Llegando los lobos
Deportes, Fútbol

Llegando los lobos

En unos días, salvo que obre un milagro futbolístico, Carlos Tévez, acaso el mejor jugador del fútbol de nuestro país, se habrá ido a jugar a China. Los chinos derraman la vulgaridad de sus ofertas millonarias poniéndolas en tapa de los suplementos deportivos de los principales países futboleros del mundo. Un país que se abre paso en un mundo que le es desconocido a billetazo limpio, sin sutilezas. Señores: los lobos chinos están entre nosotros.

Es como esa escena del Lobo de Wall Street. El tipo se para frente a toda esa tropa que espera sus órdenes, da un discurso, grita, por momentos, se golpea el pecho, marca un ritmo. En definitiva, los excita. Que la bestia huela la carne. Les dice que para qué ir a aprenderlo allá, que es mejor que vengan a enseñarlo acá -el acá de ellos, que es nuestro allá-, que se puede traer a los mejores, profesionalizar, que hay que salir y buscarlos, tentarlos, obligarlos, derretirlos con el fuego verde de un cheque chorreando dólares. Que no acepten un no como respuesta. Que se puede clasificar al Mundial, ganarlo incluso. Xi Jinping -digamos, el presidente de China- ha soltado a sus lobos.

Los lobos son corporaciones de todos los rincones de China -muchas de ellas con mayoría de participación accionaria estatal-, la carne son la élite de los jugadores de todo el globo y Xi Jinping es, de nuevo, el presidente de China y un fanático enfermizo del fútbol.

La Super Liga China es la que más invirtió en los últimos mercados de pases. Más que la Premier League y más que la Liga española. Desde 2010 en adelante, China se decidió a dejar atrás su intrascendencia y se abrió paso en el mundo del fútbol a billetazo limpio, sin sutilezas. 58 millones de euros pagó el Shanghai SIPG por el delantero brasileño Hulk. Sólo 50 millones pagó el Jiangsu Suning por el también brasileño Ricardo Teixeira. El Shanghai Shenhua pagará más de 80 millones para que Tévez se tome el vuelo a China. Dejó de incorporar los tristes restos de semi estrellas con la codicia intacta y ahora va por los mejores posta.

Pero la Super Liga China es una belleza artificial vulgarizada con una silicona metálica que se mide en millones de euros y paga exageradamente el precio de su poca -nula- capacidad de seducción. ¿Quién se pondría a ver un partido de una liga inter empresas aun si esas empresas tienen 3 ó 4 jugadores top en cada equipo? Es como tratar de meter un tigre en una caja de zapatos. Pero nada que el dinero no pueda comprar porque -como nos enseñó Nueve Reinas- lo que faltan son financistas: el Hebei Fortune -conducido por el chileno Manuel Pellegrini y con Lavezzi incluido- estaría preparando una oferta de 500 millones de euros por Lionel Messi. Y ahí sí, si eso pasa, vamos a mirar.

Hu-hu-há, hu-hu-há. Los lobos se golpean el pecho.

El gobierno chino instaló la enseñanza obligatoria del fútbol en las escuelas, hizo un acuerdo de patrocinio con la segunda división de Portugal que obliga a los clubes portugueses contratar a un jugador chino por temporada. Además, ofrecen un premio según la cantidad de minutos que jueguen esos jugadores. ¿Cuál es el premio que ofrecen? Guita, obvio. El presidente Xi Jinping le pidió a Mauricio Macri la ayuda de Argentina para que en unos años China tenga su Messi o su Maradona. Macri, con dos $ en las pupilas, dijo que sí, que cómo no, que por supuesto. Pero se equivocan en algo, Macri y Xi Jinping: ni Messi ni Maradona son productos industriales ni industrializables. Son artesanales, joyas únicas, diamantes que vienen del carbón de la vida latinoamericana, hijos de sus crisis, su pobreza, su marginación, calles de tierra y viveza de esquina. Cristiano Ronaldo, te creo, ahí sí: pongan en marcha la fábrica de robots. Pero falta, va a ser un proceso de muchos años. Por ahora es un equipo que empata 0 a 0 con Hong Kong o pierde 1 a 0 con Siria y que va último en su grupo. Aunque, sabemos, si hay algo que sobra en China es la paciencia.

Estados Unidos también toca la puerta del fútbol: sus franquicias empezaron a disparar sus millones para tener a algunos de los mejores jugadores y dejar de ser la fantasía geriátrica pre-jubilatoria de los muchachos talentosos, el campo de engorde de sus cajas de ahorro. Las dos potencias ya están en el mapa, ha vuelto la Guerra Fría. Una Guerra Fría apta para todo público que amenaza con quedarse, oh trágico destino, con lo único que pensábamos que no les pertenecía. Los lobos están entre nosotros y se muestran los dientes. Entonces: ¿futbolicidio? Quién lo sabe, pronóstico reservado.

¿Y los hinchas? Por ahora, sin sutura. ¿Y los jugadores? Parecen bichitos de peluquería. ¿Y los de la FIFA? Esos, ni en pintura. ¿Y el dinero? El único Dios verdadero.

28 Diciembre, 2016

Autor

El Diego


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