Macri vs. Durán Barba, una encrucijada del neoliberalismo del siglo XXI

Macri vs. Durán Barba, una encrucijada del neoliberalismo del siglo XXI
5 octubre, 2016 por Redacción La tinta

Al compás de las masivas movilizaciones que se vienen sucediendo desde febrero a esta parte, el Gobierno Nacional cuenta con otro problema con el que deberá lidiar en un contexto de recesión económica: la dificultad para construir un relato verosímil respecto de los nuevos excluidos por el modelo económico.

Mucho se ha escrito sobre las implicancias socio-laborales de las reformas estructurales del neoliberalismo, que iniciara el gobierno militar y profundizaría con inusitada intransigencia el gobierno de Carlos Menem. Sin embargo, nadie podría afirmar que dichas políticas fueron craneadas simplemente “desde arriba” e impuestas sin más. En la sociedad ya circulaban múltiples principios individualistas que, arraigados sin distinción de clase, volvieron admisibles (y, por qué no, “deseables”) las reformas mencionadas. Dicha multiplicidad de prácticas y discursos encuentra unidad en lo que podríamos denominar como “lógica” neoliberal.

Así, las prácticas emergentes en dicho escenario de re-estructuración tanto simbólica como institucional, se encontraban permeadas por dicha lógica unitaria. Los casos de acción colectiva que aparecerían como salidas no individuales a la miseria producto de las reformas políticas (como el movimiento de desocupados, de piqueteros, de fábricas recuperadas, etc…) serían la excepción a la regla.

La aceptación de su condición de desplazados del enorme y flamante ejército de reserva (recordemos que el índice de desempleo en 1976 giraba en torno al 6% y, para mediados de 1990 se encontraría cercano al 30%) responde al arraigo de nociones propias de la lógica neoliberal ampliamente diseminadas: que quien no es exitoso económicamente es porque no tiene capacidades suficientes, que la forma más justa de ordenamiento social supone un mercado regulador y un Estado mínimo, etc.

duran-barba-macriEl grado de aceptación de esos principios entre quienes quedaban marginados era abrumador, de ello se desprende que las iniciativas del emprendedurismo urbano y rural se hayan acrecentado como respuestas a las reformas y haya sido limitado el cuestionamiento organizado a los despidos:  la explosión del sector de la economía popular acontece al compás del crecimiento del desempleo y la informalidad laboral. 

Dentro de esos sentidos propios del neoliberalismo señalados, el Estado era la institución culpable del fracaso, de la atrofia populista, del atraso.

El Estado en el discurso de Cambiemos

La Alianza Cambiemos, recordemos, luego que se consumara el triunfo PRO en un imprevisto ballotage en la Ciudad de Buenos Aires, cambió fuertemente el discurso de cara a las elecciones nacionales.

El giro residía, centralmente, en dejar de cuestionar toda la política del entonces oficialismo, para pasar a “rescatar las cosas que están bien y criticar lo que se hace mal”. En el discurso del 19 de Julio de 2015, Macri por primera vez habla de mantener la Asignación Universal por Hijo (AUH), define como prioridad la lucha contra la pobreza, marca como un pilar de su gobierno el fomento de la educación pública, habla de cuidar el empleo y, de manera sorpresiva hasta para sus propios seguidores que presenciaban el acto, señala que tanto Aerolíneas Argentina como YPF “seguirán siendo propiedad del Estado”.

El macrismo supo leer ciertos consensos extendidos en la población respecto del rol del Estado en la economía, contradiciendo un postulado caro a la tradición liberal de la cual es expresión el sector del que Macri resulta la cara visible: que la suerte de cada uno de los individuos de nuestra nación depende, fundamentalmente, del desempeño y esfuerzo individual.

«El macrismo supo leer ciertos consensos extendidos en la población respecto del rol del Estado en la economía, contradiciendo un postulado caro a la tradición liberal de la cual es expresión el sector del que Macri resulta la cara visible: que la suerte de cada uno de los individuos de nuestra nación depende, fundamentalmente, del desempeño y esfuerzo individual»

Como vemos, a diferencia de lo que sucediera en los años previos a la década de los ’90, donde decimos que existía una hegemonía de la lógica neoliberal, el gobierno de los CEOs llega al poder en un contexto de fuerte rechazo al gobierno anterior, pero sin ser ello reflejo de un acuerdo con torcer el rumbo del país en 180°. Lo singular de la transición a una nueva etapa política, marcada por un giro a nivel continental en la pérdida de hegemonía de los gobiernos posneoliberales, es que la denominada “nueva derecha” hizo de los límites del modelo neodesarrollista su fortaleza.

