Tantos mundos como sean necesarios

Tantos mundos como sean necesarios
25 octubre, 2016 por Redacción La tinta

Ni marxistas, ni socialistas, ni comunistas, ni anarquistas saben darse su propia forma de ser, vivir y de resistir, para crear un mundo donde quepan muchos mundos. Son zapatistas.

Momentos pasados

El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) hizo su aparición pública el 1 de enero de 1994 pero había nacido años antes, en 1983, a través del primer campamento guerrillero en la Selva Lacandona, en Chiapas. Ese primero de enero, siete cabeceras municipales de Chiapas fueron tomadas: Las Margaritas, Ocosingo, Oxchuc, Huixtán, Chanal, San Cristóbal de Las Casas, y Altamirano.

El ejército mexicano derrotó la alzada de los zapatistas. Este EZLN era un ejército más simbólico que real ya que la mayoría de los miembros del ejército zapatista estaba desarmado: portaban armas hechas de madera y pintadas de negro. Iban, sabiendo que seguramente, morirían sin poder defenderse.

ezln-indigena-mexico-chiapas-marcos-galeanoLos zapatistas no pudieron avanzar en este sentido y debieron dialogar cara a cara (pasamontaña) con el mal gobierno. En este proceso fue mediador el obispo Samuel Ruiz de San Cristóbal de las Casas, que entre otras cosas, dio pie a los acuerdos de San Andrés sobre el “Derecho y Cultura Indígena”, que comprometían al Estado a reconocer a los pueblos indígenas en la ley más importante de México: su Constitución, para que pudieran gozar de autonomía y autodeterminación. Ese mismo año, en el mes de octubre, se fundó el Congreso Nacional Indígena (CNI).

Los acuerdos de San Andrés no se cumplieron en su totalidad y recién en el 2001 se hicieron algunas reformas constitucionales para darle reconocimiento a los pueblos indígenas. Así el Artículo 2 de la Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos reza: «Se les reconoce la libre autodeterminación, y garantiza el derecho a la libre determinación y autonomía para decidir formas internas de convivencia y organización social, económica, política y cultural».

El EZLN, mediante la creación en 2003 de Los Caracoles y las Juntas de Buen Gobierno, vino a hacer realidad esa autodeterminación y autonomía.

Y es que hay pueblos que se saben pueblos y no hacen más que serlo, a como de lugar

«Cuando el pueblo tiene una voluntad, no tiene representantes, se representa así mismo», señala el escritor Eduardo Colombo en su libro «La voluntad del pueblo».

La organización del zapatismo siempre ha apuntado en ese sentido. Ya en febrero de 1994, el EZLN expresaba a través de un comunicado: «¿La toma del poder? No, apenas algo más difícil: un mundo nuevo”. Ahí nomás de haber dado semejante sorpresa, exclamaban claramente lo que buscaban, aunque tampoco especificaban cómo.

Recientemente el EZLN propuso que las bases discutan la posibilidad de presentarse a elecciones para que exista un Consejo Indígena de Gobierno que se haga cargo del Ejecutivo Federal y materialice su palabra a través de una candidata mujer. Esta novedad generó «histeria» no sólo en los partidos políticos tradicionales de México sino también en quienes comparten con el zapatismo la ideología de desde abajo, a la izquierda.

Y creo que esa sorpresa no grata puede deberse a que, en algún punto, bueno en realidad en varios puntos, muchas y muchos nos hemos de alguna manera, o de todas las posibles apropiado del zapatismo.

Esa convicción de que algo realmente nuevo parió el abajo, y un abajo también nuevo se estaba pariendo (y sezln-sup-mexico-chiapas-marcos-galeanoe está pariendo) aunque sus raíces eran y son tan ancestrales como los mismísimos pueblos originarios; repudiando la vía electoralista, sabiéndose siempre fuera, y entendiéndose ahí afuera, es lo que viene a provocar un primer rechazo, dudas, miedos. Porque miramos el zapatismo, desde nosotras. Desde acá. Desde el lugar en el mundo de donde sea que andemos caminando, abajo, arriba, en México, o Argentina.

