Las imágenes de la crisis
Opinión

Las imágenes de la crisis

Las imágenes de la protesta social, de las diversas formas de exclusión y de lo colectivo, de lo grupal, son las víctimas a trece meses del gobierno de la Alianza Cambiemos. Así se presenta la sociedad en tiempos del neoliberalismo. Víctor Arancibia afirma en esta nota que sea cual sea la idea de este modo de presentar a la sociedad, las víctimas de los ajustes y de los modos de hacer política no son sólo las imágenes sino la gente de carne y hueso que está tan atrás que ya casi nadie la ve.

Por Víctor Arancibia para La Tecla Eñe

Como la palabra ‘aparato’, la palabra ‘encuadre’ se refiere a la vez a una necesidad formal inherente a la existencia de las imágenes y a una coacción institucional inherente al ejercicio del poder.
George Didi-Huberman

Una de las primeras víctimas de la guerra, decía una vieja máxima periodística, es la verdad (la que se tomaba como sinónimo de información). Sin embargo, en tiempos democráticos neoliberales, al menos en Argentina, parece que las víctimas se han acrecentado y se han diversificado.

En el racconto de las pérdidas en trece meses de gobierno de ‘Cambiemos’ las imágenes forman parte de los ‘cadáveres’ que se suman a esa lista de bajas. Pero claro está que no son todas ellas. En un mundo poblado por imágenes provenientes de medios, redes sociales, aplicaciones para celulares, archivos virtuales parece que nada se ha perdido y que, como dice otro axioma moderno, ‘todo está en la red y al alcance de la mano’. Sin embargo, hay que pensar en cuáles son las imágenes que van desapareciendo en un mundo en el que no todo puede coexistir y, como toda, memoria se alimenta de los olvidos voluntarios e involuntarios.

En primer lugar, el registro de la protesta social son las primeras víctimas en los medios concentrados. Las protestas parecen no tener espacio en la mayoría de los medios. Más allá de los despidos, los cortes de calle, las manifestaciones, las plazas con actos, las fotografías o los registros de la decepción y de la bronca de la gente, no aparece. Sólo el registro de los grupos involucrados, a través fundamentalmente de los celulares, hacen su aparición en las redes sociales apostando a una confianza en la supuesta potencia de la viralización por internet y por los dispositivos móviles que -al menos por ahora- todavía no se ha demostrado fehacientemente. Esta confianza tiene como efecto colateral que muchas personas, que ocupaban el espacio público de la calle, ahora estén convencidas de que el avatar digital sea más efectivo para la protesta que el propio cuerpo interpuesto al flujo de la calle.

La segunda víctima, tiene que ver con las imágenes de las diversas formas de exclusión. La imagen que se escatima a la mirada es la que permite leer las causas y circunstancias de la pobreza, de la violencia institucional e institucionalizada y de las formas en que se deterioran los cuerpos ante la falta de condiciones básicas de vida.

Se trata de la vieja estrategia como la utilizada por el político de un cuento de García Márquez en la que se antepone a la mirada paneles de cartón pintado que simulan una multitud inexistente y que se muestra como supuestamente exultante. Se trata de una forma de mostrar el mundo en el que la aparición de los cuerpos deteriorados o dañados sólo se arrinconan a las secciones de lo abyecto o de lo policial. El lugar de la anormalidad es la forma en que se condena a la imagen de lo social.

La tercera caída en este sistema visual imperante en los últimos tiempos, es la imagen de la grupalidad. El ‘pueblo’, razón de ser del tan odiado populismo que se combate desde el gobierno actual. Cuando escribo el primer apunte de este texto, miércoles 25 de enero del 2017, al revisar los diarios locales y nacionales -como uno lo hace habitualmente- se encuentra con una triste constatación: menos del cinco por ciento de las imágenes publicadas son imágenes donde la grupalidad esté presente. De 32 imágenes publicadas en el Nuevo Diario de Salta y de 74 en El Tribuno, una en un caso y tres en el otro tienen registro fotográfico de grupos de personas.

Cabe aclarar que en todos los casos corresponden a la sección de deportes donde ni siquiera es la hinchada la protagonista sino un grupo de jugadores. El resto de las imágenes son individuos: políticos, artistas, deportistas, columnistas, personas recibiendo masajes, una promoción a través de una infopublicidad, entre otras. Igual suerte uno corre si recorre las imágenes de los noticieros televisivos.

Claramente, lo que ha desaparecido es la gente como colectivo. Una vieja canción de Joan Manuel Serrat decía ‘detrás de todo está la gente’. Parece que esa advertencia sobre el modo de ‘encuadrar’ la mirada y a que no nos olvidemos que siempre hay colectivos de gente que vive, siente, sufre y se divierte, se actualiza en los tiempos donde la fragmentación es la estrategia política más utilizada.

Vemos todos los días cómo se fragmentan los partidos, los bloques, los sindicatos, las protestas para el beneficio del gobierno nacional que apuesta a esa fragmentación de los colectivos. La individualidad es la moneda de cambio de las imágenes y los medios no hacen más que dar cuenta hasta en los pequeños intersticios de sus superficies visuales. Cada uno vale por uno mismo, parece ser el mensaje, o que vale más el fragmento que los colectivos. Sea cual sea la idea de este modo de presentar a la sociedad, las víctimas de los ajustes y de los modos de hacer política no son sólo las imágenes sino la gente de carne y hueso que está tan atrás que ya casi nadie la ve.

*Por Víctor Arancibia para La Tecla Eñe


Dr. en Comunicación y docente de la ‘Teoría de la comunicación’ y ‘semiótica audiovisual’. Miembro de Comuna.

7 Febrero, 2017

Autor

admin La Tinta. Periodismo hasta mancharse.


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