Venezuela: como hace dos décadas, llave de la recomposición neo-colonial

Venezuela: como hace dos décadas, llave de la recomposición neo-colonial
17 agosto, 2017 por Redacción La tinta

Analizar las constantes “noticias urgentes” de Venezuela promovidas por los grandes consorcios internacionales de información, nos obliga a considerar dos dimensiones fundamentales: la primera, el corrimiento del escenario regional tras el triunfo de Mauricio Macri en Argentina y el golpe de Estado en Brasil; la segunda, el asedio múltiple que recibe Venezuela desde 1999, intensificado desde 2013 con la muerte de Hugo Chávez y luego, con el triunfo legislativo de la oposición en 2015.

Por Luis Wainer* para Emergentes

Resulta poco auspicioso analizar Venezuela perdiendo de vista el corrimiento regional. El ciclo de gobiernos progresistas inciado con Hugo Chávez en 1999, encontró una decáda y media después, un intento más o menos sincronizado por parte de las derechas continentales por reagruparse. Estas derechas confeccionaron acciones tácticas más sofisticadas, que buscaron articular presión judicial, económica y mediática como el modo de desmontar, entre otras cosas, la centralidad del Estado en los asuntos económicos, los altos niveles de popularidad de algunos dirigentes, distintas políticas en materia de soberanía y, sobre todo, la inédita creación de instituciones de cooperación regional, a partir de una nueva geometría en materia de políticas de integración no neoliberales.

Desde la VII Cumbre de las Américas (abril de 2015 en Panamá) el escenario regional empezaba a dar cuenta de algunas fisuras que marcarían el pulso de la etapa próxima y que el tiempo actual confirma. La presencia de Cuba hacía de la cumbre un encuentro histórico; sin embargo, la situación se jugaba en otro terreno: la calificación planteada por parte de Estados Unidos a Venezuela como “Amenaza a la Seguridad Norteamericana” era el hito central sobre el cual se organizaría un nuevo ciclo injerencista. Recordemos que, en ese mismo tono aparecían el conflicto de Argentina con los fondos especulativos y el recien iniciado proceso de impeachment en Brasil; dos temas que han sido determinantes a la hora de caracterizar el fin de los gobiernos de Crisitna Fernández y Dilma Rousseff. De igual manera, el asedio constante sobre Venezuela se profundizó, buscando combinar todos los modos posibles de sacar a Maduro de Miraflores.

Indicadores del corrimiento del escenario regional fueron, por ejemplo, la parálisis de organismos supranacionales como Unasur frente al golpe de Estado en Brasil, la crisis que presentó Mercosur en torno a la posición –fundamentalmente- por parte de Argentina, Brasil y Paraguay buscando expulsar a Venezuela o, el avance por parte del gobierno argentino en cuanto a “quitar obstáculos” que impidan la explotación británica en las Islas Malvinas y sus espacios marítimos circundantes, como se conoció en el acuerdo de septiembre pasado. El caso del golpe a Rousseff ilustra el modo en que las derechas continentales, en clara sintonía con las administraciones norteamericanas, buscaron ganar tiempo impidiendo a Venezuela asumir la presidencia pro tempore que le correspondía hasta que, con Michel Temer como nuevo presidente, dejaron al organismo sin política, buscando la expulsión definitiva de Venezuela.


En el caso de Venezuela, el escenario desde hace algunos meses, ha sido de una violencia organizada desenfrenada y una sincronía internacional de asedio vía comunicacional, política y económica, pocas veces vista.


Durante las últimas dos décadas, Venezuela ha sido asediada de múltiples formas: golpe de Estado, sabotaje petrolero, guarimbas violentas combinadas con asesinatos, intento de juicio político, desabastecimiento y acaparamiento organizado; junto con las declaraciones permanentes de tono injerencista de organismos supranacionales como la OEA, los socios fundadores del Mercosur –conviertiendo al organismo en un órgano de persecución a Venezuela- y los principales dirigentes norteamericanos en una avanzada en materia de sanciones y amenazadas injerencistas.