Porque nos abrazamos a esa idea, de que era posible, levantarse, y fundar un mundo diferente. Porque vimos en esos pasamontañas, una realidad que varias y varios quisiéramos lograr, vimos desde lo lejos, que alguien nos interpelaba, algunxs se animaban, se organizaban, y lo hacían: eran una comunidad autónoma, digna y libre. Y claro, es fácil abrazar eso. Es fácil comulgar con ese logro, es fácil simpatizar con ese zapatismo. Es tan fácil eso, como criticar, desde cualquier zapato, ahora y ayer, lo que sea que nos “moleste” del zapatismo; como si pudiésemos dimensionar acaso lo que es el movimiento zapatista. Como si el zapatismo fuera estanco y caprichoso, como si la coyuntura fuera la misma que allá cuando aparecieron, cuando decidieron en realidad, hacerse conocer.

Muchxs, inclusive, encuentran en su levantamiento armado una debilidad, algo que hace e hizo, que el zapatismo no llegara a ser aceptado, comprendido, por más mexicanos, por más abajos. Porque claro que es ciertamente más fácil disentir después, cuando algo ya se hizo. Pero hacerlo, claro, lo hicieron, lo hacen, los zapatistas.

Cuando anduve por San Cristóbal de las Casas, para poder ir al Caracol Oventic, tomé un camión, que es un medio de transporte totalmente habitual en México; son lo que acá conocemos como trafics, o combies privadas. En viaje hablando con el chofer, y ya adentrándonos en una zona bastante verde, selvática, él me dijo que toda esa zona era zapatista. Pero, manifestando estar contento señaló que ya quedaban pocos, que ya casi no existían. Me decía que el zapatismo fue muy malo; que se habían armado y habían tomado municipios, que provocaron una guerra donde murieron muchos inocentes: que daban miedo, y que muchos deseaban que nunca volviera a ocurrir: “muy peligroso” afirmaba ese chofer.

Y sí, son un gran peligro pensaba yo en mi interior. Vienen a demostrar que otra cosa es posible, que otras realidades se dan espacio, que los pueblos se van haciendo sus propias formas, que se van animando a ser, a cómo de lugar. Y eso es peligroso claro, es un peligro concreto para el sistema, para los arribas, para quienes no comprenden muy bien en que parte de todo esto se encuentran también es peligroso, porque genera dudas, ruidos, desconcierto. Eso ha generado el EZLN siempre; desconcierto, y esperanza. ¿No es eso acaso peligroso, para un sistema que promulga, promueve, y vende predictibilidad, y resignación?

Es el zapatismo una construcción totalmente peligrosa, tanto como la dignidad, la democracia, la libertad, la justicia que han sabido desarrollar, profundizar y construir; sin que nadie les dijera cómo, cuándo y dónde. Sin escuchar tanto ese ruiderío del afuera. Se construyeron, mirándose los ojos, mostrándonos los suyos, hablándonos cuando querían, aunque jamás viéndose aisaldos del mundo. Construyeron para adentro, desde adentro, sin descuidar el saber en qué mundo estaban pariéndose ellos mismos.

Yo los entiendo como un verdadero movimiento, que saben darse las herramientas y las formas, que van siendo necesarias, reales y posibles. Que ellxs mismxs, van decidiendo. Pura democracia ¿verdad que es peligroso no?

“No queremos el poder, sino poder hacer, que sean nuestras asambleas las que gobiernen”

¿Qué tan sólido estará el sistema político mexicano, y qué tan fundamentadas y consistentes son las tácticas y estrategias de los partidos políticos, que basta que alguien diga públicamente que está pensando algo, y que le va a preguntar a sus demás iguales qué piensan de lo que está pensando, para que se pongan histéricos?”, nos y se pregunta el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, respondiendo interpelándonos nuevamente, frente a la polémica generada por el la decisión junto al Congreso Nacional Indígena (CNI) de consultar a sus bases, para definir-recién entonces y no antes- la postulación de una candidata indígena para la presidencia de México en 2018.

¿En qué medida la propuesta de que un concejo (con “c”) indígena de gobierno, es decir, un colectivo y no un individuo, sea el responsable del ejecutivo federal, apuntala-el-presidencialismo- se- hace- cómplice- de- la- farsa- electoral-contribuye-a- reforzar-la-democracia-burguesa -le- hace- el- juego- a- la- oligarquía- y- al- imperialismo-yanqui-chino-ruso-judeoislámico-mileezln-zapatista-mexico-chiapas-marcos-galeanonarista,- además- de- traicionar -los-altos-principios- de- la- revolución- proletaria- mundial? Nos y se preguntan los zapatistas.

