Feminización de la Pobreza: la crisis la cargamos nosotras

Feminización de la Pobreza: la crisis la cargamos nosotras
24 octubre, 2016 por Redacción La tinta

Este 2016 se presenta como el año del viraje hacia la profundización de un modelo en Argentina y en la región, con un amplio agotamiento y deterioro de los gobiernos que fueron llamados “progresistas”. Las caídas económicas de los países de la región, nos colocan en una época de recortes, recesiones y restricciones. Argentina, habiendo concedido el timón a las oligarquías empresariales, explícitamente a la derecha, ha permitido que estos “recortes” sean abruptos y desmedidos, sin discursos progresistas que medien, ni promesas de políticas más justas, con recortes en planes sociales, en políticas de derechos humanos y con despidos masivos de trabajadoras y trabajadores precarizados del Estado.

Las mujeres y la crisis

Paulatina desaceleración que se hace presente con una inflación al alza, cierre de plantas de producción y agudización de los conflictos sociales y políticos. Así, el fantasma de la crisis se agita nervioso, y si algo hemos aprendido es que a la crisis la pagan los de siempre, pero los de siempre no la pagan por igual.

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El peso cede ante la presión de las desigualdades estructurales y somos las mujeres trabajadoras quienes debemos afrontar la producción y reproducción de la vida humana y no humana ante la debacle de las seguridades. Con “no humanas” utilizamos el concepto acuñado por la escritora Silvia Federici, para hablar de la naturaleza, el agua, los alimentos -en los últimos años todas las luchas ambientales han sido protagonizadas por mujeres, somos nosotras las que cuidamos los recursos naturales-. Entonces, quedamos expuestas a peores sueldos y mayores desventajas para el mundo laboral, sistemas educativos y sanitarios que colapsan, inflación materializada en una canasta de productos básicos que se torna inaccesible.

El peso cede ante la presión de las desigualdades estructurales y somos las mujeres trabajadoras quienes debemos afrontar la producción y reproducción de la vida humana y no humana ante la debacle de las seguridades.

En primer lugar, para las trabajadoras precarizadas, nuestra mano de obra es la primera de la que se prescinde. Estadísticamente las mujeres trabajamos menos horas por menos salario, la reducción de jornada suele ser una medida adoptada para “recortar gastos”. Tal vez para algunos y algunas no sea tan obvio, pero somos nosotras las que estamos más expuestas a esos recortes, obteniendo salarios irrisorios que no resultan en absolutos suficientes.

Las mujeres solemos sostener doble y hasta triple jornada laboral, la “formal” por la cual obtenemos un salario y las jornadas de cuidado y reproducción de la vida humana y no humana, por las cuales no obtenemos remuneración ni reconocimiento. La mayor parte de las mujeres que intentamos o que accedemos al mercado laboral, es para trabajos en áreas de servicio, de menor rentabilidad y seguridad laboral o desvalorizadas socialmente. Este acceso al campo laboral por parte de las mujeres, podemos identificarlo en dos grandes bloques: por un lado quienes accedemos a trabajos más precarizados y por otro lado las que accedemos a trabajos más “formales” como maestras, enfermeras y trabajo administrativo. En ambos casos, las mujeres corremos con más desventajas laborales.

Brecha salarial

La brecha salarial es el porcentaje de la diferencia que existe en el ingreso del salario de hombres y mujeres. Muchas veces esa diferencia en el sueldo está justificada, pero existe una gran parte de este porcentaje diferencial que no está explicado, o sea que es consecuencia directa de la discriminación sexista.

En Argentina esta diferencia es de las más altas en Latinoamérica: “La brecha salarial entre varones y mujeres en Argentina es del 27,2%, de los cuales solo un 12,6% de la brecha salarial puede ser explicada por elementos que corresponden al mercado de trabajo (factores como educación, experiencia laboral, sector económico, región, intensidad laboral y ocupación)”, explica Violeta Guitart, estudiante de economía y una de las tres autoras del blog Economía Feminista.

La brecha salarial entre varones y mujeres en Argentina es del 27,2%, de los cuales solo un 12,6% de la brecha salarial puede ser explicada por elementos que corresponden al mercado de trabajo (factores como educación, experiencia laboral, sector económico, región, intensidad laboral y ocupación).

Esto quiere decir, en otras palabras, que hay un 14,6% de mujeres que cobran menos que un hombre sólo por el hecho de ser mujeres, sin que sean valorados los aspectos que realmente importan a la hora del desempeño laboral.

cuadro-1-economia-feministaAdemás, la discriminación sexual en relación a los salarios genera que cuanto más “femenina” sea la ocupación, menor sea el salario para hombres y mujeres. Incluso teniendo en cuenta factores como la educación y la experiencia.