La Secretaría General de la OEA demostró una pronunciada preocupación en promover una opinión pública internacional negativa sobre Venezuela que, junto a la creación de un clima mediático internacional desfavorable, permitió construir sincronías con la oposición local y continental. Por su parte, el jefe del Comando Sur, Almirante Kurt Tidd, aseguró en abril de este año al Comité de Servicios Militares del Senado de Estados Unidos, que la creciente “crisis humanitaria” venezolana “podría acabar exigiendo una respuesta a nivel regional”. En esa dirección es imposible soslayar la designación de Liliana Ayalde, como Directora Adjunta para Asuntos de Política Exterior del Comando Sur, quien había ocupado la función de embajadora norteamericana tanto en Brasil como en Paraguay, en el momento de sus respectivos golpes de Estado.

En el último tramo de la escalada de asedio, desde hace cuatro meses hemos observado un nuevo tipo de asesinatos –selectivos- junto a una situación de terror permanente sobre la vida social del país. Mientras la violencia aumentaba y la guerra económica ahogaba a buena parte de la población, bandas organizadas expresaron incesantes situaciones de terror, buscando mostrar al mundo una situación ingobernable, susceptible de ayuda humanitaria y de intervención. La última semana de campaña hacia la ANC contó con el recrudecimiento de las amenazas por parte de Estados Unidos, explícitamente sanciones económicas, y el inmediato cumplimiento de países como México, Colombia, Chile, Perú, Panamá, Argentina, Brasil y Costa Rica a los postulados del norte.

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Ese escenario hacía difícil un acompañamiento masivo a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Lo que estaba en juego era si el gobierno de Maduro recuperaría parte de los dos millones de chavistas que no fueron a votar en 2015. Sin embargo, tanto asedio y violencia, lograron cohesionado al chavismo -el madurista y el crítico- detrás de la ANC, cuando la campaña se estructuró en torno a un llamamiento a la paz. La ANC permitió la emergencia de nuevas dirigencias de base, con propuestas ancladas en sus sectores y territorios. Esos representantes de distintos sectores y territorios, que irán a discutir la próxima Constitución, lograron implicar nuevamente la participación popular, revitalizándola, buscando componer una nueva correlación de fuerzas hacia adentro y hacia afuera de las filas chavistas.

Sin embargo, otro es el dato que completa el cuadro propuesto por la ANC, y que hacía esperar una violenta reacción en términos regionales y mediáticos: la elección del 30 de julio, puso en discusión aquella máxima de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) que decía que desde 2015 el chavismo ya no era mayoría. Pero, sobre todo, la vocación de la MUD por solucionar los problemas que aquejan a la población venezolana.


Resulta paradójico que, el sistema de gobierno que empezó a clausurarse desde 1999, buscando una transición hacia una democracia de nuevo tipo, todavía organiza la valoración que muchos analistas de nuestra región quieren proponer para caracterizar al modelo bolivariano, sus límites y sus alcances. No se quiere, parece analizar Venezuela bajo la naturaleza política, jurídica y social de la vida venezolana y de su democracia. Cuando eso sucede se corre el riesgo de sorprenderse con manifestaciones populares como la del 30 de julio, encarnadas en esos más de ocho millones de votos.


Cuando en 2002 se produjo el golpe de Estado que duró 47 horas, el pueblo se lanzó a las calles a defender la revolución con la Constitución en la mano, de la cual había sido su artífice. Esta vez, frente a tanto asedio violento, se expresó agobiado, pidiendo terminar con la violencia, al mismo tiempo que defendiendo un proceso político susceptible de ser modificado nuevamente, pero no de espaldas a las necesidades de la sociedad.

Hace algunas horas, en San Pablo, los socios fundadores del Mercosur, finalmente cumplieron su cometido: desarmar -ahora oficialmente- un Mercosur que desde 2015 ya no mira hacia América Latina. Esta vez el argumento ha sido la avanzada de Venezuela en cuento a la elección de la ANC. Pasando por alto la propia Constitución bolivariana, contaron para ello con la adhesión de los países que ya habían, junto a Estados Unidos, desconocido la elección del 30 de julio. Como tantas veces en nuestra historia, han promovido una fragmentación regional, aislando a un país que se niega a seguir recomendaciones neoliberales y sancionando toda expectativa de autodeterminación de nuestros pueblos.

*Por Luis Wainer* para Emergentes /*Sociólogo UBA. Coordinador Área de Estudios Nuestroamericanos Centro Cultural de la Cooperación. Unsam-Clacso. / Fotografía de portada: www.lapatilla.com

Palabras claves: chavismo, Venezuela

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