“Ya no queremos decidir por los otros, y tampoco que decidan por nosotros. No queremos el poder, sino poder hacer, que sean nuestras asambleas las que gobiernen” Esto se dice en el documento del quinto congreso. “Ratificamos que nuestra lucha no es por el poder, no lo buscamos; sino que llamaremos a los pueblos originarios y a la sociedad civil a organizarnos para detener esta destrucción, fortalecernos en nuestras resistencias y rebeldíases decir, en la defensa de la vida de cada persona, cada familia, colectivo, comunidad o barrio. De construir la paz y la justicia rehilándonos desde abajo, desde donde somos lo que somos”.

Se explicita aquí, que esta propuesta, no es sino, otra forma de organizarse a la cual se apela para frenar tanta muerte y destrucción.

Colombo, en la obra ya citada establece algo verdaderamente interesante: “En nuestros días se ha olvidado la distinción –aristotélica y escolástica, central en Spinoza y fundamental en política–, entre potentia y potestas: la potencia, o poder, como capacidad (“el poder de crear” o de hacer), y el poder como dominación (“el poder de ordenar”, y de hacerse obedecer), confundiendo de este modo la capacidad que tiene el agente de la acción, individual o colectivo –capacidad o poder que da al sujeto político la posibilidad de establecer una relación sinérgica compatible con la igualdad en la acción colectiva–, con la dominación, que es siempre una relación asimétrica entre aquel o aquellos que mandan y aquel o aquellos que obedecen. En el espacio político común e igualitario de la asamblea, el “poder” es el resultado de la acción de todos, y ese poder es antes que nada una capacidad de hacer o de decidir (potentia). En la democracia directa el problema no proviene de la capacidad colectiva de instituir la vida común, sino de la toma de decisiones a través de una mayoría, lo que significa desconocer la opinión de la minoría, incluso de uno, e imponerle la decisión mayoritaria”

Las asambleas, no dejaron de existir en los zapatistas, ellos mismos lo dicen: «Nos declaramos en asamblea permanente y consultaremos en cada una de nuestras geografías, territorios y rumbos el acuerdo de este Quinto CNI para nombrar un concejo indígena de gobierno cuya palabra sea materializada por una mujer indígena, delegada del CNI como candidata independiente que contienda a nombre del Congreso Nacional Indígena y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en el proceso electoral del año 2018 para la presidencia de este país.

No es entonces una decisión vertical, ni sin debate, ni caprichosa.

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Es tan real ese mundo donde quepan otros, es tan real su democracia construida, su libertad desarrollada, que no tienen miedo de proponer lo que nadie esperaba. Nos guste o no nos guste, a quienes desde lejos hemos o no simpatizado, con el zapatismo. No tienen miedo de proponer, de dar la discusión, de agrietar el sistema electoralista de esta manera. Han generado tanta base política, tanto «poder hacer», la suficiente autogestión, y autonomía, que son capaces, de discutir esta herramienta, como una más. Sin miedos, ni cristalizaciones prejuiciosas. Siendo totalmente conscientes de lo que son, de lo que ya han construido, de ese nuevo mundo que han sabido parir.

El movimiento zapatista, es tan real, como misterioso. Quién haya andado por aquellos suelos, sabe que los mexicanos, y sobre todo los zapatistas, quizás por su origen, son de hablar poco, despacio, y sigilosamente. Casi inentendible al menos, para quien no los escucha siempre.

Cuidan las palabras, dicen lo justo. Y hablan, y nos hablan en su idioma, quizás por eso cuesta tanto entenderlos. Quizás por seguridad, poco dicen, poco se cuenta, poco sabemos de este movimiento revolucionario. Por eso es que, al zapatismo, jamás lo entenderemos, sino, como el zapatismo quiere que lo entendamos.

Porque, si hay algo extremadamente maravilloso y envidiable que tiene el movimiento zapatista, es esa consciencia: Se saben en este mundo. Se leen, en este mundo, se advierten en él. Saben lo que son, lo que están haciendo, lo que logran. No dudan de ellos mismos. Jamás. Tanta confianza y consciencia tienen, que escapan a las formas que el mundo conoce, y se animan a crear ese mundo nuevo, a como de lugar, como lo han venido haciendo, y como jamás lo habían hecho, también.

*Por Victoria Sillof para La Tinta

Palabras claves: EZLN, México, pueblos originarios, resistencias

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