Desde adentro también se resiste

Desde adentro también se resiste
10 julio, 2017 por Redacción La tinta

“Mi nombre es Noelia. Tengo 40 años y soy de la localidad de Moreno. Estoy acá en San Martín hace varios años, esperando poder irme pronto con mi familia”. Entrevista a Noelia, alumna del Centro Universitario de San Martín (CUSAM), Unidad Penal Nº47 del Complejo Penitenciario Conurbano Norte.

Por Emergentes

¿En qué consiste la resistencia que se organiza desde el penal?

-Consiste en una lucha continua contra las autoridades, con lo que es el servicio. Ponerse las pilas uno, ¿no? Somos todos mayores de edad y estamos todos pagando una pena. Somos conscientes de nuestras propias acciones. Si estamos acá y queremos salir para adelante tenemos que estudiar. Poder leer nuestros papeles, tramitarlos, dialogar con el juzgado. Y acompañar a nuestros compañeros, eso es resistir.

Hay muchos pibes que se recibieron de sociólogos, o sea que poder se puede, ¿entendés? Aunque las trabas las tengamos todos los días.

-¿Cuáles fueron las necesidades que los llevaron a colectivizarse acá adentro?

-El convivir, el estar, estamos acá y nos tenemos que cuidar. El estar en la universidad. Acompañarnos en eso. El ¿cuánto te sacaste? ¿cómo va eso? ¿te costó mucho estudiar? Vamos armando nuestra propia familia en este contexto: tus hermanitas tumberas, tu mamá, tu tía, tu abuela, todas esas cosas. Nieri, amigo, compi. A medida que vamos pudiendo pensar más, vamos tirando juntos para el mismo lado.

-¿Qué es lo que se genera a través del vínculo entre las personas que están dentro y fuera de la cárcel?

-Está buenísimo vincularnos con gente de la calle para evitar que esto nos atrape. También está bueno estudiar en el CUSAM con los profesores. Nos abre la cabeza y se nos despega el léxico de acá adentro. Se crea un vínculo cómodo. Quien viene se da cuenta que no somos tan ermitaños, y nosotros nos damos cuenta que no estamos tan idos de la realidad, a pesar de que sea el objetivo de la cárcel: que nos atrape esto, que nos atrape y no podamos pensar. Y ahí sí que seríamos peligrosos.

-Si bien la división de géneros por pabellón surge para evitar violencias sexistas, ¿pensás que hay modo de trabajar la temática evadiendo el trato entre hombres y mujeres?

-Yo vivo en un penal donde no tengo a los varones al lado, pero están en frente. La 47 es un penal donde todo el tiempo te cruzás con los pibes. Vas a sanidad y están los pibes, vas a estudiar y también. No estaría de acuerdo en mezclarnos a varones y mujeres porque saldríamos todos con una banda de pibes. Tampoco, tampoco… Tendrían que poner después un penal de guardería (risas). En el espacio CUSAM podemos convivir y está bueno.

Yo estuve anteriormente en penales donde no había varones y cuando tuve que retomar el contacto me costó mucho poder entablar una conversación. Me sentía incómoda, me avergonzaba.

-¿Qué reflexiones te genera el trabajo entre géneros que propone CUSAM?

-Las directoras que hubo acá siempre fueron mujeres, la mayoría de los cursos también son dados por mujeres. Entiendo que lo mismo que hacen los pibes lo podemos hacer nosotras también, las mujeres. Que si nos unimos, somos más. En muchos casos tenemos más carácter para decir las cosas, conseguimos ser más frontales. Nosotras no nos sentimos menos, pero esto se ve amenazado cuando las propias autoridades del penal, por fuera de la CUSAM, le dan más cabida a los pibes para ir a los cursos que a las mujeres.

A los varones les dan más oportunidades, más espacios, más salida.

-¿Qué se puede hacer desde adentro del penal para ir construyendo un futuro afuera?

Todo lo que podamos aprender acá que pueda tener una salida laboral el día de mañana. Averiguar quien nos podrá ayudar afuera, interiorizarnos y estudiar para poder relacionarnos con las personas, en comunidad. Invertir tiempo en estos pensamientos también hace que nos podamos ir antes de acá.

*Por Emergentes.

Palabras claves: CUSAM, educación, sistema penitenciario

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