Lucas Ruchi y un breve relato de un fusilamiento a sangre fría
Córdoba

Lucas Ruchi y un breve relato de un fusilamiento a sangre fría

Este martes Lucas estaría cumpliendo 14 años. Tenía sueños, proyectos, ilusiones y también contradicciones. Dos balazos por la espalda dejaron trunco todo eso. Relato de Oscar A. Martínez, referente del Movimiento Popular la Dignidad, espacio en el que participaba el joven asesinado por un custodio policial.

El domingo fue Navidad. En Córdoba, una familia estuvo toda reunida y brindando mientras otra familia también estuvo reunida pero, en el cementerio de Malvinas Argentinas. Una era la familia de Martín, la otra la familia de Lucas Ruchi.

Che, y quién era el Lucas ese? Alguien me preguntó ayer, una vez más. Lucas tenía 13 años, hoy, el 27, cumpliría los 14 años. Lucas tenía sueños, proyectos, ilusiones y también contradicciones. Dos balazos por la espalda dejaron trunco todo eso.

15741093_1329940120401763_2269319309213660595_nLucas participaba del Movimiento Popular La Dignidad, él también quería cambiar las cosas. Estaba incluido en las actividades de la Red Puentes Córdoba. Era uno de los pocos que se ofrecía a llevar las banderas o a acompañar la chata de Salvador, esa que siempre llevamos a las movilizaciones. Charlando hace sólo una semana con él, me dijo: “Oscar, yo me quiero portar bien pero, es difícil”. Me dejó pensando, le dije que tuviera paciencia, que ya estaba por salir el Proyecto de Herrería.

No tuvimos tiempo. Al final fue difícil nomás. Lo fusilaron por la espalda.

No tuvo oportunidades de seguir intentándolo. Las balas de las armas reglamentarias no saben de paciencia, ni de tiempo, ni de sueños.

Lucas era juguetón, era risueño y era el bromista en su grupo de amigos. Era él quien siempre arrancaba las sonrisas a sus amistades y seres queridos, sonrisas que tal vez ya no vuelvan. Era hincha de Talleres, de esos hinchas perros, pero pocas veces tuvo la plata y la oportunidad de ir a la cancha como él hubiese querido.

Era el más chico de seis hermanos, una familia humilde más de las tantas que hay en los barrios de Córdoba, armadas y ensambladas. Una familia más de nuestro pueblo. Una familia que desde hace cuatro días está desbordada de dolor.

Me cuesta ser objetivo. La indignación y la bronca que siento contra este sistema de dominación y violencia capitalista no me lo permite.

Lucas había terminado el año pasado la escuela primaria, había comenzado este año el secundario en el IPEM 24 y fue dejándolo porque el sistema educativo actual es excluyente e incapaz de detectar, contener y ofrecer reales posibilidades de educación para pibes y pibas como él.

Era un compañerito más del Movimiento como los cientos de jovencitos de barrios, villas y asentamientos que se intentan organizar en nuestro Movimiento.

Circunstancialmente lo conocía un poco más que a otros pibes porque ambos vivimos en la misma villa y nos veíamos casi todos los días. Por eso me cuesta tanto escribir estas líneas, porque estamos consensuando cada paso que vamos a dar, con la familia y con el Vasco (abogadazo del campo popular que, desde que lo llamamos se puso a total disposición). Me cuesta ser objetivo. La indignación y la bronca que siento contra este sistema de dominación y violencia capitalista no me lo permite.

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Desde el año 2002, que vivo y milito en la zona, cuando comencé como referente del Movimiento Teresa Rodríguez en barrio Müller, hoy MP La Dignidad. Desde entonces tuve tiempo de conocer en carne propia los movimientos y problemáticas de la zona, el clientelismo político, las maniobras y la imbricación del aparato político con las redes del narcotráfico y sus relaciones con la Policía.

En estos años mi familia y yo fuimos objeto de intimidaciones, amenazas, agresiones y campañas de rumores de parte de sectores relacionados a ese mundo. En una ocasión me encañonaron en el Campo de la Ribera para advertirme que “no querían piqueteros” en ese lugar, en varias ocasiones atentaron contra nuestro local y nuestra vivienda, me rompieron repetidas veces el auto, una de las veces me aflojaron la rueda delantera que se salió cuando el auto estaba en marcha, me llamaban a mi teléfono y me mandaban mensajes de texto intimidatorios. En varias ocasiones policías de uniforme y de civil se acercaron a decirme que conocían a mi familia y dónde vivía. Nunca realicé denuncias de esos hechos ante la Policía ni espero nada bueno de parte de esa institución a la que considero parte del problema y jamás de la solución para el pueblo pobre y trabajador.