Otro aspecto que influye en los salarios tanto de varones como de mujeres, es el tiempo de trabajo remunerado. Las mujeres, por sus responsabilidades familiares, sobre todo en los sectores de bajos recursos donde el trabajo está más flexibilizado y menos protegido, trabajan menos horas que los varones, lo que repercute en su ingreso.

Además, las brechas de género en el mercado de trabajo son resultado también de:

La Segregación horizontal o “paredes de cristal” refiere a la segmentación de la participación de mujeres y hombres en los sectores de actividad económica y ramas de la estructura productiva con menores niveles salariales, es decir, la relativa feminización/masculinización de ciertos ámbitos del mercado de trabajo. Las mujeres se concentran en los sectores de comercio y de servicios y tareas de cuidado, y los varones en la industria y el transporte.

La Segregación vertical o “techo de cristal” hace referencia a la dificultad de las mujeres para acceder a puestos jerárquicos y de mayor responsabilidad y remuneración. Aún en los casos en los que las mujeres ocupan puestos jerárquicos, en general son gerencias con menores remuneraciones, como por ejemplo Administración o Recursos Humanos, a diferencia de los hombres que suelen ocupar las gerencias mejor remuneradas como las Financieras, de Ventas y Productivas.

Finalmente Participación y representación sindical es otro factor importante en las brechas laborales, ya que las trabajadoras tienen limitada participación y escasos cargos de representación.

dsc_0001Ser mujer, pobre y madre

Nos interesa presentar algunos datos cuantitativos que ayudan a graficar de qué hablamos cuando hablamos de la precarización, invisibilización, esclavización del trabajo de las mujeres, según un reciente informe de octubre de 2016:

-El 53% de las mujeres en edad fértil (14 a 49 años) tienen hijos o hijas. Aunque este rango etario no engloba a la totalidad de madres, es el de mayor prevalencia de embarazos.
-El 37% de las mujeres madres están entre el 30% de las personas con ingresos más bajos
-El 20% de las mujeres madres sólo completaron la primaria o menos.

Al sumar su labor dentro y fuera del hogar, se observa que las madres trabajan más y en tareas no remuneradas. Eso se debe fundamentalmente, a que las mujeres siguen siendo señaladas como las encargadas de la crianza y el cuidado infantil en el interior de las familias.

-Entre las madres asalariadas, el 36% se desempeñan en la informalidad
-Las madres proveen el 60% del tiempo total destinado al cuidado infantil, mientras que los padres aportan el 20%.

Estos son datos que fueron publicados y desarrollados por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC).

dsc_0085“El capital controla el cuerpo de las mujeres”

Silvia Federici en una entrevista, explica que en este sistema, el Estado y el capital, controlan el cuerpo de las mujeres y se apropian de su trabajo a través del sistema del salario.

“El sistema del salario no solamente controla el trabajo de los asalariados, porque con un salario se moviliza al hombre y a la mujer que lo reproduce, le pagan a uno, pero trabajan dos, moviliza una gran cantidad de trabajo no pagado. Esto es, el salario amplía la explotación, porque no solamente toma el trabajo del hombre que está en la fábrica o en la oficina, sino que también el trabajo de la mujer que lo reproduce diariamente, la que cocina, la que cría a los hijos.

La escritora aclara que nuestro mandato es casarnos para ser parte activa y productora del sistema, entonces como hay un sistema económico que es la familia, nosotras a través de la idea de amor y familia, cumplimos nuestra función social y servil al capitalismo. “Yo creo que cuando se ve esto se comprende por qué se puede hablar de un patriarcado del salario, por qué el salario toma el trabajo de la mujer y también la controla a ella. El hombre se convierte en el delegado, porque el capital y el Estado delegan en el trabajador el poder de controlar y golpear las mujeres si no cumplen con esa función. Así como los señores que dominaban las plantaciones tenían a los supervisores que controlan el trabajo de los empleados, se puede decir que los hombres controlan a las mujeres”.

22-03-2014_entrega-de-modulos-digna-educacion_sr_009Silvia Federici agrega “Todo esto se hace invisible por lo que se llama amor. El capitalismo también se ha apropiado y ha manipulado la búsqueda de amor, de afectividad y de solidaridad entre todos los seres humanos; lo ha deformado, usándolo como una medida para extraer trabajo no pagado. Por eso yo escribí. ‘Eso que llaman amor, nosotras lo llamamos trabajo no pagado’”.
Fotos: Colectivo Manifiesto

Palabras claves: machismo, trabajo

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