“En cualquier momento tenemos otra Teresa Rodríguez”
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“En cualquier momento tenemos otra Teresa Rodríguez”

En plena represión a la poblada en Cutral Có, Julio Giménez sacó las fotos que demostraron la responsabilidad de la policía en el asesinato. Veinte años después, el reportero gráfico repasa esas horas, las amenazas y este presente en donde otra vez “hay nafta en el piso”.

Por Julio Giménez para Revista Cítrica

“El día para mí arranca un día antes, el 11 de abril de 1997. Yo estaba en Neuquén, pero el conflicto se había trasladado a Cutral Có. Había habido una manifestación muy fuerte de ATEN pero tras desmovilización muchos decían: ‘Nos vamos a Cutral Có, porque la gente nos necesita allí’. Como no tenía en qué ir, hice dedo y me fui para allá.

Había una movilización muy grande de la población y, como decía Juan Sebastián, un cura de la región, había nafta en el piso y apenas un fósforo y se iba a prender todo fuego. Yo veía que eso estaba pasando y consideraba que el lugar más álgido iba a ser Cutral Có. Cuando llego al piquete número uno, que estaba muy lejos de Cutral Có, a 5 o 6 kilómetros de la entrada de Huincul, me quedo un rato. No se podía caminar, había muchísima gente en la calle. Desde allí, los piquetes se sucedían hacia la ciudad de Huincul.

Después me fui caminando y llegué hasta el tercer piquete pero luego me volví al primero porque era donde sucedía toda la acción. Allí me quedé toda esa tarde y toda la noche. Ya habían llegado las noticias de que los Hércules ya habían aterrizado en la ciudad de Neuquén, que Gendarmería estaba en Arroyito, que queda muy cerca de Huincul, y que estaban dispuestos a desalojar. Todo ese día 11 no pasó nada. Así que me quedo. En ese tiempo no estaban todas las comunicaciones que tenemos hoy, así que no le pude avisar a mi familia.

El 12 a las 4 de la mañana, escucho que dicen: ‘Vienen, vienen, vienen’ Venían por la ruta 22 los carros hidrantes con las luces prendidas y con megáfonos, diciendo que había que desalojar la ruta. La gente comenzó a correr y a comunicarse con los piquetes avisándoles que venían, y los piquetes comenzaron a organizarse para resistir. Todo eso ocurre entre las 4 y las 8, 8.30 de la mañana, que es cuando Gendarmería llega a Plaza Huincul y comienza a desalojar todas las calles aledañas a la ruta 22. No pudieron llegar fácilmente porque la gente se metía por todos lados. Había una resistencia muy fuerte, no solamente de parte de los manifestantes sino de toda la población. A medida que Gendarmería limpiaba un tramo de la ruta, se armaba otro piquete en otro lado.

Nosotros íbamos corriendo a la par de los piqueteros. Estábamos de su lado, contando la historia tal cual como era. Gendarmería iba reprimiendo constantemente con gases, con los carros hidrantes y deteniendo la gente que se enfrentaba. Los subían a las camionetas e iban todos detenidos. En un momento, el enfrentamiento con Gendarmería fue cara a cara.

Después, Gendarmería se detiene en un lugar en donde había una caminera que hoy no está más y que dividía Plaza Huincul de Cutral Có. Se detienen en esa rotonda, descansan un poco y continúan avanzando por la ruta 22 hacia Cutral Có. Yo me vuelvo hacia Huincul y me dirijo al destacamento de policía caminera donde estaban todos los detenidos. Al llegar ahí me entero de que estaban reprimiendo en el puente 17, que une la ciudad de Plaza Huincul con Picún Leufú.