En los doce años que viví y milité en barrio Müller y desde finales de 2015 que vivo en Villa Los Tinglados, fui y soy testigo de cómo los punteros y los narcos se disputan a tiros el territorio comprendido entre los barrios Maldonado, Villa Los Tinglados, Campo de la Ribera y Müller. Muchas veces compartimos preocupaciones y reflexiones sobre esta problemática con militantes territoriales de otros espacios e inclusive con trabajadores de instituciones del Estado con presencia en la zona. Con esto indico que sé por experiencia propia de qué son capaces estos sectores que no quieren que haya experiencias organizativas en la zona, menos con los jóvenes.

Sin entender y con total desinterés por este contexto dramático, los medios recurren a la estigmatización con mucha facilidad, ni Lucas ni su familia están en condiciones de defenderse. Pero nosotros como organización, sí. Hacen lo que se hace habitualmente en todos estos casos: ensuciar a la víctima. De ninguna manera es cierto que Lucas haya sido parte, como tan fácilmente dice la prensa del sistema, de una red de narcotráfico.

Nosotros hacemos culpable al Estado como principal fuente de todo tipo de violencias, que se materializan en sus instituciones y se vuelcan en los barrios de diferentes modos; la falta de políticas educativas, el no acceso a una salud digna, las pésimas condiciones de las viviendas, las dificultades a la hora de conseguir trabajo, la exclusión de todos los ‘Lucas’ de cualquier espacio que pudiese servir como contención, por mencionar sólo algunas de las consecuencias de las políticas de saqueo, explotación y muerte de las actuales y anteriores Gestiones de Gobierno.

Nosotros acá en Córdoba, en particular, denunciamos a la Institución Policial, como la Institución más corrupta, misógina, racista, discriminadora y asesina, que prepara y entrena a asesinos a sangre fría. Es la Institución Policial la que regentea la trata de personas y el narcotráfico en la Provincia. Son los lobos, cuidando corderos.

Nosotros no vamos a negar los hechos objetivos, no vamos a negar el hurto. Si vamos a rechazar el supuesto tiroteo y enfrentamiento.

Y sobre los hechos objetivos decimos que, hay un asesino suelto, un oficial que se tomó su tiempo para tomar posición de tiro y a más de 60 metros fusilar a sangre fría, de dos disparos y por la espalda a Lucas, que huía en dirección contraria. No hay nada que indique que Lucas haya salido a matar, como con tanta liviandad se repite en los medios desde que fuera fusilado.

15622163_1410445198975161_2927383157377916252_nUn tal Martín, un oficial de más de 40 años entrenado y con experiencia. Un oficial, con tantos años de entrenamiento y conocimiento de todas las herramientas y procedimientos policiales. Una persona que disparó a la cabeza de un pibe que corría en dirección contraria a unos 60 metros.

Una persona que eligió la muerte y no la vida. Una persona que a sangre fría toma esa decisión, es un asesino. Y como tal vamos a exigir la cárcel común, perpetua y efectiva.

Lucas se suma a la larga lista de pibes asesinados por la policía de Córdoba, y de todo el país. Nosotros no nos vamos a callar, no nos vamos a quedar de brazos cruzados.

En medio de esta situación queda la labor social de Mariano Oberlin y la nuestra, desde perspectivas diferentes, pero apuntando a lo mismo. Respetamos y valoramos la obra de Mariano en la zona, él como nosotros, sabe lo difícil que es construir, trabajar y vivir en este territorio.

La iglesia predica el amor y la verdad. Y en este caso hay una llave para llegar a la verdad. Esa llave, es decir la verdad. Con eso se cierra el círculo, un asesino termina tras las rejas, se hace justicia y una familia aliviana aunque sea un poquito el dolor. Nada devolverá la vida de Lucas, pero por lo menos todavía podremos seguir viendo la luz al final del camino.

Yo también formo parte del pueblo pobre, estigmatizado, formo parte de la villa, y de los que queremos cambiar las cosas para que a nuestro futuro no le toque volver a padecerla. Yo también tengo un hijo que hace un mes cumplió 13 años.

No queremos seguir contando más “Lucas”, en la lista del Gatillo Fácil.

* Nota de Oscar A. Martínez, referente del Movimiento Popular la Dignidad, publicada en Mucho Palo Noticias.
** Fotografías de Mafia y Colectivo Manifiesto.

27 diciembre, 2016

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admin La Tinta. Periodismo hasta mancharse.


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