Las mujeres, no sólo con voz, sino con incidencia política
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Las mujeres, no sólo con voz, sino con incidencia política

Jacquelina Flores, integrante del Movimiento de los Trabajadores Excluidos (MTE) en la Confederación de trabajadores y trabajadoras de la Economía Popular (CTEP), cuenta su lucha como mujer cartonera en la Ciudad de Buenos Aires. Su historia es una enseñanza imprescindible para la organización de las mujeres en la economía popular.

Por Lary para Resumen Latinoamericano

¿Cómo fueron tus primeros pasos dentro del MTE y la economía popular?

Empecé con el carro en la época del 2001, tratando de sobrevivir a una situación extrema. Tengo 4 hijos que alimentar. Con ese trabajo me fui acercando a compañeros que ya estaban en el MTE y encontré una militancia no sólo por mis derechos, sino también por el derecho de todos los compañeros y compañeras que trabajamos en la calle porque entendí que no era la única en esa situación. En ese momento el término “organización” era bastante lejano para mí. Hoy más allá de ser cartonera, soy una militante de nuestra causa.

¿Cuál es el rol de las mujeres en la economía popular?

Las mujeres somos el pilar de todo el Movimiento. A diferencia de otras organizaciones, somos mayoría. Sin embargo, tuvimos que hacer todo lo posible para estar a la altura de la situación y poder desempeñarnos en nuestro trabajo. La unidad con nuestros compañeros fue muy importante también porque trabajabamos a la par de ellos, cargando carros de 400 kilos o más, pero teníamos que volver a nuestras casas y llevar adelante el rol de ser mamás, de ocuparnos del hogar y los niños. Siempre intenté conservar mi elección como mujer y entender por qué nos toca vivir esta realidad.

Dentro de lo que es nuestra organización, con el tiempo y a medida que se fue desarrollando, tenemos un cuerpo de delegadas que corresponde a cada ruta que viene desde la Provincia. El rol de las mujeres cartoneras es fundamental por la capacidad que tenemos de organizarnos y empezar a pensar hacia dónde queremos ir.

Las mujeres nos plantamos desde la unidad: tenemos compañeros varones que valoran la capacidad que tenemos para desarrollarnos en todos los sectores de la organización. En la mayorías de las cooperativas en las que trabajamos las mujeres son Presidentas. El rol que asumimos consiste en la comprensión de la organización. No son lugares que se disputan, sino que son espacios que van creciendo con la lucha y la mujer tiene la iniciativa de hacerse cargo porque sabemos lo que es ser jefas de hogar. Y luchamos para que todo aquel compañero o compañera cartonera que todavía no está dentro de nuestro sistema pueda integrarlo por elección y no sólo por una necesidad.

Hoy sé que la pobreza duele. También sé que no la elegimos. Tenemos que seguir luchando.

¿Cómo cambió la situación de las mujeres dentro del MTE a lo largo de los años?

Dentro de los grandes logros que tiene el movimiento cartonero y desde la potencialidad de lo que hemos podido hacer, una de los más importantes es lo que hoy conocemos como Ley Basura Cero. Esta ley vincula las necesidades de la sociedad pero a la vez nos pone en la situación de lidiar con las empresas de recolección. Entonces, fuimos proponiendo al poder Ejecutivo de la Ciudad de Buenos Aires distintas medidas: Hoy recibimos un pago por presentismo como parte del salario. La discusión de que nos paguen por el servicio que realizamos en la Ciudad de Buenos Aires sigue en pie. Las discusiones salariales también permitieron que hoy haya un grupo bastante extendido de compañeras que pueden subirse a un proyecto que llamamos Campanas Verdes para trabajar en la Ciudad por áreas. En cada área hay un grupo de 40 o 50 compañeros donde hay una zona específica donde debemos ir a buscar el material reciclado, pero sin carro: es una modalidad puerta a puerta y trabajamos con un camión. Entonces el gran esfuerzo de levantar un carro de 300 o 400 kilos de material ya no existe y así vamos ampliando los derechos para mejorar nuestra calidad de vida. Esto no es menor: la gran mayoría de mujeres tenemos problemas de salud como consecuencia del levantamiento de esta gran cantidad de peso. Así empezamos a pensar en que debía haber otra oportunidad para nosotras.

También nos organizamos para presentar en la Legislatura un proyecto para conseguir otro derecho: que toda mujer cartonera pueda dejar el carro y ser Promotoras Ambientales. ¿Quién mejor que nosotras para enseñar en la Ciudad de Buenos Aires separación en de basura origen? Hoy esto es una realidad: yo soy la responsable de coordinación del programa de Promotoras Ambientales (MTE). El programa nos permitió trabajar en turnos de 6 horas, tener tiempo para estar con nuestros chicos, poder elegir a qué destinamos nuestras horas. Algunas de nosotras estamos estudiando. Fue un cambio rotundo

Todavía queda mucho por hacer. Reconocemos dos frentes: por un lado todo lo que nos falta como mujeres, nuestros derechos. Segundo, los derechos laborales. Hoy por hoy estamos dando una discusión bastante importante sobre nuestro rol en las discusiones políticas. Por ejemplo, la falta de jardines maternales en Ciudad y Provincia. A su vez, no tenemos jubilación…nos niegan el derecho básico de subsistir. Otra necesidad que tenemos es discutir la violencia de género para poder afrontarla desde la organización: esto antes no era considerado un punto a tener en cuenta, pero ahora estamos abriendo espacios para encontrarnos y ayudar a las mujeres que están en esa situación.

Las mujeres se están organizando en todos los ámbitos. ¿Qué perspectivas tenés para la organización de las mujeres en la economía popular?

Venimos creciendo a pasos agigantados, venimos construyendo a conciencia y la verdad que me pone feliz este proceso. Hace poco tuvimos un Confederal donde vinieron compañeros de toda la patria y pudimos anunciar la Mesa que conforman las mujeres de la CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular). El último 22 de febrero hicimos una asamblea masiva en el Obelisco para comunicar la necesidad que tenemos las mujeres, no solamente de tener la voz sino de adquirir incidencia política. Más allá de la unidad de la organización nuestros compañeros varones pueden acompañarnos pero no terminan de comprender la profundidad de todos los derechos que nos faltan a las compañeras de la economía popular.

Una de las cosas que aprendí en el movimiento es que construímos desde el amor y a mi me parece que tiene que ver con eso, que todas las que padecimos algún dolor profundo que en algún momento nos hizo pensar que no podíamos más tenemos que estar unidas. Es verdad que la miseria duela, la pobreza duele. Pero ese dolor lo tenemos que transformar en lucha. Me siento orgullosa de la construcción de la cual soy parte, porque hoy puedo estar en este lugar eligiendome como mujer. La unidad nos potencia a luchar por nuestra libertad de elegir. No merecemos la humillación de vivir en una pobreza que no elegimos.

*Por Lary para Resumen Latinoamericano / Fotos: Pablo Daniel Caprarulo

21 Abril, 2017

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admin La Tinta. Periodismo hasta mancharse.


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