Serena, la mejor del mundo
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Serena, la mejor del mundo

En una edición dedicada a las Mujeres Increíbles de 2016, Serena Williams aprovechó la invitación de la revista Porter y disparó: “Mi sueño era ser la mejor tenista del mundo. No la mejor mujer tenista del mundo”. En el escrito también expone la injusticia de cobrar menos por el mismo trabajo y el mismo esfuerzo: “No quiero que mi hija gane menos que mi hijo por hacer igual tarea”.

Repasar la vitrina de trofeos y medallas de Serena Williams implica contar con una voluntad de bibliotecario. No en cada año, sino que en cada mes de su vida se encuentran títulos logrados por quien es la mejor “tenista femenina del mundo”. Sí. Femenina. Mujer. La aclaración, es ley.

Así la valora el mundo, como lo hace con toda deportista. O con toda mujer que por destacarse en algo debe saber que “lo hace muy bien siendo mujer”. No importa si se trata de la única en haber logrado las dos modalidades del Golden Slam (ganar en un mismo año los cuatro Grand Slam y la medalla olímpica de oro) y en reunir 22 Grand Slam en su carrera.

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A sus 35 años, Serena ha levantado la voz. Ya lo hizo a mitad de año, mientras las protestas iniciadas por la estrella de la NFL Colin Kaepernick contra la violencia policial y los numerosos casos de gatillo fácil hacia ciudadanos negros, generó una polémica que se instaló en plena campaña presidencial.

Ahora, la actual número dos del ranking WTA escribió una carta criticando la discriminación hacia la mujer en el deporte y en cualquier trabajo del mundo. Desde la inequidad económica hasta el desprecio discursivo que les recuerda a todas a que género pertenecen en cada logro.

 

Ser mujer

“De pequeña tenía un sueño. Estoy segura de que tú también, pero mi sueño no era como el de la mayor parte de los niños de mi edad. Mi sueño era ser la mejor tenista del mundo. No la mejor mujer tenista del mundo”.

Así encabezó Williams un escrito para la revista Porter, publicada por el periódico inglés The Guardian, que preparó una edición especial dedicada a las Mujeres Increíbles de 2016. Esa niña a la que hace referencia ganó su primer título a los cuatro años y a los diez había logrado 46 de los 49 torneos en los que había participado.

Desde ahí instó a la rebelión de sus colegas del circuito y alentó a sumarse a la lucha de las mujeres por sus derechos en un mundo donde hasta el carismático Novak Djokovic supo decir sin sonrojarse que “los hombres deberíamos ganar más que las mujeres en el tenis”.

Como lo hace con su potente drive, golpeó: “Cuando el tema de la equidad salarial sale a relucir me hace sentir frustrada, porque sé de primera mano que, como tú, he hecho el mismo trabajo, los mismos sacrificios que nuestros colegas hombres. Yo no quisiera nunca que mi hija ganara menos que mi hijo por hacer igual tarea”.

En la temporada 2016, la tenista que más ganó en el ranking de la WTA, fue la alemana Angelique Kerber, cuyo total fue un 60% menos de lo que cobró el británico Andy Murray, el más facturador entre los hombres con 16.327.821 dólares.

Además del derecho a ganar lo mismo por el mismo trabajo, las palabras de Serena apuntaron a algo tan básico y cotidiano como el lenguaje. Esa “aclaración” de “ser la mejor mujer” contiene un peso simbólico tan fuerte que termina siendo la demostración más acabada del desprecio y el alimento más nutritivo para fortalecerlo y continuarlo.

“Mi sueño era ser la mejor tenista del mundo. No la mejor mujer tenista del mundo”

“La gente suele referirse a mí como una de las mejores atletas femeninas del mundo. Pero, acaso dicen que LeBron es uno de los mejores atletas masculinos del mundo. Lo mismo me pregunto cuando hablan de Tiger, Federer. ¿Por qué con ellos no se especifica su género? Ellos obviamente no son mujeres… Deberíamos ser juzgados por nuestros logros, no por nuestro género”.

Antes de finalizar, aclara que tuvo suerte de haber nacido donde nació. De haber tenido una familia que posibilitó encaminar sus sueños que fueron nítidos desde los tres años. No todas gozan de esa fortuna y sus palabras apelan a la obligación que cada mujer tiene desde su lugar, en cada rincón del mundo, a afrontar una disputa que seguramente deberá continuar su hija: “Debemos seguir soñando en grande. Haciéndolo le damos poder a las siguientes generaciones de mujeres para que sean audaces en la búsqueda de sus sueños”.

 

Ser negra

En medio del fervor racista que destilaba la campaña de Donald Trump, Williams fue una de las deportistas que se sumó al reclamo por un cambio no sólo de las fuerzas policiales norteamericanas, sino de la idiosincrasia yankee que en pleno Siglo XXI no oculta su odio hacia la comunidad negra.

En junio publicó en su cuenta oficial de Facebook un episodio personal que la perturbó mientras viajaba en su auto, conducido por su sobrino de 18 años, al momento de aproximarse a un control policial.

“Rápidamente verifiqué si él (su sobrino) estaba siguiendo el límite de velocidad. Recordé ese horrible video de la mujer en el carro cuando un policía le disparó a su novio”. El temor de Serena respondía a un caso de tantos que había tomado notoriedad pública por esos días gracias a la viralización de un video. En él, se ve a una mujer desesperada, filmando a su esposo agonizando y aún sentado frente al volante luego de haber recibido un disparo de un oficial. Todo se había originado por tener rota una luz trasera.

“Jamás me hubiera perdonado a mi misma si algo le pasaba a mi sobrino. Es muy inocente. También lo eran todos “los otros”, escribió la tenista mientras se preguntaba: “¿Por qué debo preocuparme por esto en 2016? ¿Acaso no hemos pasado por suficientes cosas, no hemos abierto tantas puertas, no hemos impactado millones de vidas?”.

El Diego
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8 Diciembre, 2016

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