La luna, esa potente
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La luna, esa potente

Las enseñanzas de la Luna perduran hasta hoy. El astro de la noche, cuentan las indígenas, sigue dirigiendo sus mensajes a sus hijos e hijas a través de sus sueños.Mujeres de Maiz, Guiomar Rovina

Algunos de los esfuerzos de las mujeres, desde siempre, tienen que ver con recuperar las historias de otros tiempos. Las acciones, luchas, transformaciones y reflexiones que otras han hecho a lo largo de la historia. En relación a conquistas sociales, políticas, estéticas y también vinculadas al cuerpo, a la biología, a los ciclos.

“Estás re loca, seguro que estás con…”

La luna tarda unos 28 días en dar vuelta a la tierra, las mujeres tienen un ciclo hormonal aproximado de 28 días. Mujeres sabias, desde la antigüedad, han honrado a la Luna y a la menstruación, sin el tabú que significa “menstruar”, ya que para ellas es un signo de vida, un honor entregado y no una vergüenza ni algo que debe ser molesto. Dicen que lo que la historia patriarcal negó es que cuando menstruamos es el período de mayor poder energético, en que la percepción está más afilada y donde somos más sensibles.

El poder que las mujeres históricamente teníamos a partir de los conocimientos sobre salud, cuidados y medicina natural fue destruido e invisibilizado por la medicina “moderna”, espacio de individuos, objetos, y no de sujetos y sujetas de su propia vida. Y las que desde la resistencia siguieron ayudando a otras mujeres fueron quemadas como “brujas” o descalificadas en sus conocimientos y acciones. De a poco, las mujeres perdimos todo contacto con nuestro cuerpo, con las otras, con nosotras.

Algunas mujeres intentamos conectar con la experiencia cíclica de lo femenino y de la vida, descubriendo en ella una fuente de poder y de profunda sabiduría. Esto muchas veces lo entendemos y lo desarrollamos como estrategia política para desandar todo lo que el capitalismo patriarcal nos negó, nos niega y nos invisibiliza de nosotras mismas. La conexión con la menstruación, los cambios hormonales, la sexualidad, el parto y la menopausia, han permitido a las mujeres la aceptación de que la naturaleza cíclica nos está llevando a mujeres de todas las edades a recuperar nuestra autoridad, intuición y felicidad. Algo que tenemos que aprender a transmitirnos entre nosotras mismas, tenemos que poder romper tabúes, prejuicios, falsas moralidades y enseñarnos y aprendernos a conocernos.

Las lunas, los ciclos

La idea de llevar un calendario lunar es para conectarnos con la naturaleza, aumentar nuestra energía y conocimiento sobre nosotras mismas. Es aceptar los ciclos como regidores de la vida toda.

Luna Nueva: es el nacimiento. Se asocia con la ovulación de la mujer, con el despertar, el inicio de un nuevo ciclo.

Luna Creciente: es la fertilidad de la mujer en su máximo punto.

Luna Llena: es la “madre”, representa la semilla engendrada.

Luna Menguante: es representada por la “anciana”, aquella que llegó a la menopausia llena de conocimiento y sabiduría.

La luna siempre ha sido representada, como mujer. La Diosa Artemisa simbolizaba a la luna creciente, representando el nacimiento y la naturaleza. Pero la incidencia del ciclo lunar no se observa solo en los cuerpos biológicamente femeninos, sino también en las mareas, en los ciclos de cultivo. Recuperar la mirada sobre la luna y los ciclos es, para nosotras, trascender la mirada occidental racional que apunta siempre hacia adelante, como un hombre blanco sin pasado que solo mira hacia el futuro. Es procurar recuperar los saberes de otros pueblos, y otras culturas, que conectaban con una mirada diferencial del tiempo y de los ciclos. No como flechas de un solo lado, sino como círculos: energéticos, sociales, históricos.

Transformar la manera de ver el tiempo

El comprender que nuestra sexualidad cambia y que nuestro ciclo también lo hace al igual que la luna y según las más entendidas, nos permitirá incluso sanarnos y regular nuestro período. Las mujeres somos “luna” capaces de aprender a armonizarnos con ella para mejorar nuestros ciclos hormonales y entender aspectos de nuestra vida.

Uno de los agentes más importantes en la represión de lo femenino fueron las religiones monoteístas y patriarcales. El redescubrimiento de la espiritualidad femenina es una parte clave para reconstruir y fortalecer nuestra identidad. La arqueología, la mitología y la antropología nos demuestran que, en diferentes épocas históricas, gran parte de la humanidad fue matrilineal con un culto a lo Sagrado Femenino. En los Arquetipos de la Diosa de diversas culturas, que contienen una gran sabiduría respecto al universo femenino, podemos entender la etapa vital en que nos encontramos.

Ilustraciones: Paula Duró

Redacción La Tinta

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16 Marzo, 2017

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