanto. Un atentado, un bombardeo y una onda expansiva atravesando campos de soja y pieles. Un presidente que hacía poco había dicho que nos iba a llevar a la estratósfera, afirmando que lo ocurrido era un “accidente”. Había que hacer desaparecer 6500 toneladas de armamento militar para ocultar la venta ilegal de armas a Croacia y Ecuador que estaban en conflicto bélico con Bosnia y Perú, respectivamente. Carlos Menem sabía como hacerlo.

Oscar Gigena comenzó su relato con las palabras «tristeza, dolor, impunidad». El 3 de noviembre de 1995 es una fecha que él recuerda como una guerra donde no se sabía quién ni de dónde venía el enemigo. Él había trabajado 13 años en Fábrica Militar en la planta de carga haciendo radiografía de los proyectiles. Cuando supo que lo que estaba explotando era eso que él analizaba meticulosamente en su rutina diaria, imaginó lo peor. Crónica TV se había anticipado a los hechos y ya lo estaba anunciando en sus placas rojas: “Desapareció Río Tercero del mapa”. La ciudad sigue existiendo. Todavía huele a pólvora e impunidad.

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El bombardeo

“Yo no entendía nada. Me acuerdo que tuve que correr los vidrios de la puerta para poder salir.
Después me di cuenta que me habían pegado muchos en la espalda. Pero en ese momento no sentí ni dolor.
Abrí la puerta de mi casa. Y vi. La imagen del hongo en el cielo.
La gente que gritaba y corría. No fue un hecho menor que me levantara antes.
Sobre mi cama cayó una bomba con espoleta.  Estábamos en la zona roja de las explosiones,
a una cuadra y media del tejido de alambre que nos separaba del predio de la fábrica”. Julieta Fernández

En el momento en que ocurrieron las explosiones, en las semanas, meses y años siguientes, muchos hablaron de “la mano de dios”, “el milagro”, “la suerte” de que el bombardeo dejara “tan sólo 7 muertos”. Y que tantos siguiéramos con vida. Mientras, Río Tercero elevaba sus índices de suicidio y demasiadas personas no querían siquiera recordar lo vivido.

La primera versión que empezó a circular para explicar lo sucedido fue la de un trabajador que había pisado una espoleta y eso había hecho que volara la fábrica “al diablo”, dice Oscar. A medida que se iba conociendo la imposibilidad de que el trotyl se prendiera fuego “por accidente”, los pobladores riotercerenses iban tomando conciencia de lo ocurrido, pero, también, resignándose en el país de no me acuerdo, ese en el que María Elena Walsh decía “doy tres pasitos y me pierdo”. 

En estos 22 años, desde la Comisión de Damnificados, insisten con la memoria frente al desgaste: “Tengo 5 varones. Uno de ellos tiene tu edad. El más chico, cuando fueron las explosiones, no había nacido. Mi señora, justo el 3 de noviembre de 1995, se entera que estaba embarazada. Y mi hijo nació el 6 de julio del 96. Él ha participado de marchas, movilizaciones, de la escuela. Nos tenía a nosotros que contábamos un poco la historia. En una época, íbamos a las escuelas con la Comisión de Damnificados y los bomberos, y hablábamos con los jóvenes que no lo habían vivido”, nos cuenta Oscar. El árbol de la memoria, eso que insiste tras las bombas. Allí en Hiroshima, aquí en Córdoba.

Ser damnificado

“Caminamos mucho para el lado de Tancacha por la ruta.
Crucé en esa caminata a mucha gente de la fábrica militar
y preguntaba si habían visto a mi papá. Nadie nos decía nada.
Hasta que supimos que estaba en la casa y que no se quería mover de ahí
por cuidar lo que tanto le había costado construir”. Julieta Fernández

¿Qué significa, después de 22 años, seguir pensándose como damnificado? ¿Qué posibilidad de reparar los daños existe? Me pregunto y le pregunto al entrevistado. Y me cuenta que, de 10 mil personas que presentaron demandas al Estado Nacional por los daños y perjuicios ocasionados durante el atentado, 3 mil de ellas murieron.

«Esa gente que, en su momento, reclamó lo que reclamó no pudo lograr que se haga justicia tanto en lo civil como en lo penal. Obviamente, uno se siente ahí con sabores medio amargos. Pero seguimos luchando y no bajamos los brazos”, nos dice Oscar. Mientras recuerda al abogado Mario Ponce y los innumerables trajines que los llevaron a golpear puertas en Buenos Aires, cortar rutas en el Piedras Moras, presentar fojas y fojas de testimonios. “Era importante que el Estado Nacional pusiera psicólogos y psiquiatras en Río Tercero, y que la gente se pudiera hacer atender. La plata no te soluciona el daño psicológico. El tema es la atención del pueblo. No oyeron a nadie”, continúa. Mientras habla, pienso en el sonido ensordecedor de las bombas y las escucho en mi cabeza.

Noviembre explota

“Yo estuve un mes en la casa de mi hermano
que vivía en uno de los barrios más alejados de la fábrica.
Volver a mi barrio fue muy fuerte. Estaban los vidrios, las frazadas removidas,
las esquirlas sobre las cosas, las marcas sobre mi cama”. Julieta Fernández.

El 2 de julio de 2014, se aprobó en la Cámara de Diputados el proyecto de ley que establecía indemnizaciones para las familias que fueron afectadas por las explosiones. El 16 de septiembre de 2015, se aprobó en el Senado y, el 5 de octubre del mismo año, se promulgó la Ley 27179. La reglamentación de la misma jamás ocurrió.

El 9 de noviembre, se vence el plazo que tiene el Poder Ejecutivo Nacional para reglamentar dicha ley y, el 16 de noviembre, se ratifica o no la sentencia a los cuatro condenados de la Fábrica Militar, todos ellos militares: Edberto González de la Vega, Carlos Franke, Jorge Antonio Cornejo Torino y Marcelo Diego Gatto. Todos acusados del delito de «estrago doloso agravado por la muerte de personas».

Este viernes 3 de noviembre, a las 18, se realizará en Río Tercero un acto frente al Anfiteatro Municipal para recordar el atentado y exigir la urgente reglamentación de la ley para indemnizar a los damnificados, así como el desafuero y cárcel al ex presidente Carlos Menem.

Un crimen de Estado, planificado para eliminar pruebas de contrabando. Asesinos que andan sueltos. Un pueblo sin justicia. Y el jingle de una canción de los noventa que todavía me da vueltas por la cabeza: «Menem lo hizo».

* Por Débora Cerutti para La tinta / Imágenes: Archivo Télam

Palabras claves: Explosión de Fábrica Militar, Río Tercero

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