«No habrá nuevo proyecto revolucionario sin ADN peronista»

«No habrá nuevo proyecto revolucionario sin ADN peronista»
7 febrero, 2017 por Redacción La tinta

Por Jorge Falcone para Resumen Latinoamericano.
A la memoria de Beatriz Mariezcurrena, legendaria luchadora del peronismo revolucionario platense


El peronismo era un hecho maldito porque, como decía Carlos Olmedo hacia 1968, a pesar de haber sido una experiencia ‘incompleta’, en algunos aspectos ‘ilusoria’ y ‘acotada’, la participación en el poder o al menos la aproximación, había sido vivida como una realidad por el pueblo argentino. La sola enunciación de esa posibilidad alcanzaba (y alcanza todavía) para romper con la idea de la ‘unidad nacional’. El ‘auge de masas’, el estado de rebeldía popular de fines de la década del 60′ y principios de la del 70′, no pueden desvincularse del incremento de las expectativas de igualdad material, social y política generadas por el peronismo durante la década en que gobernó; no puede desvincularse del espacio de entendimiento intersubjetivo gestado por el peronismo y que portaba una crítica implícita a un orden de explotación y dominación.Miguel Mazzeo

Los tres troncos históricos del movimiento

La tradición de lucha nacionalista revolucionaria – de la que proviene quien ensaya estas líneas – siempre caracterizó la existencia de tres concepciones inestablemente coexistentes al interior del movimiento peronista, representativas del imaginario propio de los diversos sectores que históricamente compusieron aquel movimiento autocalificado como “policlasista”: La expresada por el tronco ortodoxo, compuesta por la vieja burocracia política y gremial del Partido Justicialista y las 62 Organizaciones Gremiales Peronistas (con referentes como Ítalo Argentino Luder o Lorenzo Miguel), aferrada a su dogma originario; la del tronco renovador, integrada mayormente por gobernadores y sindicalistas de la Comisión Nacional de los 25 (como Antonio Cafiero o Roberto García) que al calor de la transición democrática inaugurada por el Dr. Alfonsín procuraron aggiornar la mirada del partido con ideas filo socialdemócratas, en sintonía con las Terceras Vías surgidas en la Europa de los años 80′; y el tronco combativo o revolucionario, forjado en la épica de una resistencia encarada durante los años de proscripción del movimiento bajo la influencia de la Revolución Cubana y los movimientos de liberación nacional surgidos en el entonces Tercer Mundo (con referentes como Susana Valle o Raymundo Ongaro) y embanderado con programas de ruptura con el orden capitalista burgués, como el de Huerta Grande, La Falda, CGT de los Argentinos, e incluso la Actualización Política y Doctrinaria para la Toma del Poder propuesta por el propio Gral. Perón durante sus últimos años de exilio en Madrid.

No son pocas las opiniones coincidentes en afirmar que la única experiencia institucional de este último sector fue el convulsionado y breve período presidencial del Dr. Héctor José Cámpora. En todo caso, el frágil equilibrio existente entre los sectores anteriormente descriptos, al cabo de varios atisbos de ruptura, se quiebra definitivamente a partir de la muerte del Líder.

¿Qué ocurrió con aquel movimiento hasta entonces invicto que desde distintas miradas propias fuera definido como “el subsuelo de la Patria sublevada” (Raúl Scalabrini Ortiz), “el hecho maldito del país burgués” (John William Cooke), o “un exabrupto en la siesta continental” (Abel Posse)?

Cabe consignar algunas circunstancias que lo llevaron a transformarse en un garante más de la gobernabilidad burguesa.

El peronismo revolucionario con y sin Perón

El 12 de octubre de 1973, en su discurso al asumir por tercera vez la Presidencia de la Nación, Perón ratificaría su proverbial compromiso asambleario en los siguientes términos: “… quiero decirles que durante este gobierno que hoy se inaugura, y siguiendo la vieja costumbre peronista, los días primero de mayo de cada año he de presentarme en este mismo lugar para preguntarle al pueblo aquí reunido si está conforme con el gobierno que realizamos…”.