Me acerco al lugar y veo que del lado este había manifestantes y del oeste, un pelotón de policías provinciales que estaban organizándose. Cruzo, voy y vuelvo sobre el puente, y me quedo agachado, escondido, protegido, en un lugar del puente para ver porque parecía que algo iba a pasar. Pasaron como veinte minutos, mientras yo cambié el rollo, miraba lo que tenía. Hacía las cuentas de ‘si pasa algo, por dónde salgo, por dónde me escapo’. Miré todo el panorama. En eso comienza el desalojo, digamos. Para mi sorpresa, lo que veo es que -y de hecho está en las fotos- la policía provincial reprime con armas reglamentarias, con armas de verdad, pistolas 9 milímetros y escopetas.

Comienzo a fotografiar a la gente. Cruzo el puente en el medio del tiroteo porque quería fotografiar a la policía tirando de frente y no solo desde atrás. Estaba en la búsqueda de una imagen. No me doy cuenta cuando Teresa cae, eso queda fotografíado y después el perito determina, mediante las fotografías cómo y dónde fue, pero yo en ese momento no me di cuenta. Fue todo tan violento y tan rápido. Tampoco podía ver las imágenes porque en esa época no había fotografía digital, las tenía que revelar. Recién las pude ver al otro día. Ese día me enteré después.

Volví a los piquetes porque Gendarmería no pudo desalojarlos a todos, ya que se volvían a armar sobre la ruta 22. A eso de las 5 de la tarde se retira Gendarmería, y a esa hora ya se sabía que había una persona fallecida de sexo femenino que se llamaba Teresa. Se esperaba que trajeran el cuerpo y se decía quién era. Y es ahí cuando caigo de lo que había fotografiado.

Mucho tiempo después conocí al padre, a la madre y al hermano de Teresa. Las fotos sirvieron para la causa, donde nueve policías fueron pasados a disponibilidad. En ese sentido fue un trabajo que me dio un poco de satisfacción, porque no sólo sirvió como hecho periodístico sino que sirvió a los fines de investigar, fue material importante para que los jueces y los fiscales pudieran constatar la responsabilidad de la policía en el asesinato. Las imágenes eran tan contundentes que no había forma de decir ‘esto no pasó’ o de culpar a los manifestantes.

Y después fue muy difícil para mí, porque convengamos que de alguna manera uno es un blanco. Esta región es chica, nos conocemos todos y la familia policial es una familia muy grande. No la pasé muy bien. Recibí amenazas, mis hijas también fueron amenazadas, mi casa también. En ese tiempo estábamos con el tema de los reclamos por José Luis (Cabezas). Había una movida a nivel nacional en donde todo se juntaba. Recuerdo que una cosa que me dijeron fue: ‘Te vamos a quemar la casa como quemamos a Cabezas’. Esto fue una cosa terrible para mí porque en mi casa estaba mi familia. Los tuve que sacar y mis hijas se fueron a vivir a la casa de amigos, hasta que todo se fue tranquilizando.

No fue fácil, como tampoco fue fácil en los juicios enfrentarme cara a cara con los policías que habían estado disparando. Alguno de ellos era el homicida de Teresa. Pero yo voy a seguir involucrándome socialmente porque para eso fue que elegí esta profesión. Uno ya es un tiroteao viejo, tiene muchas encima. Y por eso hoy duele ver que la memoria frágil de los argentinos nos lleva a cometer los mismos errores como sociedad.

Hoy hay nafta en el piso nuevamente. Si bien es cierto que los reclamos no parecen ser tan violentos o tan crudos, pero en cualquier momento pueden serlo porque la gente la está pasando muy mal. En cualquier momento tenemos una Teresa Rodríguez, un Carlos Fuentealba. En cualquier momento tenemos un trabajador muerto por reclamar sus derechos. Lo más triste del caso: muerto por un par. Porque un policía no es un hacendado, ni está defendiendo su estancia; está defendiendo intereses económicos de potencias con las que nada tenemos que ver nosotros”.

*Por Julio Giménez para Revista Cítrica
*Reportero gráfico

21 Abril, 2017

Autor

Revista Citrica www.revistacitrica.com


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