Arlt

Hombre que mira sin sus anteojos

En este instante el mundo es apenas

un vitral confuso

los colores se invaden unos a otros

y las fronteras entre cosa y cosa

entre tierra y cielo entre árbol y pájaro

están deshilachadas e indecisas

el futuro es así un calidoscopio de dudas

y al menor movimiento el lindo pronóstico

se vuelve mal agüero

los verdugos se agrandan hasta parecer

invencibles y sólidos

y para mí que no soy lázaro

la derrota oprime como un sudario

las buenas mujeres de esta vida

se yuxtaponen se solapan se entremezclan

la que apostó su corazón a quererme

con una fidelidad abrumadora

la que me marco a fuego

en la cavernamparo de su sexo

la que fue cómplice de mi silencio

y comprendía como los ángeles

la que imprevistamente me dio una mano

en la sombra y después la otra mano

la que me rindió con un solo argumento de sus ojos

pero se replegó sincera en la amistad

la que descubrió en mí lo mejor de mí mismo

y linda y tierna y buena amó mi amor

los paisajes y las esquinas

los horizontes y las catedrales

que fui coleccionando

a través de los años y los engaños

se confunden en una guía de turismo presuntuoso

de fábula a narrar a los amigos

y en ese delirio de vanidades y nostalgias

es difícil saber qué es monasterio y qué blasfemia

qué es van gogh y qué arenques ahumados

qué es mosaico y qué agua sucia veneciana

qué es aconcagua y qué es callampa

también los prójimos se arraciman

crápulas y benditos

santos e indiferentes y traidores

e inscriben en mi infancia personal

tantas frustraciones y rencores

que no puedo distinguir claramente

la luna del río

ni la paja del grano

pero llega el momento en que uno recupera

al fin sus anteojos

y de inmediato el mundo adquiere

una intolerable nitidez

el futuro luce entonces arduo

pero también radiante

los verdugos se empequeñecen hasta

recuperar su condición de cucarachas

de todas las mujeres una de ellas

da un paso al frente

y se desprende de las otras

que sin embargo no se esfuman

de las ciudades viajadas surgen

con fervor y claridad

cuatro o cinco rostros decisivos

que casi nunca son grandilocuentes

cierta niña jugando con su perro

en una calle desierta de ginebra

un sabio negro de Alabama que explicaba

por qué su piel era absolutamente blanca

ella fitzgerald cantandoante una platea casi vacía

en un teatro malamuerte de florencia

y el guajiro de oriente

que dijo tener un portocarrero

y era una lata de galletitas

diseñada por el pintor

del racimo de prójimos puedo extraer

sin dificultades

una larga noche paterna una postrera charla

síntesis de vida

con la muerte rondando en el pasillo

el veterano que transmitía

sin egoísmo y sin fruición

algunas de sus claves de sensible

el compañero que pensó largamente en la celda

y sufrió largamente en el cepo

y no delató a nadie

el hombre político que en un acto

de incalculable amor

dijo a un millón de pueblo la culpa es mía

y el pueblo empezó a susurrar fidel fidel

y el susurro se convirtió en ola clamorosa

que lo abrazó y lo sigue abrazando todavía

la gente la pura gente

la cojonuda gente a la orientala

que en la avenida gritó tiranos temblad

hasta que llegó al mismísimo

temblor del tirano

y la muchacha y el muchacho desconocidos

que se desprendieron un poco de sí mismos

para tender sus manos y decirme

adelante y valor

decididamente

no voy a perder más mis anteojos

por un imperdonable desenfoque

puede uno cometer gravísimos errores.

*Por Mario Benedetti publicado en Contra Hegemonía / Foto: Tomás Munita

Redacción La Tinta

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La Tinta. Periodismo hasta mancharse.
Redacción La Tinta
8 Diciembre, 2016

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