Sin embargo, ante la interpelación producida por la Tendencia Revolucionaria del movimiento durante los festejos del Día de los Trabajadores de 1974, el Líder produjo una descalificación pública que puso en crisis la continuidad de la línea de pensamiento eslabonada por la constante apelación a lo plebeyo de Evita, los Apuntes para la Militancia del gordo Cooke, y las definiciones fundacionales de Montoneros producidas durante el enfrentamiento a la llamada “Revolución Argentina” (1966 – 1973) La muerte posterior del anciano general terminó por abortar la posibilidad de remontar un proceso de profundización doctrinaria y transformación revolucionaria del movimiento. Pese a los desencuentros consignados, nuevas investigaciones se ocupan de rediscutir si Perón se empeñó en aniquilar al sector más rebelde del peronismo o sencillamente se vio superado por circunstancias que escaparon a su control. En dicha línea se inscriben, por ejemplo, los más recientes aportes del dirigente sindical Gonzalo Chaves.

Partiendo de la convicción de que no hubiera habido Evita sin Perón (ni viceversa), pero ganando perspectiva histórica, entendemos que cualquiera que haya leído “Mi Testamento”, el subversivo legado de la “Abanderada de los Humildes”, advertirá cuánto sentido común tuvo aquella consigna que – en consonancia con el pensamiento de época – alguna vez se atrevió a aventurar cuál hubiera sido el alineamiento durante los agitados 70′ de quien alguna vez expresara “Si es preciso haremos justicia con nuestras propias manos… yo saldré con las mujeres del Pueblo , yo saldré con los descamisados de la Patria, para no dejar en pie ningún ladrillo que no sea peronista; porque nosotros no nos vamos a dejar aplastar por la bota oligárquica y traidora de los vendepatrias que han explotado a la clase trabajadora»…

La izquierda que, deponiendo prejuicios, ha reconocido el potencial subversivo original del peronismo suele otorgarle a John William Cooke el mérito de haber intentado contribuir a encontrarle un norte ideológico a un movimiento que alguna vez definiera como “gigante invertebrado y miope”. Tal es el caso del agudo intelectual militante Miguel Mazzeo, cuyo último libro vuelve sobre la figura del rebelde parlamentario justicialista. No obstante, existen en el movimiento voces tan autorizadas como la del pionero de la Juventud Peronista e histórico cuadro de la Resistencia Jorge Rulli, quien tuvo oportunidad de tratar personalmente al “Bebe” y aporta una mirada distinta sobre aquel dirigente: “Recordemos que, una prueba decisiva para la llamada Resistencia Peronista y para el rol que entonces tenía John William Cooke como delegado de Perón, fue la elección del año 1958 con que la dictadura de Aramburu – Rojas intentó escapar a la encerrona y al desgaste a que la sometía la lucha popular basada en el sabotaje, en la huelga y en los caños, a la vez que intentaba perpetuar su antiperonismo colonizador en el poder del Estado, mediante sectores políticos que expresaran a las capas medias y que no le fueran esencialmente hostiles. Seducido por esos mismos sectores, por el desarrollismo de Frigerio y del diario Clarín, Cooke, recién llegado al exilio chileno desde la fuga del penal de Río Gallegos, es ganado para una postura negociadora que implicaba el respaldo electoral del Peronismo a la candidatura de Arturo Frondizi. Desde ya que este acuerdo que al fin se logró concretar al obtener el consentimiento de Perón, y a pesar de la oposición del ala más radical del Movimiento, implicaba quebrantar la línea insurreccional en que se venía empeñando tanto la Juventud como la llamada Resistencia Peronista y sacrificar la posibilidad de continuar buscando generar un escenario revolucionario con restauración de la Argentina anterior al golpe del 55′ (…) Las consecuencias de estas luchas al interior del Peronismo fueron el inmediato relevo de la conducción de John William Cooke que, caído en desgracia y desconocido por sus propios compañeros a la vez que negado por las bases del Movimiento, se marchó a Cuba dónde no tardó en declararse marxista y cuando volvió de la isla cuatro años más tarde, lo hizo ya no como Delegado de Perón sino como embajador oficioso de la Revolución Cubana».