De allí que, a diferencia de los años ochenta y noventa donde, como decíamos más arriba, se diseminaba “por abajo” la lógica neoliberal y, en ese marco los gobiernos no tenían más que materializar políticas en consonancia con dicha orientación hegemónica, en esta etapa algunos pilares propios del estallido social del 2001 que no responden a la razón neoliberal no fueron atacados sino que, todo lo contrario, sobre ellos posaron las derechas para deslegitimar al gobierno saliente y con ellos ganaron la elección.

Los desafíos de Duran

Macri necesita del ingreso de capitales para capear un primer temporal cargado de tensiones sociales que se van acrecentando y, lentamente, socavando parte de la gran legitimidad con la que aún cuenta su gobierno.

La masa de nuevos pobres y despidos generalizados (tanto en el sector público como privado) todavía encuentran en la trama de la pesada herencia un justificativo verosímil, pero es difícil creer que dicha argumentación pueda sostenerse mucho en el tiempo. Sumado a ello, los niveles de endeudamiento son muy altos (más de u$s 30.000 millones en lo que va del año) y los ingentes dólares que ingresan al país no suponen una inyección que permita a la economía repuntar.

En este marco, si bien es probable que la inflación sea contenida bajando a un 1% mensual (acompañada por el estancamiento del poder adquisitivo de las grandes mayorías), resulta difícil pensar que la estabilidad de una política macroeconómica tendiente a sostenerse en la inversión privada extranjera (donde la apertura comercial es condición de posibilidad) se realice en un punto que suponga niveles de desempleo y pobreza cercanos a cero.

Por el contrario, es más probable que dicho equilibrio tienda a fijarse en un punto con niveles de desempleo superiores a los guarismos incluso actuales. En los ’90, el crecimiento del desempleo y la pobreza fue asumido por buena parte de los sectores excluidos con culpa, porque si dependías del Estado para tu desarrollo individual eras un fracasado, incapaz.

Hoy, es difícil afirmar que esos principios se encuentran diseminados por la sociedad en el mismo sentido y con igual intensidad que en los noventa y el gobierno, además, no puede batallar con todas sus herramientas en dicho escenario ya que, en buena medida, llegó al poder diciendo lo contrario a lo que pretendería ahora instalar.

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Para comprender, entonces, dónde se juega parte de la disputa simbólica en pos de consolidar el nuevo modelo de gobierno, no podemos pecar de institucionalistas. Ni para analizar de dónde venimos, (ya que al hablar de un gobierno posneoliberal podríamos ignorar no solo las continuidades de la lógica neoliberal a nivel de gobierno sino también, y fundamentalmente, en otras esferas de lo social) ni para reflexionar hacia dónde vamos. En este punto, el error sería pensar que porque una mayoría acompañó en las urnas a un gobierno que, sin lugar a dudas, adopta un modelo económico identificable con los principios neoliberales, es por eso mismo la población “neoliberal”.

La diferencia con los ’90 es que, si bien en ambos casos existió una distancia insalvable entre lo que en campaña se decía y lo que luego efectivamente se hacía, los consensos en torno a ese “hacer” no están tan claros en la actualidad. Sería un error pensar que dichos consensos son previsibles o inevitables. En gran medida, dependen de la capacidad de articular la resistencia en cada territorio donde los gobiernos intenten avanzar sobre derechos conquistados como pueblo. Las masivas movilizaciones, desde el 24 de febrero en la marcha de estatales hasta la última marcha federal, evidencian una buena capacidad de coordinación entre federaciones y agrupaciones en alerta ante las políticas excluyentes del macrismo.

El rol de las organizaciones, entonces, deviene fundamental en tanto las mezquindades que muchas veces obturan la posibilidad de articular son siempre la mejor herramienta con las que cuenta el adversario para que su discurso haga mella en la sociedad: que, en última instancia, siempre priorizamos un interés individual por sobre el colectivo.

*Por Manuel Martínez para La Tinta

Palabras claves: Cambiemos, Duran Barba, Mauricio Macri, neoliberalismo

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