Una canción diferente
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Una canción diferente

Esta semana se celebró el Día de la Visibilidad (Trans y Cis) Lésbica. Como cada 7 de marzo y rememorando a la Pepa Gaitán, se generaron espacios de encuentro en muchas ciudades para redoblar la resistencia y continuar la lucha contra la discriminación y la violencia hetero-patriarcal.

Por Julieta Pollo para La Tinta

La Asamblea Lésbica Permanente celebró una vez más la visibilidad lésbica que abraza el derecho a elegir, a expresar y a ejercer nuestra propia sexualidad en libertad; con la frente alta y los cuerpos en resistencia, recordando a las mujeres a las que les arrancaron la vida y luchando por las que siguen encerradas.

La visibilización tiene que ver con hablar del tema, dejar de negar a una porción de la sociedad y dejar de ocultar la discriminación y la violencia, que o bien las niega o bien las hace encajar en un modelo erótico heteronormativo que complace al varón. En este sentido la música también ha sido un ámbito de visibilización lésbica que ha configurado diversas formas de resistencia, con las particularidades propias del contexto espacio-temporal en las que surgieron.

En los albores de la década menemista, el dúo Celeste Carballo y Sandra Mihanovich editó su segundo disco Mujer contra mujer, lanzado dos años después de Somos mucho más que dos, con canciones que llevaron a la radio historias de amor entre dos mujeres y con todo un concepto abocado a la visibilización.

A raíz de Mujer contra Mujer, Sandra y Celeste instalaron y discutieron el lesbianismo en una televisión cuyo cóctel discursivo giraba en torno a Mirtha Legrand, Bernardo Neustadt, Gerardo Sofovich y Jorge Porcel. Fue en Imagen de Radio, programa que conducía Juan Alberto Badía, donde Celeste Carballo criticó duramente la pacatería y el uso de eufemismos que solo tienden a negar y ocultar la diversidad sexual.

“Hay muchos como yo, hay muchos más que dos y están entre nosotros. Y hay muchos que se callan la boca y que no hablan y que se esconden. Y hay muchas chicas que se pintan las uñas y que a la noche les molesta. (…) Entiendo que la gente se asuste y sienta rechazo, pero  no me parece normal y natural que yo tenga que hablar siempre con segundas palabras y nunca usar la correcta porque entonces… yo sigo atacando esta sociedad pacata y machista que es la Argentina realmente” , sostuvo la artista hacia el final de la entrevista.

Conexión entre dos mujeres

Hacia el inicio de la conversación Celeste le explica a Badía que el concepto de Mujer contra Mujer no denota a un adversario sino más bien una conexión entre dos mujeres, una relación de amor.

Preguntó Badía: “Poder manifestarlo en tantísimos lugares y con tanta naturalidad en la Argentina de hoy, en los tiempos que vivimos. De todas maneras, ¿hace dos bandos? ¿Genera como dos posiciones?
Responde Celeste: “No, todo lo contrario, lo único que hace es aliviar presiones”.
“-¿Las interiores?”
“-Las interiores y las sociales. Hay mucha gente que está escondida adentro de sí misma, que no se muestra, que sufre mucho. Que no muestra que es homosexual porque los demás se van a reír de él, lo van a atacar, etc.”

Celeste habló del rechazo y la soledad que sufrió en carne propia durante su adolescencia, así como del refugio que significaron aquellas personas que la acompañaron, como su madre y su hermana Violeta. Increíblemente, el conductor lo llama “condición” y no se refiere a la libre elección de Celeste abiertamente, la invisibiliza.

“-¿Vos lo sufriste?
-¿Qué cosa? ¿El rechazo? Por supuesto…
-No, la condición más que el rechazo.
-¿Cuál condición?
 -Claro… la condición de ser como sos.
-Para nada, todo lo contrario. Siempre fui absolutamente feliz conmigo misma”. 

El rechazo de la sociedad heteropatriarcal del que habla Celeste no es tema del pasado, sino una constante que va mutando en sus formas con el paso del tiempo.

En 2011 #CelesteCarballo fue Trending Topic en Twitter, luego de su aparición en el programa Sábado Bus que desencadenó un ataque lesbofóbico de muchos usuarios que escupieron burlas, ofensas y comentarios discriminatorios. El blanco no fue su música ni su carrera artística, sino su orientación sexual, su modo de expresarse, de vestir y de llevar su pelo. Es el castigo de una sociedad machista que condena y repudia a las mujeres que deciden alejarse de los cánones del deber ser, de la norma que rige cómo debemos vestir, comer, hablar y amar.

“La pacatería es una enfermedad muy contagiosa y si no aparece alguien… Claro que es curable pero es contagiosa, hay que tener mucho cuidado con eso.  Te hace perder mucho tiempo en la vida y ¿sabés qué pasa? La vida absolutamente es tiempo ”, concluyó Celeste antes de que Badía, algo intimidado con su soltura y naturalidad, anticipara la música y terminara el diálogo.

La lucha sigue

De los 90′ a esta parte mucho ha pasado. Años de incansable y ardua lucha que nos dejaron conquistas en materia de igualdad, como la Ley de Matrimonio Igualitario y la Ley de Identidad de Género. Sin embargo, se avanza un casillero para luego retroceder dos si se sigue sosteniendo el mismo sistema hipócrita que avala la lesbofobia a distintos niveles.

En Córdoba, el Código de “Convivencia”, hijo del Código de Faltas, sigue sirviendo de carta blanca policial que avala la persecución y criminalización también de la disidencia sexual bajo la figura -ambigua y subjetiva como todas ellas- de “tocamientos indecorosos”. Y esta es solo una de las mordazas que conforman un entramado social que avala el machismo y la homolesbotransfobia, junto con la doble vara judicial y la enorme cuchara de la iglesia católica.

El martes se celebró la visibilidad lésbica. Visibilidad para no ser detenidas por la policía por besarse en una plaza, para no ser echadas de un establecimiento por expresarse cariño, para no ser discriminadas por la forma de vestir o de hablar, para no ser violadas impunemente como método “correctivo”, para no ser encerradas y juzgadas por defenderse de golpes y vejámenes, para no ser asesinadas a sangre fría por su orientación sexual.  Visibilidad para exigir respeto y libertad. 

Hoy Higui continúa presa: cinco meses de encierro es la respuesta del Estado cuando una mujer lesbiana se defiende ante una patota de diez hombres que la atacan, la golpean e intentan violarla. La lucha continúa y quienes exigimos su liberación inmediata somos mucho más que dos.

*Por Julieta Pollo para La Tinta

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10 Marzo, 2017

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