Hoy se sabe que un pensador latinoamericanista original, Abraham Guillén, había influido en las posiciones de John William Cooke. Este anarquista español exiliado, que había sido comisario político en el ejército republicano y escribía en De frente, el diario que Cooke dirigía, había propuesto en 1951 un plan secreto para organizar milicias obreras que defendiesen al régimen peronista en el indefectible choque con los intereses oligárquicos y burgueses. Cooke y Evita Perón habían intentado llevar adelante el plan, pero la férrea oposición de militares peronistas consultados, más fieles al principio del monopolio de la fuerza en manos del estado que a la ideología anarquista-marxista, había hecho abortar el proyecto.

Por lo demás, conocidas son las opiniones críticas de Rodolfo Walsh sobre la experiencia político – militar de la que formó parte, la que – a su ver – evolucionó de “formaciones especiales” (así definidas por el propio líder durante los años de proscripción del peronismo) a “patrulla perdida” (a partir del extravío militarista vivido durante los años que duró la última dictadura)

De corriente interna a “izquierda del sistema”

Tras el neoliberalismo menemista (que entronizó al mercado) y el neodesarrollismo kirchnerista (que entronizó al consumo), sobran elementos para considerar que el peronismo ha cumplido su ciclo histórico (abandonando la noción de Comunidad Organizada), no ya solo dejando en el camino a lo largo de tales metamorfosis su objetivo fundacional de conquistar la Justicia Social sino contribuyendo activamente a garantizar la gobernabilidad demoliberal, abortando – por ejemplo – todo el potencial transformador de la última irrupción popular masiva producida durante los albores del siglo en curso.

Si su versión de los 90′ supuso el resuelto vaciamiento del Estado entonando las estrofas de La Marchita, la que campeó durante la “Década Ganada” simuló ser “la segunda oportunidad histórica de la Generación del 70’” profundizando la extranjerización de nuestra economía, la precarización laboral, y convirtiendo así a numerosos cuadros históricos del peronismo revolucionario en caricaturas grotescas de lo que alguna vez se propusieran ser. A lo largo de dicho período – y en el marco del Consenso de las Commodities -, concretamente a partir de 1996, se produjo el boom sojero, que acompañó la instalación en nuestro país del modelo extractivista que hoy rige en toda la región.

Cabe señalar, en consecuencia, el dato no menor de que la capitulación del peronismo respecto al cumplimiento de su misión histórica fundacional deja a los humildes de la Patria desguarnecidos de la identidad colectiva desde las que libraron sus principales batallas durante la segunda mitad del Siglo XX y ante el desafío de gestar una nueva, acorde al tiempo que nos toca.

Más todo lo expresado hasta aquí no hace mella alguna sobre la heroica experiencia de lucha del pueblo peronista, protagonista de inolvidables jornadas que hicieron tambalear al poder de turno, y gestor de una audaz programática que no debería ignorar ningún proceso futuro que se proponga una transformación de fondo en la República Argentina.

Es más, la crisis civilizatoria en curso amerita volver incluso sobre el visionario legado ecológico del propio General Perón, sistemáticamente ninguneado por una dirigencia partidaria venal, rentista, y absolutamente funcional a los propósitos del capitalismo salvaje.

De modo tal que la superación de una de las experiencias políticas más interesantes de Nuestra América no impedirá que la Revolución pendiente siga pasando por el nacionalismo y el rescate de las mejores tradiciones de lucha que fuimos capaces de gestar los argentinos.

*Por Jorge Falcone para Resumen Latinoamericano

Palabras claves: John William Cooke, Juan Domingo Perón, peronismo

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